Es Dios quien gobierna y rige, no los hombres
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Es común recibir a través de las redes sociales
corrientes de oración que, supuestamente, siempre que sean seguidas fielmente,
tendrán un efecto infalible.
Estêvão
Bettencourt habló sobre ese asunto en un artículo de mayo de 2008 en su revista Pergunte
e Responderemos. Según el benedictino, no hay oraciones
todopoderosas, como a veces se dice en el lenguaje popular.
Desde toda la
eternidad, Dios ha decretado lo que Él quiere dar, y su voluntad es inmutable.
Rezamos entonces no para doblegar a Dios, sino para colaborar con él, visto
que, al decretar darnos algo, Él lo hizo incluyendo nuestra oración: Él quiere
dar, pero quiere que lo pidamos.
El monje hace
un análisis de ejemplos de ese tipo de oración llamada infalible.
1. Oración de las 13 almas
“Oh, mis 13 almas Benditas, sabias y
entendidas, a vosotras vengo a rogaros por el amor de
Dios que atendáis mi petición. Mis 13 Almas Benditas sabias y
entendidas, a vosotras os pido por la sangre que derramó el
Sagrado Cuerpo de Jesús. Que oigáis mi petición. Mi Señor Jesucristo protégeme
con tus brazos, guárdame en tu corazón, que me protejan tus
ojos. Oh Dios de bondad Vos que sois mi abogado en la vida y en
la muerte os ruego que atendáis mi petición. Que me libréis de
mis males y me deis suerte en la vida. Ocúltame de mis enemigos, que
teniendo ojos no me vean Y pierdan las fuerzas cuando me
presientan. Mis 13 Almas Benditas sabias y entendidas alcanzad
esta gracia para mí, y yo, fiel devoto, divulgare esta
oración para que recen por vosotras Cientos de personas.
Rezar 13 Padre Nuestro y 13 Ave
María durante 13 días consecutivos”
Pregunta: ¿quiénes son esas trece almas? Ya el
número 13 es sospechoso por estar muy relacionado con la superstición…
El pedido
insistente de defensa contra los enemigos es una de las líneas maestras de
las religiones afro brasileñas, que atribuyen todos los males a espíritus
superiores que se acercan al ser humano. ¿Esa oración será una adaptación de la
mentalidad umbanda al lenguaje cristiano?
¿Esas 13
almas benditas, sabidas y entendidas son tan poderosas como lo es Dios?
2. Novena Milagrosa de las Sandalias de San Antonio
“Reza en noviembre, los martes, con una
vela encendida sobre esta sandalia cinco Padrenuestros, cinco Avemarías, cinco
Glorias. Cuando acabes de rezar, apaga la vela y guárdala para los siguientes
martes. El último martes, deja que se queme hasta el final. Haz dos pedidos
difíciles de realizar y una petición para tu mejoría general.
Cada martes, distribuye tres copias de esta
novena. Si no tienes a nadie a quien dar las copias, déjalas en
una iglesia junto a una imagen de san Antonio. Esta novena es infalible.
Quien no tiene fe, se conmoverá”.
Superstición es atribuir un efecto maravilloso a
causas que la lógica y el sentido común no justifican. Y viene la pregunta:
¿Por qué a la sandalia del santo? ¿Por qué en noviembre?
¿Quién
prometió infalibilidad a tal práctica? Ciertamente no el propio Dios; ni san
Antonio obtendría esto de Dios.
3. Pedido Especial
“Oh, Madre querida Nuestra Señora de
Aparecida
Oh, Santa Rita de Casia.
Oh, mi glorioso san Judas, protector de las
causas imposibles,
San Expedito, el santo de la última hora.
Santa Eduviges, la santa de los
necesitados.
Ustedes, que conocen mi corazón angustiado,
intercedan junto al Padre por mí (pedir la
gracia).
Yo los glorifico y los alabo siempre.
Me inclinaré frente a ustedes…Padre
nuestro, Ave María, Gloria al Padre.
Confío en Dios con todas mis fuerzas, y
pido que ilumine mi camino y mi vida. Amén.
Atención: rezar por tres días. Haz 25
copias, y déjalas en la iglesia, para su propagación. Observa lo que sucede el
cuarto día. Tu gracia será alcanzada por más difícil que sea”
Esta oración empieza por invocar a seis santos,
poniendo al mismo nivel a la Virgen con san Expedito, cuya existencia es puesta
en duda.
Pregunta: ¿quién garantiza la eficacia de esta
plegaria? No es Dios; el único Omnipotente. Nadie puede garantizar que ocurra
un evento libre más que el propio Dios.
Decimos
entonces que esas concepciones dependen de una mentalidad mágica que sobrepasa
la lógica y la mentalidad científica: Dios es inmutable y no puede ser
doblegado por la voluntad humana ni a cambio de los más exquisitos artificios.
¿Por qué debemos orar?
Si Dios no cambia sus designios cuando el
hombre le pide algo muy razonable y santo, ¿por qué oramos?
Dios decretó
irrevocablemente darnos lo que nos conviene, incluyendo en ese designio la
colaboración del hombre por la oración. Oramos no para que Dios haga nuestra
voluntad, sino para que nosotros hagamos la voluntad de él a semejanza de lo
que Jesús hizo cuando dijo: «Abbá, o sea, Padre, para ti todo es posible,
aparta de mí esta copa. Pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres
tú.» (Mc 14, 36).
San Agustín comenta los hechos:
“Ustedes tratan al hombre como un enfermo
que debe restablecerse; le dan cuando juzgan oportuno que reciba; y le dan
según su necesidad. A veces, expresamos a Dios un deseo que Él no escucha; Él
sabe lo que conviene darnos, porque vela sobre nosotros.
¿Por qué digo
esto, hermanos míos? Porque sucede, a veces, que alguien no es escuchado cuando
pide cosas perfectamente legítimas, mientras que Dios puede escuchar una
petición injusta, para castigo de quien pide. Cuando pidas algo perfectamente
justo y no fueras escuchado, no pierdas la valentía, no pierdas el fervor; fija
los ojos en el alimento que Dios da a su debido tiempo.
Cuando Dios
se niega a dar, no da para que su don no se convierta para nosotros en un
perjuicio. Pablo no hacía una súplica injustificada cuando le pedía a Dios que
lo liberase de la espina en su carne, ese ángel de Satanás que lo abofeteaba.
Pidió y no recibió. Era tiempo de probar su debilidad y no para darle alimento:
te basta mi gracia, porque en la debilidad mi fuerza se manifiesta.
El diablo
pidió a Dios poner a Job a prueba, y le fue concedido. Mediten bien sobre esto,
hermanos míos, porque es un gran misterio que debemos conocer, recordar, tener
siempre presente en el espíritu y nunca olvidar, porque en esta vida nunca nos
faltarán pruebas.
¿Qué diré?
¿Hay que comparar el Apóstol al diablo? El Apóstol reza y no recibe; el diablo
pide y obtiene. Pero el diablo obtiene para su pérdida, mientras Pablo no
recibe para poder progresar a la perfección. El propio Job fue sanado a su
tiempo. Más rápido fue escuchado el demonio para tentar a Job, que Job para que
se le devolviera la salud. Dios difiere, para poner a prueba. Aprendan a
no murmurar contra Dios, y cuando no sean atendidos, no cesen de decir: todos
los días te bendeciré”.
Mentalidad
muy diferente de la que nos pasa en las “Oraciones todopoderosas”. Es Dios
quien gobierna y rige, y no los hombres.
Por Revista Pergunte e Responderemos,
número 551, mayo de 2008
Fuente:
Aleteia Brasil






