Durante la Audiencia General de
este 30 de enero en el Aula Pablo VI, el Papa Francisco recordó su viaje
apostólico a Panamá con ocasión de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ)
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| El Papa Francisco muestra su Via Crucis de bolsillo en la Audiencia General. Foto: Daniel Ibáñez / ACI Prensa |
El Papa invitó a dar gracias con él al
Señor “por esta gracia que Él ha querido donar a la Iglesia y al pueblo de este
querido país” y agradeció también a las autoridades civiles, eclesiales y a los
voluntarios “por su acogida calurosa y familiar, la misma que hemos visto en la
gente que en todas partes se apresuró a saludar con gran fe y entusiasmo”.
Como ya lo había confiado durante el vuelo de
regreso a Roma durante la rueda de prensa, el Santo Padre destacó el gesto de
los numerosos padres y madres que alzaban con los brazos a los niños cuando
pasaba el papamóvil como diciendo: “he aquí mi orgullo, he aquí mi futuro”.
“¡Cuánta dignidad en este gesto y cuánto es
elocuente para el invierno demográfico que estamos viviendo en Europa! El
orgullo de esa familia son los niños, la seguridad de esa familia son los
niños, el invierno demográfico sin hijos es difícil, ¿no?”, expresó.
Además, el Papa Francisco recordó que esta
JMJ fue precedida por el encuentro de cinco días entre los jóvenes indígenas y
afroamericanos “un bello gesto” dijo el Papa quien aseguró que fue “una
iniciativa importante que ha manifestado todavía mejor el rostro multiforme de
la Iglesia en América Latina”, ya que, como recordó, “América Latina es
mestiza”.
No a los muros
Posteriormente, el Papa destacó la llegada de los jóvenes de todo el mundo con
la que “se ha formado la gran sinfonía de rostros e idiomas, típica de este
evento”. “Ver todas las banderas desfilar juntas, danzar en las manos de los
jóvenes alegres por encontrarse es un signo profético, un signo en
contracorriente respecto a la triste tendencia actual a los nacionalismos
conflictuales que alzan los muros, que se cierran a la universalidad, al
encuentro con los pueblos”, explicó el Pontífice quien agregó que “es un signo
que los jóvenes cristianos son en el mundo levadura de paz”.
Por otro lado, el Santo Padre recordó que
esta JMJ tuvo una fuerte huella mariana porque el tema eran las palabras de la
Virgen al ángel San Gabriel contenidas en el Evangelio de San Lucas “He aquí la
sierva del Señor, se cumpla en mi según tu Palabra”.
“Ha sido fuerte escuchar estas palabras
pronunciadas por los representantes de los jóvenes de los cinco continentes, y
sobretodo verlas mostrar en sus caras. Mientras haya nuevas generaciones
capaces de decir "aquí estoy" a Dios, habrá futuro en el mundo”,
afirmó.
Vía Crucis en el bolsillo
Asimismo, el Papa se detuvo en algunas de
las etapas de la JMJ como el tradicional Vía Crucis realizado el viernes.
“Caminar con María detrás de Jesús que lleva la cruz es la escuela de la vida
cristiana: allí se aprende el amor paciente, silencioso y concreto” dijo
Francisco quien confió que siempre carga en su bolsillo un pequeño Vía Crucis
para rezarlo cuando tiene tiempo.
“Yo les hago una confidencia, a mi me gusta
mucho hacer el Vía Crucis, porque es ir con María detrás de Jesús, y siempre lo
llevo conmigo para rezarlo en cualquier momento. Un Vía Crucis de bolsillo que
me lo ha regalado una persona muy apostólica en Buenos Aires y cuando tengo
tiempo, lo tomo y sigo el Vía Crucis” e invitó a rezarlo también: “hagan
ustedes el Vía Crucis porque es seguir a Jesús con María en el camino de la
Cruz donde Él ha dado la vida por nosotros, por nuestra redención. En el Vía
Crucis se aprende el amor paciente, silencioso y concreto”, señaló.
En esta línea, el Santo Padre explicó
que los jóvenes en
Panamá llevaron “con Jesús y María el peso de la condición de tantos hermanos y
hermanas sufrientes en América Central y en el mundo entero” entre
los que se encuentran muchos jóvenes víctimas de diversas formas de esclavitud
y de pobreza. Por ello, recordó en particular la Liturgia Penitencial celebrada
en un Tutelar de menores y la visita a la casa familia “Buen Samaritano” que
hospeda enfermos de Sida.
María “influencer” de Dios
De acuerdo al Papa Francisco, “el culmen de
la JMJ y del viaje” fueron la Vigilia del sábado por la noche y la Misa del
domingo con los jóvenes en el Campo San Juan Pablo II. “En la Vigilia se renovó
el diálogo vivo con todos los chicos y chicas, entusiastas y también capaces de
silencio y de escucha”. “Pasaban del entusiasmo a la escucha y la oración en
silencio”, destacó.
A los jóvenes les ha sido propuesta María “como aquella que, en su pequeñez,
más que cualquier otro ha ‘influido’ en la historia del mundo: la hemos llamada
la ‘influencer’ de Dios”, dijo el Papa quien señaló que María “en su ‘fiat’ se
han reflejado los testimonios hermosos y fuertes de algunos jóvenes”.
Al día siguiente, el domingo por la mañana
en la Celebración Eucarística final, el Santo Padre dijo que “Cristo
Resucitado, con la fuerza del Espíritu Santo, ha hablado nuevamente a los
jóvenes del mundo llamándolos a vivir el Evangelio en el ‘hoy’, porque los jóvenes no son el ‘mañana’, son el ‘hoy
para el mañana’, no son el ‘mientras tanto’ sino el hoy, el ahora de la Iglesia
y del mundo”, dijo.
Por este motivo, el Papa realizó un llamado
a la responsabilidad de los adultos “para que no falten a las nuevas
generaciones instrucción, trabajo, comunidad y familia” y añadió que “esto es
clave en este momento del mundo” la educación, el trabajo “cuántos jóvenes sin
trabajo” y comunidad para que “se sientan acogidos en familia y en la
sociedad”, animó,
También, el Papa recordó el encuentro con
los Obispos de América Central “ha sido para mi un momento de especial
consolación” aseguró, porque recordaron
juntos el testimonio del Santo Obispo Óscar Romero “para
aprender siempre mejor el ‘sentir de la Iglesia’ -que era su lema episcopal-,
en la cercanía a los jóvenes, pobres, sacerdotes y al santo pueblo fiel de
Dios”.
Por último, el Santo Padre aseguró que tuvo
“un fuerte valor simbólico” la Consagración del altar de la restaurada Catedral
de Santa María La Antigua en Panamá que había estado cerrada por siete años
para su restauración. “un signo de belleza reencontrada, a gloria de Dios y
para la fe y la fiesta de su pueblo”.
“Que pueda la familia de la Iglesia, en
Panamá y en el mundo entero, recibir del Espíritu Santo nueva fecundidad
siempre, para que continúe y se difunda sobre la tierra la peregrinación de los
jóvenes discípulos misioneros de Jesucristo”, concluyó.






