Somos para siempre Hijos
de Dios
![]() |
| Antoine Mekary | ALETEIA | I.Media |
“La
fuente bautismal es el lugar en el que se hace Pascua con Cristo”: para ahondar
en la explicación de este sacramento, en la catequesis del miércoles 9 de mayo,
el Pontífice visualizó este lugar sagrado, lugar donde “se entierra al hombre
viejo para que renazca una criatura nueva”, y recordó para ello la explicación
de san Cirilo de Jerusalén a los nuevos bautizados: “En el mismo momento habéis
muerto y habéis nacido, y aquella agua llegó a ser para vosotros sepulcro y
madre” (n 20, Mistagógica 2, 4-6: Pág. 33, 1079-1082).
El
Romano Pontífice puntualizó la importancia de las imágenes de la tumba y del
seno materno, referidas a la fuente bautismal, para explicar la grandiosidad de
lo que sucede a través de simples gestos del Bautismo: “la madre Iglesia da a
luz en el agua, con un parto virginal, a los que ha concebido por obra del
espíritu divino”. “Es bello – dijo refiriéndose a esta inscripción que se
atribuye al Papa Sixto III – la Iglesia que nos hace nacer, la Iglesia que es
vientre, es madre nuestra a través del Bautismo”.
Con
“el lavatorio santo – dijo en español – acompañado de la invocación a la
Santísima Trinidad”, el hombre viejo se sepulta para que renazca una criatura
nueva. “Morimos y nacemos en el mismo instante, pues la fuente bautismal se
convierte en sepulcro y en madre. Estas dos imágenes manifiestan la grandeza de
lo que sucede por medio de los gestos sencillos del bautismo”.
El bautismo, sello
imborrable: somos para siempre hijos de Dios
El
Papa recordó las palabras del Padre: «tú eres mi hijo amado» para reiterar que
una vez que nos hemos convertido en hijos suyos, en Jesús, lo somos “para
siempre”. Y citando el citando el Catecismo de la Iglesia católica aseguró
que se trata de un sello espiritual imborrable:
“Este
sello no es borrado por ningún pecado, aunque el pecado impida al Bautismo dar
frutos de salvación”.
En
la catequesis que impartió en español, el Romano Pontífice resumió de este
modo: “Nuestros padres nos generaron a la vida terrena; la Iglesia, en el
Bautismo, nos regenera a la vida eterna, haciéndonos hijos de Dios para
siempre. Por eso, también sobre cada uno de nosotros, renacidos del agua y del
Espíritu Santo, el Padre dice amorosamente: «Tú eres mi hijo amado» (cf. Mt 3, 17).
El bautismo no se repite porque imprime un sello sacramental indeleble que el
pecado no puede borrar, pero sí impedir que dé frutos de salvación”.
“¡El
sello del Bautismo no se pierde jamás!”, añadió, dejando los papeles de lado.
“‘Pero, padre, si una persona si una persona se convierte en un bandido de los
más famosos, que mata a la gente, que comete injusticias… ¿el sello se va?’
No”. “Continúa siendo un hijo de Dios, que va en contra de Dios, pero Dios
nunca niega a sus hijos”.
La unción Crismal nos
conforma a Cristo
El
Santo Padre siguió desglosando el rito del Bautismo, y habló del paso sucesivo,
a saber, el de la unción con el santo crisma, “signo del sacerdocio real del
bautizado y de su agregación a la comunidad del pueblo de Dios”:
“La
unción crismal, nos conforma a Cristo Sacerdote, Profeta y Rey. Por eso, todo
el Pueblo de Dios, animado por el Espíritu Santo, participa de esas funciones,
y tiene la responsabilidad de misión y servicio que de ellas deriva”.
“¿Y
qué significa participar en el sacerdocio real y profético de Dios? Significa
hacer de sí mismos una ofrenda agradable a Dios, dando testimonio a través de
una vida de fe y de caridad, al servicio de los demás, tras el ejemplo del
Señor Jesús”.
Vivir la grandeza de la
vocación cristiana en la Iglesia
En
los saludos que impartió a los fieles el romano Pontífice invitó a los
peregrinos de lengua española “a considerar la grandeza de la vocación cristiana
que recibimos en el bautismo, y vivirla unidos a Cristo en la Iglesia, de modo
que pueda dar frutos abundantes en una vida de fe y de caridad, al servicio de
los hermanos”, mientras que a los jóvenes, los ancianos, los enfermos y los
recién casados, haciendo presente que estamos en el mes mariano, les pidió que
cultiven la devoción a la Virgen como Madre de Dios, rezando el Santo
Rosario, para que “acogiendo los misterios de Cristo en vuestras vidas, puedan
ser cada vez más un don de amor para todos”.
Vatican
Media
Fuente:
Aleteia






