Los ministerios
laicales son servicios especialmente pastorales de determinados laicos a la
comunidad, como proclamar o introducir las lecturas de la misa, llevar la
Comunión a los enfermos, catequizar,...
Los ministerios
laicales son servicios de determinados laicos a la comunidad cristiana de
carácter eminentemente pastoral, como proclamar o introducir las lecturas de la
misa, animar los cantos de las celebraciones, distribuir la comunión, ayudar al
sacerdote en el altar, ser catequista, llevar la comunión a los enfermos, …Se basan en una concepción de la Iglesia como misterio de comunión: todos somos Iglesia y todos tenemos, como células del cuerpo místico de Cristo, una función. Por eso no sólo los sacerdotes o religiosos ejercen ministerios, sino también los laicos.
Todos nos
necesitamos y debemos poner al servicio de los demás los dones, funciones,
carismas y ministerios que el Señor, el Espíritu y la misma Iglesia ha
suscitado y sigue suscitando.
Por tanto la
Iglesia desde sus orígenes ha aprovechado una importante variedad de
servicios, funciones y tareas que reciben el nombre genérico de ministerios;
todo de cara a la misión. Es por esto que la Iglesia es definida también
como “ministerial”, tal y como se deduce de las cartas paulinas (Rm 12,6-8).
Según el Nuevo
Testamento los ministerios eclesiales pueden ser de tres tipos:
a) Los
queridos por Jesús: Los apóstoles -pastores y evangelistas- (Lc 6,13;
Lc 10,1);
b) Los
inspirados por la acción del Espíritu Santo. Son los ministerios señalados en
las cartas paulinas: el ministerio de apóstol, de profeta y de maestro, etc. (1
Cor 12,28; Ef 4,11).
c) Los
elegidos por la Iglesia: los “colaboradores” de San Pablo, que no
son otra cosa que los responsables de las comunidades cristianas (Rm
16,3; 1 Tes 3,2; 2 Cor 8,23; 1 Tes 5,12; 1 Cor 16,16).
Los ministerios
que suscita el Espíritu hacen a la comunidad y ésta es la que los discierne,
como vemos en la elección de los primeros diáconos (Ac 6,1-6).
Ahora bien,
Dios ha querido no solamente la existencia de ministerios en todas y cada
una de las comunidades, sino que además ha querido también la diversidad
y la creatividad de acuerdo a las necesidades que se iban presentando (Hech
1,21-26; 6,1-3).
Los ministerios
laicales son signo de vitalidad de la Iglesia, un don del Señor a la comunidad
de creyentes y una exigencia de fidelidad a la vocación de servicio que debe
caracterizar a los seguidores de Jesús de Nazaret.
Estos
ministerios están intrínsecamente relacionados con el ministerio
ordenado pero no son una prolongación del ministerio ordenado. Se
fundamentan en la gracia bautismal; ésta es la condición indispensable para el
ministerio, y los fieles participan en la vida y misión de la Iglesia desde su
condición de laicos.
Los ministerios
laicales tienen su dignidad; y esto significa señalar su propio lugar dentro de
la Iglesia.
Claro, el
servicio del ministro laico necesita una capacitación especializada, una
competencia demostrada y una específica aceptación pública al interior de la
misma Iglesia.
Es el
llamamiento de la Iglesia lo que convierte el carisma personal en ministerio
eclesial.
El ministerio
laical es un elemento fundamental en la estructuración y organización de la
comunidad cristiana, la cual tiene derecho a poseer los ministerios y ministros
que necesita.
Para acceder al
ministerio se necesita el estímulo y formación por parte de la comunidad, la
aceptación y envío por la autoridad eclesial legítima.
Los ministerios
laicales tienen una duración temporal, a diferencia del ministerio ordenado.
La Iglesia, a
través del Concilio Vaticano II y de muchos documentos, aboga por el
redescubrimiento de la identidad de los laicos y su misión en la Iglesia y
en el mundo.
El primer texto
oficial que nombra los ministerios de los laicos es la carta apostólica Ministeria
quaedam del año 1972, en la que Pablo VI afirma que los ministerios
pueden confiarse a los laicos de manera que dejan de estar reservados a los
candidatos al sacramento del Orden.
Entre otros
documentos tenemos, por ejemplo, el Catecismo de la Iglesia (1994) que al
hablar de los fieles cristianos (nn.871-873) reconoce que entre los
bautizados se da una verdadera igualdad en cuanto a la dignidad y acción, pero
existen diversos ministerios, carismas y dones.
Algunos,
incluso, pueden ser llamados a colaborar con los pastores (n. 910). Todo
para la común edificación del único cuerpo de Cristo.
Fuente: Aleteia





