Nuestro cuerpo es invitado a expresar en
la oración toda la adoración, el respeto y la reverencia por la grandeza de
Dios en la Eucaristía
Pregunta: He
notado, en Misa, una tendencia. Quizás me equivoque, pero me parece que la
actitud de arrodillarse en algunos momentos de la Misa se está perdiendo. Es
algo que estoy viendo en varias iglesias: en el momento de la consagración,
muchos permanecen de pie, alguno se sienta, unos pocos se arrodillan. Lo mismo
después de la Comunión. ¿Es sólo una impresión mía? ¿Es algo aceptable? ¿O es
un gesto litúrgico y debería respetarse (a menos que una persona no tenga
impedimentos reales)? (Marco Filippi)
Esencia
de la Iglesia
La siguiente respuesta es
dada por el profesor de liturgia: Roberto Gulino.
Por desgracia no es sólo
una impresión de nuestro amigo lector: a menudo se asiste, durante las
liturgias eucarísticas, a una variedad de comportamientos que
indican la poca conciencia de lo que hacemos más que la celebración de una
acción sacramental comunitaria.
Hay quien durante el canto se calla (aunque conozca el texto y la melodía), quien prefiere recitar el Gloria, el Credo o el Padrenuestro susurrando, "Para rezar mejor, interiormente...", eso dicen, o quien decide personalmente qué postura seguir y cuál evitar:
Hay quien durante el canto se calla (aunque conozca el texto y la melodía), quien prefiere recitar el Gloria, el Credo o el Padrenuestro susurrando, "Para rezar mejor, interiormente...", eso dicen, o quien decide personalmente qué postura seguir y cuál evitar:
"Sabe,
padre, yo después de la comunión ya no me levanto hasta que salgo de la
Iglesia, me quedo sentada, creo que es mejor estar en intimidad con
Jesús..."
Haciendo así, sin embargo,
olvidamos, o muchas veces ni sabemos, que la naturaleza profunda y más íntima
de la liturgia es precisamente ser oración de la Iglesia, es
decir, del cuerpo místico de Cristo, que en el Espíritu Santo está siempre
vuelto al Padre.
Esta esencia eclesial de la liturgia
nos pide que participemos en la celebración con una atención comunitaria,
rezando juntos con las mismas palabras y con los mismos gestos, insertándonos
completamente en la oración de toda la comunidad que, con un solo corazón y una
sola alma, celebra a su Señor.
Por eso, en una celebración
litúrgica como la Misa, o en las demás acciones sacramentales, bautismo,
confirmación, matrimonio, exequias...
"La
actitud común del cuerpo, que deben observar todos los participantes, es signo
de la unidad de los miembros de la comunidad cristiana reunidos para la sagrada
liturgia: manifiesta de hecho y favorece la intención y los sentimientos del
alma de quienes participan" (Ordenamiento General del Misal Romano,
n° 42).
Es necesario por
tanto rezar juntos y realizar comunitariamente los mismos gestos como
signo de comunión y para vivir la dimensión eclesial de la oración
litúrgica (diversa de la oración personal).
Lo dicho hasta ahora vale
también, y sobre todo, para la postura de rodillas: la Iglesia nos pide, a
través de las indicaciones contenidas en el OGMR n° 43, arrodillarnos en el
momento de la consagración.
Estamos en el
corazón de la plegaria eucarística: el pan y el vino se convierten, a
través de la invocación del Espíritu Santo y las palabras de la institución, en
el Cuerpo y la Sangre del Señor Jesús.
En este momento también nuestro cuerpo es invitado a expresar en la oración toda la adoración, el respeto y la reverencia por la grandeza del amor de Dios que se renueva en el don total de Cristo en la cruz y en su hacerse alimento por nosotros en su Cuerpo y su Sangre.
En este momento también nuestro cuerpo es invitado a expresar en la oración toda la adoración, el respeto y la reverencia por la grandeza del amor de Dios que se renueva en el don total de Cristo en la cruz y en su hacerse alimento por nosotros en su Cuerpo y su Sangre.
Y frente a tanta
grandeza, de rodillas, queremos expresar también nuestra pequeñez,
nuestra humildad, nuestra necesidad de acoger Su Don para nuestra salvación.
Claramente no siempre es posible que todos se pongan de rodillas: baste pensar en motivos ligados a la edad, a problemas de salud o a circunstancias ligadas al lugar de la celebración, demasiado pequeño o demasiado lleno de gente.
Claramente no siempre es posible que todos se pongan de rodillas: baste pensar en motivos ligados a la edad, a problemas de salud o a circunstancias ligadas al lugar de la celebración, demasiado pequeño o demasiado lleno de gente.
En este caso, se dice
siempre en el OGMR en el n° 43, quienes no pueden arrodillarse:
"Hagan una
profunda inclinación mientras el sacerdote hace la genuflexión después de la
consagración"
Es importante comprender
bien que los gestos y las actitudes de nuestro cuerpo en la plegaria litúrgica:
"...Deben
tender a hacer que toda la celebración resplandezca por su decoro y noble
sencillez, que se capte el verdadero y pleno significado de sus diversas partes
y se favorezca la participación de todos" (OGMR n° 42).
Por tanto, como
siempre en el ámbito litúrgico, más que una observancia ciega y absoluta de las
normas, se debe intentar comprender, y sobre todo vivir, el sentido de estas
indicaciones para celebrar una liturgia autentica y real, capaz
de implicar el corazón de las personas que la celebran.
Por poner un pequeño
ejemplo concreto: si me encontrase en una Capilla de hospital, quizás pequeña y
con muchos ancianos o enfermos, ¿qué sentido tendría que yo, fiel observante de
las normas, me arrodillara yo solo durante la consagración, y encima pensando
que soy el único que lo hace bien? ¿No sería un contrasentido con la
naturaleza de toda la celebración eucarística que es, precisamente, oración
comunitaria de toda la Iglesia, y sobre todo de la reunida allí, en ese
momento?
Seguramente, en esa
situación, la manera mejor de expresar nuestra oración como
comunidad cristiana, y por tanto del único cuerpo místico de Cristo, sería el
de permanecer todos en pie, ¡o todos sentados, si estuvieran en silla de
ruedas.
Y si estas cosas nos las
decimos, o recordamos, un poco todos, empezando por los sacerdotes, pero
también todos los que han tenido el valor de leer hasta aquí, con esa caridad
fraterna que debería distinguir la naturaleza de los cristianos, nadie
debería nunca sentirse ofendido, sino más bien ayudado a vivir mejor el
aspecto comunitario de la liturgia.
Fuente:
PildorasdeFe.net