La tentación de aprovechar
de actividades buenas para cultivar intereses privados o ilícitos
“Jesús
ha utilizado esta vez `maneras fuertes´ para librarnos de este peligro mortal”,
explica el papa Francisco.
El
Papa ha comentado, antes del Ángelus de este tercer domingo de Cuaresma, 4 de
marzo de 2018, el Evangelio de San Juan que cuenta la purificación del Templo
de Jerusalén: Jesús echó a los mercaderes del Templo.
Unas
20.000 personas estaban reunidas en la Plaza San Pedro, según las cifras de la
Gendarmería del Vaticano.
Este
“grave” peligro “extremo”, o “mortal” dice el Papa, es “el peligro de hacer de
nuestra alma, que es la morada de Dios, un lugar de mercado, viviendo en la
búsqueda continua de nuestro provecho en lugar de en un amor solidario y
generoso”.
El
Papa precisa: “Esta enseñanza de Jesús es siempre actual, no solamente para las
comunidades eclesiales, sino también para los individuos, para las comunidades
civiles y para las sociedades. En efecto, es común la tentación de aprovecharse
de las actividades buenas, a veces necesarias, para cultivar intereses
privados, incluso ilícitos.
Entendemos
que el Papa tiene un ejemplo ante los ojos, con la apertura, el 15 de marzo,
del juicio de dos ex funcionarios responsables del Instituto Financiero del
Vaticano por malversación de fondos y blanqueo de dinero.
Después
del Ángelus, el Papa ha saludado a diferentes grupos, de jóvenes italianos que
se preparan para el sacramento de la Confirmación.
Esta es nuestra traducción
rápida de trabajo, de las palabras pronunciadas por el Papa en italiano.
AB
Palabras del Papa
Francisco.
Queridos
hermanos y hermanas, ¡buenos días!
El
Evangelio de hoy presenta, en la versión de Juan el episodio en el que Jesús
echaba a los vendedores del templo de Jerusalén (Jn 2, 13-25) Él realizó este
gesto ayudándose con un látigo de cuerdas, volcó las mesas y dijo: “no conviertan
en un mercado la casa de mi Padre” (v. 16). Esta acción decisiva, llevada a
cabo al acercarse la Pascua, suscitó gran impresión en la muchedumbre y
despertó la hostilidad de las autoridades religiosas y de aquellos que se
sintieron amenazados por sus intereses económicos.
Pero
¿Cómo debemos interpretarlo? Ciertamente no era una reacción violenta, por lo
que no provocó la intervención de los representantes del orden público, la
policía. ¡No! Pero fue entendida como una acción típica de los profetas, quienes
con frecuencia denunciaban en nombre de Dios, abusos y excesos. La cuestión que
se planteó era la de la autoridad. De hecho, los judíos le preguntaron a Jesús
¿Qué signos nos muestras para obrar así? (v.18), es decir ¿Qué autoridad tienes
para hacer esto? Como pidiéndole la demostración de que él obraba
verdaderamente en nombre de Dios.
Para
interpretar el gesto de Jesús para purificar la casa de Dios, sus discípulos se
sirvieron de un texto bíblico tomado del Salmo 69: “El celo por tu casa me
consumirá”, (v.17). El salmo dice esto: “El celo por tu casa me devorará”, este
salmo es una invocación de ayuda en una situación de un peligro extremo a causa
del odio de los enemigos: una situación que Jesús vivirá en su pasión. El celo
por el Padre y por su casa lo llevará hasta la cruz, el suyo es el celo del
amor que conduce al sacrificio de sí mismo, no ese falso (celo) que pretende
servir a Dios mediante la violencia.
En
efecto, el “signo” que Jesús dará como prueba de su autoridad será precisamente
su muerte y resurrección “Destruid este templo, dice, y en tres días lo
levantaré” (v.19). Y el evangelista señala: “Él hablaba del templo de su
cuerpo” (v.21). Con la Pascua de Jesús un culto nuevo comienza, el culto del
amor, y un templo nuevo que es Él mismo.
La
actitud de Jesús relatada en el pasaje evangélico de hoy, nos exhorta a vivir
nuestra vida no en la búsqueda de nuestros beneficios e intereses, sino por la
gloria de Dios que es el amor. Estamos llamados a tener siempre presentes estas
palabras fuertes de Jesús.
“No
hagáis de la casa de mi Padre un mercado” (v. 26), es muy feo cuando la Iglesia
se pone en esta actitud de hacer de la casa de Dios un mercado. Estas palabras
nos ayudan a rechazar el peligro de hacer de nuestra alma, que es morada de
Dios, un lugar de mercado viviendo en la búsqueda continua de nuestro interés
en lugar del amor generoso y solidario. Esta enseñanza de Jesús es siempre
actual, no solo para las comunidades eclesiales, sino también para los
individuos; para las comunidades civiles y para la sociedad.
En
efecto, es común la tentación de aprovecharse de las actividades buenas, a
veces necesarias, para cultivar intereses privados, incluso ilícitos. Es un
grave peligro, especialmente cuando se instrumentaliza a Dios y al culto debido
a Él o al servicio al hombre y su imagen. Por eso Jesús usa a veces modos
bruscos para sacudir de este peligro mortal.
Que
la Virgen María nos sostenga en nuestro compromiso para hacer de la Cuaresma
una buena ocasión de reconocer a Dios como el único Señor de nuestra vida, y
quitando de nuestro corazón y de nuestras obras toda forma de idolatría.
Palabras del Papa
Francisco después del Ángelus
Queridos
hermanos y hermanas:
Os
saludo a todos, venidos de Roma, de Italia y de diferentes países, en
particular a los peregrinos de las diócesis de Granada, Málaga y Córdoba en
España.
Saludo
a los numerosos grupos parroquiales, los fieles venidos de Spinaceto, Milán y
Nápoles, lo mismo que a los jóvenes de Azzano Mella y a los confirmandos de la
diócesis de Vicence, a los que animo a testimoniar con la alegría del
Evangelio, sobre todo entre los suyos.
Os
deseo a todos un buen domingo. Y por favor no os olvidéis de orar por mi. ¡Buen
provecho y hasta luego!.
©
Traducción de ZENIT, Raquel Anillo
Fuente:
Zenit






