Mons.
Camilleri sobre la persecución de los cristianos
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Sepultura de las
víctimas cristianas en Burkina Faso
© Ayuda a la Iglesia Necesitada/Twitter
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Mons.
Camilleri indicó que el derecho a la libertad religiosa “está arraigado en la
dignidad misma de la persona humana, y no es solo el logro de una cultura
política y jurídica sólida, sino también una condición para la búsqueda de la
verdad que no se impone por la fuerza”.
Ayer,
15 de julio de 2019, Mons. Antoine Camilleri, subsecretario para las Relaciones
con los Estados, pronunció un discurso en la basílica de San Bartolomé en la
Isla (Roma), con motivo de la presentación del Persecution of Christians
Review (Informe sobre la Persecución de los Cristianos).
Mons.
Camilleri indicó que este informe, elaborado por el reverendo Philip
Mountstephen, demuestra la creciente preocupación por “el problema de la
discriminación y la persecución a causa de las creencias religiosas”, así como
la determinación “a concientizar todavía más sobre la situación trágica de los
cristianos en muchas partes del mundo y del esfuerzo por superar lo que el Papa
Francisco ha descrito como ‘una especie de genocidio causado por la indiferencia
general y colectiva”.
El
subsecretario para las relaciones con los Estados, recordó que en los últimos
años hemos conocido múltiples atentados contra determinados grupos religiosos
por parte de terroristas, grupos extremistas y fanáticos que evidencian que
“una variedad de comunidades, grupos e individuos religiosos en muchas partes
del mundo sufren persecución religiosa (…)”. Por otro lado, lamentó que “la
mayoría de estos crímenes parecen continuar con impunidad y con poco más
que un rubor vergonzoso por parte de la comunidad internacional y muy a menudo
se les concede una escasa atención”.
Asimismo
señaló que, para la Santa Sede, la realidad de la persecución religiosa es “muy
preocupante”, no solo por los cristianos que la padecen, sino por los miembros
de cualquier credo religioso que compartan la consabida situación.
Además
de referirse al deber de los Estados para proteger a sus ciudadanos, Mons.
Camilleri ha aludido a la responsabilidad de los líderes religiosos para
“promover la coexistencia pacífica a través del diálogo y la comprensión
mutuos, de modo que sus comunidades y sus seguidores respeten a aquellos con un
patrimonio religioso diferente, en lugar de fomentar la agresión y la
violencia”.
Así,
como ejemplo de colaboración interreligiosa, ha remitido a la Declaración conjunta sobre la
“Fraternidad humana” firmada en Abu Dhabi por el Papa Francisco y el Gran Imán
de Al-Azhar, Ahmad Al-Tayyeb el pasado 4 de febrero.
En
este documento, ambos líderes religiosos declaran firmemente: “Las religiones
no incitan nunca a la guerra y no instan a sentimientos de odio, hostilidad,
extremismo, ni invitan a la violencia o al derramamiento de sangre. Estas
desgracias son fruto de la desviación de las enseñanzas religiosas, del uso
político de las religiones y también de las interpretaciones de grupos
religiosos que han abusado —en algunas fases de la historia— de la influencia
del sentimiento religioso en los corazones de los hombres para llevarlos a
realizar algo que no tiene nada que ver con la verdad de la religión, para
alcanzar fines políticos y económicos mundanos y miopes”.
También
se refirió a la “manipulación política de las religiones”, por parte de actores
no estatales (extremistas religiosos o terroristas) y también estatales. De
esta manera, llamó a los gobiernos a cuestionarse hasta dónde están
comprometidos con la libertad religiosa y la lucha contra la persecución de
este tipo: “¿Cuántos se abstienen de justificar tales actos, o incluso los
condenan, y sin embargo ‘colaboran’ política, económica, comercial y
militarmente o de otra manera, o simplemente hacen la vista gorda, con algunos
de los violadores más notorios de esta libertad fundamental?”.
Por
otro lado, el representante de la Santa Sede, habló sobre “otras formas de
discriminación religiosa y persecución”, “menos radicales”, aunque
“perjudiciales para el pleno disfrute de la libertad de religión y la práctica
o la expresión de esa convicción”, tales como la tendencia de las democracias
“a criminalizar o penalizar a los líderes religiosos por presentar los
principios básicos de su fe, especialmente con respecto a los ámbitos de la
vida, el matrimonio y la familia”.
Después
describió que, como indica el informe, en algunas partes del mundo, existe tal
nivel de persecución que podría ser definido como “una forma de genocidio,
donde la presencia de los cristianos está siendo sistemáticamente eliminada de
las sociedades y culturas, incluso de las áreas de su mismo origen”. Y añadió
que estas agresiones constituyen no solo “un ataque a la coexistencia pacífica
fundada en el pluralismo religioso, sino incluso más fundamentalmente al
concepto esencial de la dignidad igual e inviolable de toda persona humana”.
Por
último apuntó que “mantener la presencia de las comunidades cristianas,
particularmente en aquellas áreas donde no forman parte del grupo mayoritario,
es mucho más que simbólico; es un fuerte testimonio de fe y un testimonio de
que la coexistencia pacífica entre una pluralidad de religiones es posible
cuando se respeta la dignidad de cada persona”.
Larissa
I. López
Fuente:
Zenit






