17.7.19

LIBERTAD RELIGIOSA: UN DERECHO “ARRAIGADO EN LA DIGNIDAD MISMA DE LA PERSONA”

Mons. Camilleri sobre la persecución de los cristianos

Sepultura de las víctimas cristianas en Burkina Faso 
© Ayuda a la Iglesia Necesitada/Twitter
Mons. Camilleri indicó que el derecho a la libertad religiosa “está arraigado en la dignidad misma de la persona humana, y no es solo el logro de una cultura política y jurídica sólida, sino también una condición para la búsqueda de la verdad que no se impone por la fuerza”.

Ayer, 15 de julio de 2019, Mons. Antoine Camilleri, subsecretario para las Relaciones con los Estados, pronunció un discurso en la basílica de San Bartolomé en la Isla (Roma), con motivo de la presentación del Persecution of Christians Review (Informe sobre la Persecución de los Cristianos).

Mons. Camilleri indicó que este informe, elaborado por el reverendo Philip Mountstephen, demuestra la creciente preocupación por “el problema de la discriminación y la persecución a causa de las creencias religiosas”, así como la determinación “a concientizar todavía más sobre la situación trágica de los cristianos en muchas partes del mundo y del esfuerzo por superar lo que el Papa Francisco ha descrito como ‘una especie de genocidio causado por la indiferencia general y colectiva”.

El subsecretario para las relaciones con los Estados, recordó que en los últimos años hemos conocido múltiples atentados contra determinados grupos religiosos por parte de terroristas, grupos extremistas y fanáticos que evidencian que “una variedad de comunidades, grupos e individuos religiosos en muchas partes del mundo sufren persecución religiosa (…)”. Por otro lado, lamentó que “la mayoría de estos crímenes parecen continuar con impunidad y con poco más que un rubor vergonzoso por parte de la comunidad internacional y muy a menudo se les concede una escasa atención”.

Asimismo señaló que, para la Santa Sede, la realidad de la persecución religiosa es “muy preocupante”, no solo por los cristianos que la padecen, sino por los miembros de cualquier credo religioso que compartan la consabida situación.

Además de referirse al deber de los Estados para proteger a sus ciudadanos, Mons. Camilleri ha aludido a la responsabilidad de los líderes religiosos para “promover la coexistencia pacífica a través del diálogo y la comprensión mutuos, de modo que sus comunidades y sus seguidores respeten a aquellos con un patrimonio religioso diferente, en lugar de fomentar la agresión y la violencia”.

Así, como ejemplo de colaboración interreligiosa, ha remitido a la Declaración conjunta sobre la “Fraternidad humana” firmada en Abu Dhabi por el Papa Francisco y el Gran Imán de Al-Azhar, Ahmad Al-Tayyeb el pasado 4 de febrero.

En este documento, ambos líderes religiosos declaran firmemente: “Las religiones no incitan nunca a la guerra y no instan a sentimientos de odio, hostilidad, extremismo, ni invitan a la violencia o al derramamiento de sangre. Estas desgracias son fruto de la desviación de las enseñanzas religiosas, del uso político de las religiones y también de las interpretaciones de grupos religiosos que han abusado —en algunas fases de la historia— de la influencia del sentimiento religioso en los corazones de los hombres para llevarlos a realizar algo que no tiene nada que ver con la verdad de la religión, para alcanzar fines políticos y económicos mundanos y miopes”.

También se refirió a la “manipulación política de las religiones”, por parte de actores no estatales (extremistas religiosos o terroristas) y también estatales. De esta manera, llamó a los gobiernos a cuestionarse hasta dónde están comprometidos con la libertad religiosa y la lucha contra la persecución de este tipo: “¿Cuántos se abstienen de justificar tales actos, o incluso los condenan, y sin embargo ‘colaboran’ política, económica, comercial y militarmente o de otra manera, o simplemente hacen la vista gorda, con algunos de los violadores más notorios de esta libertad fundamental?”.

Por otro lado, el representante de la Santa Sede, habló sobre “otras formas de discriminación religiosa y persecución”, “menos radicales”, aunque “perjudiciales para el pleno disfrute de la libertad de religión y la práctica o la expresión de esa convicción”, tales como la tendencia de las democracias “a criminalizar o penalizar a los líderes religiosos por presentar los principios básicos de su fe, especialmente con respecto a los ámbitos de la vida, el matrimonio y la familia”.

Después describió que, como indica el informe, en algunas partes del mundo, existe tal nivel de persecución que podría ser definido como “una forma de genocidio, donde la presencia de los cristianos está siendo sistemáticamente eliminada de las sociedades y culturas, incluso de las áreas de su mismo origen”. Y añadió que estas agresiones constituyen no solo “un ataque a la coexistencia pacífica fundada en el pluralismo religioso, sino incluso más fundamentalmente al concepto esencial de la dignidad igual e inviolable de toda persona humana”.

Por último apuntó que “mantener la presencia de las comunidades cristianas, particularmente en aquellas áreas donde no forman parte del grupo mayoritario, es mucho más que simbólico; es un fuerte testimonio de fe y un testimonio de que la coexistencia pacífica entre una pluralidad de religiones es posible cuando se respeta la dignidad de cada persona”.

Larissa I. López

Fuente: Zenit

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