Palabras del Papa antes
del Ángelus 5 agosto 2018
![]() |
| Papa Francisco © L'Osservatore Romano |
“Jesús
vino a traernos algo más para abrirnos a una nueva existencia, a un horizonte
más amplio”, ha dicho el Papa Francisco en el Ángelus que presidió desde la
ventana del despacho que da a la Plaza San Pedro este soleado domingo ante
20.000 personas.
Queridos
hermanos y hermanas. Buenos días.
En
estos últimos domingos la liturgia nos ha mostrado la imagen llena de ternura
de Jesús que sale al encuentro de las multitudes y sus necesidades, en el
pasaje del evangelio de hoy (Jn 6, 24-35) la perspectiva cambia es la multitud
alimentada por Jesús la que va nuevamente en busca de Él, va al encuentro de
Jesús. Pero para Jesús no es suficiente que la gente lo busque, Él quiere que
la gente lo conozca, quiere que la búsqueda y el encuentro con Él vaya más allá
de la satisfacción inmediata de las necesidades materiales.
Jesús
vino a traernos algo más para abrir una nueva existencia a un horizonte más
amplio que las preocupaciones diarias de nutrición, vestimenta y de la carrera
y así sucesivamente.
Por
tanto, volviéndose hacia la multitud exclama. Ustedes no me buscan porque han
visto señales sino porque han comido de esos panes y se han saciado (v 26). Así
Jesús anima a las personas a dar un paso adelante, a preguntarse sobre el
significado del milagro, no solo aprovecharse de Él. De hecho, la
multiplicación de los panes y los peces es un signo del gran regalo que el
padre le ha dado a la humanidad y que es Jesús mismo.
Él
es el verdadero “pan de vida” (v 30) que quiere satisfacer no solo a los
cuerpos sino también a las almas, dando el alimento espiritual que puede
satisfacer el hambre mas profunda. Es por eso por lo que nos invita e invita a
las multitudes a procurarse no el alimento que no dura, sino aquel que
permanece para la vida eterna (v 27).
Es
un alimento que Jesús nos da todos los días: su Palabra, su Cuerpo, su Sangre.
La multitud escucha la invitación del Señor, pero no entiende su significado
como a menudo nos sucede a nosotros y le preguntan: “¿qué debemos hacer para
cumplir con las obras de Dios?” (v 28). Los oyentes de Jesús piensan que Él les
pide que cumplan con los preceptos para obtener otros milagros como la
multiplicación de los panes.
Es
una tentación común, esto de reducir la religión a la práctica de las leyes:
proyectando en nuestra relación con Dios la imagen de la relación entre los
sirvientes y su amo, los sirvientes deben realizar las tareas que el maestro ha
asignado para poder obtener su benevolencia, eso lo sabemos todos. Por eso la
gente quiere saber de Jesús que acciones deben hacer para agradar a Dios. Pero
Jesús da una respuesta inesperada, esta es la obra de Dios, “creer en el que Él
ha enviado” (v 29). Estas palabras están dirigidas hoy, también a nosotros, la
obra de Dios no consiste en “hacer” cosas sino en “creer”, en creer en aquel a
quien Él ha enviado, o mas bien, la fe en Jesús nos permite hacer las obras de
Dios, si nos dejamos envolver en esta relación de amor y confianza con Jesús
podremos hacer buenas obras que tengan el perfume del Evangelio, para el bien y
las necesidades de los hermanos.
El
Señor nos invita a no olvidar que, si bien es necesario preocuparse por el pan
material, es aún más importante cultivar nuestra relación con Él, fortalecer
nuestra fe en Él que es el Pan de Vida venido para saciar nuestra hambre de
verdad, nuestra hambre de justicia, nuestra hambre de amor.






