Deseo lo que no tengo y no me conformo con lo que
poseo...
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| Aaron Guy Leroux-CC |
Jesús sabe muy bien cuál es su misión. Él
viene a sanar los corazones enfermos. Porque sus manos y su amor sanan las
heridas. Viene a anunciar a los pobres la esperanza, la buena noticia de su
presencia.
Viene a mí
porque en mi pobreza sus palabras me llenan de sueños. Quiere
erradicar la pobreza que no me deja mirar con alegría mi vida.
Tantas veces soy pobre porque deseo lo que
no tengo y no me conformo con lo que poseo. En mi pobreza sueño siempre con más.
Y corro el peligro de perder la esperanza
cuando las cosas no mejoran. Entonces Jesús viene a anunciarme que mi vida
puede ser plena si creo en Él.
Me dice que
todo puede tener mucho más sentido del que con frecuencia le encuentro. Jesús
me anuncia la libertad a mí que soy esclavo.
Sé que vivo
en un mundo de esclavos sin libertad. Yo mismo soy esclavo porque me falta la
libertad interior.
Hay tantas dependencias en mi alma que me
apegan a la tierra…Necesito
desintoxicarme de mis apegos enfermizos.
Quiero ser más libre en mi corazón. Me alegra saber que Jesús
me libera hoy de todo lo que me ata. Viene con su Espíritu a liberarme. A
sacarme de las cárceles en las que yo me he recluido voluntariamente.
Jesús viene
también con su luz y quiere que los ciegos vean. Que yo mismo vea. Porque estoy
ciego y no sé mirar con hondura. Me fijo sólo en lo que no me da vida.
Me quedo en la superficie de las cosas. Y
no soy capaz de ver lo bueno que
hay en mi alma, en el alma de los que me rodean. Veo lo malo, lo sucio, lo feo.
Quiero aprender a ver la belleza, la
verdad, la bondad. Y
quedarme con esa mirada grabada en el alma.
Jesús lo
puede hacer posible. A eso vino a la tierra. A liberar, a dar luz, a sanar. Su
misión fueron buenas obras. Pasó haciendo el bien. Liberando, sanando,
limpiando.
Me alegra
pensar en la misión de Jesús. No vino para los que ya estaban cerca de Dios,
vino para los marginados. Vino a revelar un Dios misericordioso para que todos
pudieran sentirse amados por Él.
Su mensaje es
de esperanza y salvación. El perdón es más grande que el pecado. Sobreabunda la
gracia. La misión de Jesús es mostrar ese rostro misericordioso de Dios a los
hombres.
No puede
haber mayor regalo que la salvación esté presente para todos. No hace falta ser
perfecto. Sólo tengo que reconocer la imperfección y acercarme conmovido hasta
Jesús. Él, la misericordia encarnada, me espera con los brazos
abiertos. Me abraza, me perdona.
Carlos Padilla Esteban
Fuente: Aleteia






