Festividad
de los Santos Inocentes
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| Antoine Mekary | ALETEIA |
Un principio fundamental de la
espiritualidad ignaciana que ha forjado al papa Francisco es el buen humor: “Un
santo triste es un triste santo”. Se trata de encontrar a Dios en todas las
cosas. Según, el jesuita belga, Nikolaas Sintobin, SJ, autor del libro ‘En
todo Amar y Reír’, para los jesuitas, es indispensable reír, una sana
carcajada sobre sí mismos libera el alma de vanidad y orgullo que alejan de
Dios.
A continuación,
les presentamos algunos chistes, incluidos aquellos que han hecho morir de risa
a Jorge Mario Bergoglio novicio, sacerdote y ahora primer papa jesuita de la
historia. Esto último parecería un chiste hasta antes del 2013. Una clave
básica también acerca de como viven, como trabajan, como piensan y como rezan
los jesuitas sin dejar de lado la sonrisa.
Obediencia para un jesuita
En cierta ocasión le preguntaron a un jesuita: “¿No les resulta muy difícil vivir el voto de obediencia? El jesuita contestó: “En absoluto. Antes de mandarnos algo, el superior se reúne con nosotros y, tras una larga conversación, descubre qué es lo que queremos hacer. Entonces, solemnemente, nos lo manda”.
El interlocutor, extrañado,
preguntó: “Pero, ¿entonces qué pasa con aquellos que no saben lo que quieren?”
El jesuita, sonriendo, respondió: “Muy fácil. A esos los nombramos superiores”.
Santo o no…
Un día murió un narcotraficante
y su hermano quería que en su funeral se hablara maravillas de él. Al no
encontrar sacerdote que quisiera mentir terminó donde un jesuita y le dijo:
“Padre, le daré a Ud. medio millón de dólares si le dice a la gente que mi hermano
era un santo”.
Compleja situación, la parroquia era pobre como la Sagrada Familia, asistía
además un orfanato y un comedor social y el jesuita no quería perder la
oportunidad. Toda la noche estuvo en discernimiento, “¿Qué voy a hacer? El
mafioso era un diablo, pero su hermano me dará $500,000 si digo que era un
santo”.
El próximo día, después de leer
el evangelio, el jesuita se acercó al ataúd y dijo: “Este hombre robó millones
de dólares, mató a personas inocentes, engañó a su señora, defraudó al gobierno
y jamás pagó sus impuestos. Sin embargo… en comparación con su hermano aquí,
¡este hombre era un santo!”.
Fumar y rezar
Un jesuita y un dominico
discutían sobre si al rezar había que apagar el cigarrillo. El jesuita
decía que no era necesario, y el dominico pensaba que sí. Para resolver el
problema decidieron que sea el Papa quien defina el asunto.
Ya ante el Santo Padre, el
dominico dijo: “Santidad ¿se puede fumar mientras se reza?”. El Papa no lo
dudó mucho: “No. La oración requiere una ascesis para que cuerpo y alma se
afilen hasta llegar a Dios: nada debe estorbar ese empeño”. El dominico sonrió
triunfante.
El jesuita se puso en pie y se
dirigió al Papa: “Santidad, quizás no ha entendido bien nuestra pregunta.
No es su culpa, es que nos hemos expresado mal; permitame, por eso, que
vuelva a preguntarle: ¿se puede rezar mientras se fuma?”. El Papa tampoco dudó:
“Naturalmente, hijo mío. Cualquier momento es bueno para alabar al Creador”.
Reírse con’ y ‘reírse de’
El doctor en teología, Jorge
Castro, SJ, ilustra sobre la distinción entre las actividades de ‘reírse con’ y
‘reírse de’. “Me río con el otro, pero no me río del otro. Si acaso, me río de
los papeles postizos del otro, como de los míos, pero lo ayudo cuanto puedo
(según su ritmo de auto- descubrimiento) para que un día podamos reírnos de
esos papeles”. Lección que papa Francisco ha dado en varias ocasiones.
Asimismo, el buen reír, es reír de sí
mismo, pero de los papeles, las máscaras, los oropeles que alejan de Dios. “Me
río de mis papeles postizos, pero no de mí. Dios me ama, ¿cómo voy a odiarme y
despreciarme? Dios ama al otro, ¿cómo voy a odiarlo y despreciarlo? He de amar
al otro como a mí mismo, ¿cómo voy a amarlo y aceptarlo, si no me amo y me
acepto? Al otro, igual que a mí, le gustaría ser mucho más listo, agradable y
generoso de lo que es”, confirma Castro.
El amor marca la diferencia
entre el humor genuino y el humor corrosivo, ácido que amarga y no cura
heridas, sino que caricaturiza y empeora la condición humana. “Más allá de las
limitaciones del otro (que las tiene igual que tú), puedes reverenciar el
misterio del otro, y de la presencia de Dios en él. Éste es un hermoso
crecimiento de nuestra libertad”.
San Ignacio no tenía la fama de
un santo humorista, pero si invitaba a buscar una sonrisa como don de Dios. Estar enamorado de Dios es una fuente inagotable
de esperanza y ánimo incluso en los peores momentos de la vida. Santa
Teresa de Jesús, san Bernardino de Siena, san Felipe Neri, san Juan XXIII y
muchos otros, en cambio, si dejaron varias semillas de una sana sonrisa y
sentido del humor en sus vidas. “Pedir gracia para alegrarme y gozarme
intensamente de tanta gloria y gozo de Cristo nuestro Señor”, Ignacio
de Loyola (Ejercicios Espirituales, 221).
Y el último….
-Un dominico, un franciscano y
un jesuita están un día en la basílica de San Pedro, cuando se produce un
apagón y se quedan a oscuras. El dominico aprovecha para reflexionar
profundamente entre el contraste entre la luz y las tinieblas, el franciscano
se postra humildemente y comienza a rezar “a la hermana luz y la hermana
tiniebla”, y el jesuita…
-¿Y el jesuita?
Ary Waldir Ramos Díaz
Fuente:
ACI Prensa







