Estos
triunfadores van mostrando un poco el rostro de Cristo
“Concebir el bien no es suficiente, debemos
hacerlo victorioso entre los hombres” Joseph Ernest Renan
Muchas veces creemos que el único triunfador en la vida es la persona que tiene éxito, fama, dinero, posesiones, estudios, un puesto importante en la empresa, familia, etc.…el que ha logrado un status alto en la sociedad, que se le reconoce en los medios de comunicación, y no cabe duda de que estas personas han conseguido triunfar con disciplina, esfuerzo, trabajo.
Se vale hacer
una pregunta ¿estos triunfadores a los ojos del mundo, logran también ser
auténticos triunfadores?
Hay millones de
triunfadores que no tienen dinero que no tienen fama, posesiones, un puesto importante ni
mayores estudios y que a los ojos del mundo aparecen como perdedores, son así
calificados por no dar resultados visibles en las áreas que el hombre considera
como valiosas. Es interesante y vale la pena ahondar
un poco en la vida de estas personas anónimas que viven como auténticos
triunfadores a los ojos de Dios.
Estas
personas que recibieron la herencia de sus abuelos, de sus padres, ese tesoro,
ese legado, esa estafeta de vivir y transmitir lo que a los ojos de Cristo es
un triunfador. Estos hombres que viven los valores, y al
vivirlos los han convertido en virtudes. Al practicar por ejemplo la
honestidad, la justicia, la prudencia, la fortaleza, lealtad, paciencia,
comprensión, solidaridad, responsabilidad, perseverancia.
El auténtico triunfador no tiene que ver
con los triunfos humanos. De ser así diríamos que Jesús fue un perdedor para
los de su época, incluso mucha gente no acaba de entender la vida de Jesús. Del
Hijo de Dios del Creador del universo, en quien están sustentadas todas las
cosas y que no tenía dónde reclinar su cabeza. De Dios que es camino
verdad, vida libertad, y se le considera que ha perdido la razón, del Dios que
todo lo puede y se entrega libremente a la muerte por amor. Del Dios que se
queda como alimento para todos los que tengan hambre en la fragilidad de un
pan.
No
es fácil entender que hay que morir para vivir, que al morir al egoísmo se
vive la generosidad, que al morir al individualismo, se vive la
solidaridad, que al morir a la ambición por acumular más, se vive
la justicia, que al morir al deseo de hacer lo que te venga en gana, se vive el
respeto, que al morir al orgullo se vive la humildad.
La persona triunfadora
es una persona madura, es el líder auténtico por excelencia aquel que con su
conducta, más que con su discurso, invita a otros a seguir sus huellas, aquel que es capaz de transformar su
entorno, familia, trabajo, sociedad.
Cuando
este triunfador pasa a nuestro lado va dejando un aroma, un perfume, un sabor
de gratitud en los corazones que son comprendidos, consolados,
perdonados, ayudados en sus necesidades, confortados en sus penas,
incluidos a pesar de su condiciones adversas.
Estos triunfadores
van mostrando un poco el rostro de Cristo, porque han conseguido venerar al
Cristo oculto en cada hermano.
Por: María Teresa González Maciel
Por: María Teresa González Maciel
Fuente: Catholic.net






