María con tu sí me has dado a Cristo, por tu sí, yo soy cristiano. ¡Gracias Señora! “Dichosa
por haber creído” (Lc 1, 45)
El
término cristiano es bíblico, el libro de los Hechos de los Apóstoles nos narra
que fue en Antioquía en donde los Apóstoles recibieron el nombre de
“cristianos” (Hch 11, 26), ahora bien, definido de donde proviene término
cristiano, nos podemos preguntar ¿Qué significa ser cristiano? En la más simple
de las definiciones cristiano es aquel que cree en Cristo, pero en realidad ser
cristiano es aquel que cree en Cristo bajo la Fe de los Apóstoles, ya que no se
puede creer en Cristo sino es por aquellos quienes contaron su historia y la
han hecho trascender hasta nuestros días, por medio de la Sagrada Tradición en
un primer momento, y luego por la Sagrada Escritura.
En
nuestra querida América Latina, se ha acuñado el término cristiano para
referirse a los hermanos separados que viven su fe, iglesias o sectas de
diferentes denominaciones, una equivocación que nosotros como católicos
cometemos muy frecuentemente. No se debe caer en el error de reducir el término
cristiano únicamente para refiriéndose a hermanos separados, es decir, quienes
nacieron de la protesta contra Iglesia Católica (luteranos, calvinistas,
anglicanos, presbiterianos, bautistas, pentecostales, etc.) y sectas
fundamentalistas que existen en nuestro entorno.
Los
católicos somos cristianos, siempre lo hemos sido, porque nuestra fe proviene
directamente de la Fe de los Apóstoles. La palabra “católico” viene del griego
“katholikos”, que significa universal y en los primeros siglos de la Iglesia
los términos cristiano o católico se utilizaban indistintamente. Somos
cristianos universales, católicos, porque Jesús antes de ascender al cielo nos
dejó el siguiente mandato que expone la universalidad de su mensaje: “Vayan y
prediquen el Evangelio a toda criatura.” (Mc 16, 15)
San
Juan Crisóstomo en su homilía sobre el Evangelio de San Juan 19,2- 3 en el año
390 decía:
“Entonces
recibían diversos nombres. Mas ahora tenemos todos un único nombre, mayor que
todos aquéllos; nos llamamos cristianos, hijos de Dios, amigos, un solo cuerpo.
Esta apelación nos obliga más que cualquier otra y nos hace más diligentes en
la práctica de la virtud. No hagamos nada que sea indigno de tan gran nombre,
pensando en la gran dignidad con la que llevamos el nombre de Cristo. Meditemos
y veneremos la grandeza de este nombre.”
Somos
cristianos y bajo la universalidad del mandato que Cristo nos encomendó nos
llamamos católicos, por ende somos cristianos católicos; comprometidos en la
vivencia del misterio de Cristo a la luz de la Fe Apostólica. Dentro de la Fe
Apostólica, María es celebrada tanto en la Tradición como en las Sagradas
Escrituras como “Dichosa por haber creído” (Lc 1, 45). No se puede separar a
María de la Apostolicidad, ya que desde la comunidad primitiva (compuesta por
discípulos, amigos y familiares de Jesús) tenía especial estima entre todos los
miembros, el cual se fue extendiendo entre los que se agregaban. Cabe destacar
que antes de ser escritos los evangelios, hubo un período de aproximadamente 20
años en que los relatos de la vida de Jesús fueron de boca en boca; pero al ir
falleciendo quienes contaban estos relatos, los cristianos empezaron a poner
por escrito todo cuanto escuchaban de quienes habían sido testigos de primera
mano de la vida y obra de Jesús (La Sagrada Tradición Apostólica).
En
este contexto, podemos tomar como referencia el trabajo de San Lucas, discípulo
de Pablo, en el cual es palpable que antes de escribir su evangelio, recopiló
la mayor cantidad información sobre Jesús mediante una especie de investigación
que tuvo que documentar, para escribir su obra y en la que podemos apreciar la
importancia de María en la comunidad cristiana; él la llama “llena de gracia”
(Lc 1, 28).
