Un evento fuera de programa ocurrió esta mañana en el aula Pablo VI del
Vaticano durante la tradicional audiencia general
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| Filippo MONTEFORTE / AFP |
El papa
Francisco presidía la catequesis de la tradicional audiencia general del
miércoles cuando a mitad del discurso apareció en el escenario una niña llamada
Clelia Mafellotti, 10 años, autista, de Nápoles, Italia, que jugaba con las
palmas de las manos y disfrutaba al ver su imagen, junto a la del ‘señor
vestido de blanco’, reflejada en una pantalla gigante, ubicada lateralmente en
el aula Pablo VI del Vaticano para ayudar a la visión del evento a los
peregrinos y fieles más distantes del palco.
Los familiares
de la niña querían hacer algo, pero el papa Francisco les detuvo: “¡Déjala
tranquila, Dios habla para los niños, déjala!”, dijo alzando la mano y con una sonrisa.
Al final de la
audiencia, durante los saludos a los peregrinos en lengua italiana, el Papa
comentó lo sucedido: “Todos hemos visto esta bella muchacha, pobrecita, es
víctima de una enfermedad y no sabe lo que hace”. El Pontífice instó a los
presentes a una reflexión y para responder desde el “propio corazón”: “¿He
rezado por ella al verla para que el Señor la cure y la proteja? ¿He
rezado por sus padres y familia?”. Así, Francisco pidió rezar por las
personas enfermas y las que sufren.
En su
catequesis, el Papa, ha retomado el ciclo de catequesis sobre los Hechos de
los Apóstoles, y ha centrado su meditación en el tema: “Entre todos ellos
era común “(Hechos 4:32), dedicada a la reflexión sobre la comunión y la
solidaridad en la comunidad cristiana.
Asimismo,
recordó que en la historia de la Iglesia siempre hubo cristianos
dispuestos a desprenderse de cosas materiales, innecesarias, para donarlas
a los otros, especialmente los más pobres. Destacó, lo importante de donar el
propio tiempo y no sólo dinero a los más necesitados. En este sentido, recordó,
el voluntariado, las obras de caridad, las visitas a los enfermos. Una forma de
“salir de nuestros propios intereses”.
En otro
momento, mirando directamente a los fieles preguntó: ¿Quieren saber si
son buenos cristianos? – “Si, se debe rezar, buscar acercarse a la
comunión, a la reconciliación –, pero la señal de que tu corazón se ha
convertido, es cuando la conversión llega a los bolsillos, es ahí
cuando se ve si somos generosos con los otros”. “Es cuando toca nuestros
intereses, entonces ahí se ve la verdadera conversión. Si, solo queda en la
palabra y los gestos no es una buena conversión”.
El Papa predicó
sobre la comunidad cristiana que nace de la efusión del Espíritu Santo y
crece cuando comparte con los demás lo que posee. “El término
griego Koinonia, que significa “poner en común”, “compartir”, tiene
una dimensión importante desde los orígenes de la Iglesia. De la participación
en el Cuerpo y Sangre de Cristo, derivaba la unión fraterna que llevaba a
compartir todo lo que tenían”.
El Pontífice
rememoró que en las primeras comunidades cristianas “no había
necesitados, porque ponían todo en común. Encontramos el ejemplo de
Bernabé, que vendió un campo y dio lo recaudado a los Apóstoles para
distribuirlo a los necesitados. Y, junto a este buen ejemplo, se encuentra uno
negativo: Ananías y su mujer Safira vendieron un terreno y entregaron sólo una
parte a los Apóstoles, quedándose con la otra. Este engaño los llevó a la muerte,
porque habían mentido no sólo a los hombres sino a Dios”.
“Estos ejemplos
nos enseñan que cuando la sinceridad en el compartir no se respeta se cae en la
hipocresía, alejándose de la verdad, que provoca la muerte interior. Los que se
comportan así transitan en la Iglesia como en un albergue, y no la tienen como
su casa, ni como su familia”, añadió.
El Papa ha
saludado a los grupos de fieles presentes en el aula Pablo VI. “Pidamos al
Espíritu Santo para vencer toda hipocresía y colocar al centro de
nuestra vida la verdad, que alimenta la solidaridad cristiana, y está llamada a
ofrecer a todos el amor de Dios con obras concretas. Que Dios los bendiga”. La
audiencia general concluyó con el canto del Padre Nuestro en latín (Pater
Noster ) y la bendición apostólica.
Ary Waldir Ramos Díaz
Fuente: Aleteia






