29.10.15

QUÉ PUEDEN HACER LOS LAICOS EN LA IGLESIA?

Los ministerios laicales son servicios especialmente pastorales de determinados laicos a la comunidad, como proclamar o introducir las lecturas de la misa, llevar la Comunión a los enfermos, catequizar,...

Los ministerios laicales son servicios de determinados laicos a la comunidad cristiana de carácter eminentemente pastoral, como proclamar o introducir las lecturas de la misa, animar los cantos de las celebraciones, distribuir la comunión, ayudar al sacerdote en el altar, ser catequista, llevar la comunión a los enfermos, …

Se basan en una concepción de la Iglesia como misterio de comunión: todos somos Iglesia y todos tenemos, como células del cuerpo místico de Cristo, una función. Por eso no sólo los sacerdotes o religiosos ejercen ministerios, sino también los laicos. 

Se puede leer en la primera Carta a los Corintios que todos formamos un único cuerpo en Cristo (1 Cor 12,12 y ss).


Todos nos necesitamos y debemos poner al servicio de los demás los dones, funciones, carismas  y ministerios que el Señor, el Espíritu y la misma Iglesia ha suscitado y sigue  suscitando. 

Por tanto la Iglesia desde sus orígenes ha aprovechado una importante variedad de servicios, funciones y tareas que reciben el nombre genérico de ministerios; todo de cara a la misión. Es por esto que la Iglesia es definida también  como “ministerial”, tal y como se deduce de las cartas paulinas (Rm 12,6-8).

Según el Nuevo Testamento los ministerios eclesiales pueden ser de tres tipos:

a) Los queridos por Jesús: Los apóstoles -pastores y  evangelistas- (Lc 6,13; Lc 10,1);

b) Los inspirados por la acción del Espíritu Santo. Son los ministerios señalados en las cartas paulinas: el ministerio de apóstol, de profeta y de maestro, etc. (1 Cor 12,28; Ef 4,11).

c) Los elegidos por la Iglesialos “colaboradores” de San Pablo, que no son otra cosa que los responsables de las comunidades cristianas (Rm 16,3; 1 Tes 3,2; 2 Cor 8,23; 1 Tes 5,12; 1 Cor 16,16).

Los ministerios que suscita el Espíritu hacen a la comunidad y ésta es la que los discierne, como vemos en la elección de los primeros diáconos (Ac 6,1-6). 

Ahora bien, Dios ha querido no solamente la existencia de ministerios en todas y cada una de las comunidades, sino que además ha querido también la diversidad y la creatividad de acuerdo a las necesidades que se iban presentando (Hech 1,21-26; 6,1-3).

Los ministerios laicales son signo de vitalidad de la Iglesia, un don del Señor a la comunidad de creyentes y una exigencia de fidelidad a la vocación de servicio que debe caracterizar a los seguidores de Jesús de Nazaret.

Estos ministerios están intrínsecamente relacionados con el ministerio ordenado pero no son una prolongación del ministerio ordenado. Se fundamentan en la gracia bautismal; ésta es la condición indispensable para el ministerio, y los fieles participan en la vida y misión de la Iglesia desde su condición de laicos.

Los ministerios laicales tienen su dignidad; y esto significa señalar su propio lugar dentro de la Iglesia.

Claro, el servicio del ministro laico necesita una capacitación especializada, una competencia demostrada y una específica aceptación pública al interior de la misma Iglesia. 

Es el llamamiento de la Iglesia lo que convierte el carisma personal en ministerio eclesial.

El ministerio laical es un elemento fundamental en la estructuración y organización de la comunidad cristiana, la cual tiene derecho a poseer los ministerios y ministros que necesita.
Para acceder al ministerio se necesita el estímulo y formación por parte de la comunidad, la aceptación y envío por la autoridad eclesial legítima.

Los ministerios laicales tienen una duración temporal, a diferencia del ministerio ordenado.

La Iglesia, a través del Concilio Vaticano II y de muchos documentos, aboga por el redescubrimiento de la identidad de los laicos y su misión en la Iglesia y en el mundo.

El primer texto oficial que nombra los ministerios de los laicos es la carta apostólica Ministeria quaedam del año 1972, en la que Pablo VI afirma que los ministerios pueden confiarse a los laicos de manera que dejan de estar reservados a los candidatos al sacramento del Orden.

Entre otros documentos tenemos, por ejemplo,  el Catecismo de la Iglesia (1994) que al hablar de los fieles cristianos (nn.871-873) reconoce que entre los bautizados se da una verdadera igualdad en cuanto a la dignidad y acción, pero existen diversos ministerios, carismas y dones. 

Algunos, incluso, pueden ser llamados a colaborar con los pastores (n. 910). Todo para la común edificación del único cuerpo de Cristo.

También tenemos la exhortación apostólica Evangelii Nuntiandi 

Fuente: Aleteia
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