Invitación
del Vaticano
La
Santa Sede invita a todos los fieles a “adoptar”, aunque no se sepa su nombre,
a un cristiano de Oriente Medio, y a rezar por él durante todo el año 2020, ha
indicado el cardenal de la Congregación para las Iglesias Orientales, Leonardo
Sandri, en la presentación de la Coleta para Tierra Santa.
La
generosidad de los fieles católicos, expresada por la Colecta, hacia sus
hermanos y hermanas de Oriente Medio “puede resolver muchos problemas, pero la
oración y el apoyo moral son todavía más necesarios”, escribe el cardenal en la
carta de presentación, publicada este 4 de marzo de 2020 por la Oficina de
Prensa Vaticana.
Como dijo el Papa Francisco durante la
audiencia concedida a los participantes de la “Reunión de Obras de Ayuda a las Iglesias
Orientales” (ROACO) en junio de 2019, el grito de muchos de los que en estos
años “se han visto robar la esperanza” debe llegar a nuestros oídos para abrir
nuestros corazones y ser solidarios con ellos, manifestando “el rostro de la
Iglesia y contribuyendo a darle vida, en particular alimentando la esperanza
para las generaciones jóvenes’”, ha indicado el Mons. Sandri.
La
Tierra Santa –asegura Mons. Sandri– y de modo particular la comunidad cristiana
que allí reside, “siempre ha ocupado un lugar importante y especial en el
corazón de la Iglesia universal”.
“Jesús
estará en agonía hasta el final del mundo; no hay que dormir durante este
tiempo”: con esta frase de Blaise Pascal, el cardenal rememora el
“misterio de la lucha y del sufrimiento del Redentor”, que subraya el hecho de
que “Cristo se identifica con la agonía y el sufrimiento de quienes en la
historia parecen no conocer sino un interminable Viernes Santo: las personas
afligidas por la soledad, la guerra y el hambre, por el rechazo y el abandono”.
En
este sentido, el Santo Padre, en la oración pronunciada al final del vía
crucis en el Coliseo, el 19 de abril de 2019, fijando la mirada en los males y
dolores del mundo, pone esas cruces en la Cruz de Jesús: “la cruz de las
personas hambrientas de pan y de amor; la cruz de las personas solas y
abandonadas incluso por sus propios hijos y parientes; la cruz de los pueblos
sedientos de justicia y paz; la cruz de las personas que no tienen el consuelo
de la fe; la cruz de los ancianos que se arrastran bajo el peso de los años y
de la soledad; la cruz de los migrantes que encuentran puertas cerradas por
miedo y corazones blindados por cálculos políticos; la cruz de los pequeños,
heridos en su inocencia y en su pureza; la cruz de la humanidad que vaga en la
oscuridad de la incertidumbre y en la oscuridad de la cultura de lo
momentáneo”. Y concluye: “Señor Jesús, reaviva en nosotros la esperanza de la
resurrección y de tu victoria definitiva contra todo mal y toda muerte”.
Tierra Santa, lugar físico
de la Pasión
El
prefecto para las Iglesias Orientales describe: La Tierra Santa es el lugar
físico en el que Jesús ha vivido esta agonía y este sufrimiento
transformándolos en acción redentora gracias a un amor infinito. En Getsemaní
lo hace hasta sudar sangre. En el Cenáculo, la ofrenda de sí mismo que
realizará en la Cruz, la anticipa a través del don de la Eucaristía, pero
también a través del lavado de los pies y del mandamiento del amor fraterno.
Continúa
el cardenal Sandri: A lo largo de la Vía Dolorosa aún podemos imaginar los
lugares del doble proceso y de la condena de Jesús. Podemos verle mientras
recorre el camino llevando la Cruz ayudado por el Cirineo, y llegar al Gólgota
para ser clavado, y entregarse en las manos del Padre confiándonos a María, y
morir colocado en un sepulcro nuevo y vacío de donde resucitará al tercer día.
Rosa
Die Alcolea
Fuente:
Zenit