A
partir de este punto podemos empezar a esbozar que la figura de María está
estrechamente ligada a la herencia cristiana que hemos recibido de los
Apóstoles, no solo por tener el privilegio de haber sido la madre del Cristo,
sino por méritos que ella reflejaba en su diario vivir. María fue la primera
cristiana, ya que ella creyó en Cristo antes que cualquier otro ser humano,
María fue la primera discípula, debido a que ella siguió atentamente los pasos
y las enseñanzas de su hijo, siempre fue consciente que el fruto de su vientre era
el Mesías, el Hijo de Dios; María fue la primera Apóstol, ya que el día de
Pentecostés ella estaba presente en el cenáculo y fue testigo de la obra
maravillosa del Espíritu Santo de la cual ella ya era partícipe desde la
anunciación años atrás (Lc 1, 35).
Muchas
de las sectas “cristianas” que están en el entorno Latinoamericano y con el que
a diario nos encontramos, negando la Tradición Apostólica e interpretando a
conveniencia la Sagrada Escritura manifiestan un odio tal, que en ocasiones
hasta se percibe como diabólico hacia la Madre de Dios, María Santísima; a lo
que tomando como base la definición del término cristiano genera los siguientes
cuestionamientos: ¿Será digno de un cristiano no amar a la Madre de Cristo? ¿Se
honra el nombre de Cristo al ofender a su Madre?
Tratando
de obviar la Sagrada Tradición y tomando básicamente lo narrado en los
Evangelios, nos podemos preguntar: ¿Cristo negó a su Madre? ¿Les enseñó Cristo
a los apóstoles a no querer a su Madre? ¿Por qué entonces la encomendó al
apóstol San Juan? ¿Se puede ser cristiano sin María? ¿Por qué los hermanos
separados nos atacan tanto en el tema de María?
Parece
un poco extraño que los propios reformadores tenían una concepción de María
diametralmente opuesta a lo que predican nuestros hermanos de las sectas
cristianas. Veamos que dicen algunos de sus fundadores acerca de la Santísima
Virgen María, la madre de Jesús.
Martín Lutero – fundador
de los luteranos.
Sermón
Navidad 1531: “[Ella es] la mujer más encumbrada y la joya más noble de la cristiandad
después de Cristo… Ella es la nobleza, sabiduría y santidad personificadas.
Nunca podremos honrarla lo suficiente. Aun cuando ese honor y alabanza debe
serle dado en un modo que no falte a Cristo ni a las Escrituras.”
Juan Calvino- fundador
de los calvinistas.
“Helvidius
mostró demasiada ignorancia al concluir que María debió haber tenido muchos
hijos, por la razón de que son mencionados algunas veces los hermanos de
Cristo”
Ulrico Zuinglio –
reformador protestante.
Publicó
en 1524 uno de sus sermones que trató sobre María, siempre virgen, madre de
Dios: “Nunca he pensado, ni mucho menos enseñado o declarado públicamente, nada
concerniente al tema de la siempre Virgen María, Madre de nuestra salvación,
que pudiera ser considerado deshonroso, impío, sin valor o malvado… Creo con
todo mi corazón, de acuerdo con el santo Evangelio, que su pureza virginal nos
conduce hacia el Hijo de Dios y que ella permaneció, durante y después del
parto, pura y sin mancha, virgen por la eternidad>.
Heinrich Bullinger –
reformador protestante.
“La
Virgen María… completamente santificada por la gracia y la sangre de su único
Hijo, abundantemente dotada del don del Espíritu Santo y distinguida entre
todos… ahora vive felizmente con Cristo en el cielo, es llamada y permanece
siempre Virgen y es la Madre de Dios.”
Es
interesante analizar como los fundadores de las iglesias provenientes de la
reforma también amaban y veneraban profundamente a la Virgen María, pero aún
más interesante como la Iglesia Católica ha logrado custodiar el agradecimiento
a ella. Con este artículo no se pretende atacar a las Iglesias protestantes
nacidas de la reforma, mucho menos las sectas cristianas que están presente en
nuestro entorno, lo que se pretende con este artículo es crear conciencia que no
es cristiano apartar a María de nuestra Fe, mucho menos menospreciarla o
insultarla, porque dentro del corazón del cristiano lo mínimo que debe de
existir es un infinito agradecimiento por haber colaborado con el plan de
Salvación que Dios tenía preparado para cada uno de nosotros.
Cristiano
sin María no es cristiano. ¿Virgen María que me has dado? con tu sí me has dado
a Cristo, por tu sí, yo soy cristiano. ¡Gracias Señora!
Por: Fátima Moreno y Pedro Mira
Fuente:
Católicos Con Acción






