Etimológicamente
significa “fiel defensora”. Viene de la lengua alemana.
Esta joven, modelo y patrona de las místicas, nació en Eisleben, Alemania, en 1256. Cuando contaba solamente 5 años se le confió su educación al monasterio benedictino de Helfta. La superiora del convento era su tía santa Matilde.
Encontró un clima espiritual tan bueno que se sintió plenamente feliz.
Mientras hacía sus estudios, demostró en todas las materias una inteligencia
fuera de lo común.
Su salud no era lo buena que debiera haber sido. Le apenaba no poder asistir a
las oraciones de comunidad. Sin embargo, ante su mala salud física mantuvo
siempre y en todo instante un enorme equilibrio espiritual e intelectual.
Al llegar los años que van del 1291 hasta su muerte, comenzó para ella una
época dorada a causa de las muchas revelaciones o visiones del cielo.
Menos mal que tuvo la suerte de escribirlas todas en cinco volúmenes, en los
que cuenta su experiencia mística, es decir, su continua unión con Dios.
Su mística, por otra parte, no se basa en cosas raras sino simplemente en los
misterios que cada día celebra la liturgia en honor del Señor y de la Virgen.
Se abrió plenamente a los deseos de Dios y rechazó toda clase de egoísmo
estéril. Fue ella la que comenzó la devoción al Sagrado Corazón de Jesús.
Su tía Matilde le preguntó a Jesús:" Señor, fuera de la Santa Hostia,
¿dónde te puedo encontrar?" Y Jesús le respondió: "Búscame en el
corazón de Gertrudis".
A la santa se le atribuyen cinco libros que componen el "Heraldo de
la amorosa bondad de Dios" (Comúnmente llamados "Revelaciones de
Santa Gertrudis"). El primero fue escrito por amigos íntimos de la santa
después de su muerte, el segundo fue escrito por la santa y los restantes
fueron compuestos bajo su dirección.
Sus escritos relatan visiones, comunicaciones y experiencias místicas. Habla de
un rayo de luz, como una flecha, que procedía de la herida del costado de un
crucifijo. Cuenta también que su alma, derretida como la cera, se aplicó al
pecho del Señor como para recibir la impresión de un sello y alude a un
matrimonio espiritual en el que su alma fue como absorbida por el corazón de
Jesús. Enseña al mismo tiempo que "la adversidad es el anillo espiritual
que sella los esponsales con Dios".
Por:
P. Felipe Santos






