El Pontífice latinoamericano escribió el prefacio de un libro
que recuerda el centenario del nacimiento de San Juan Pablo II, 18 de mayo de
2020
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| Shutterstock | Alessia Pierdomenico |
“Muchas veces, durante mi vida como sacerdote y
obispo, lo he mirado pidiendo en mis oraciones el don de ser fiel al Evangelio
como él nos lo testimonió”, escribió el papa Francisco en el prefacio del
volumen San Juan Pablo II. 100 años. Palabras e imágenes [2020, p. 128, euro
7], publicado por la Librería Editora Vaticana con motivo del centenario del
nacimiento del Pontífice polaco: el 18 de mayo de 2020.
Karol Wojtyla (Wadowice, Cracovia, 1920 –
Roma, 2005) “fue un gran
estímulo de fe, un gran hombre de oración que vivió plenamente inmerso en su
tiempo y en constante contacto con Dios, una guía segura para la Iglesia en
tiempos de grandes cambios”.
El Papa latinoamericano que fue creado
cardenal por papa Juan Pablo II el 21 de febrero en 2001, escribió,
“introduciendo esta bella iniciativa de la Editorial Vaticana” que, a menudo, sobre su predecesor, se corre “el
riesgo de olvidar”, lo “que este Papa sufrió en su vida”. “Sus
sufrimientos personales han sido vinculados a los de su pueblo y a los de su
Polonia natal”.
“Huérfano de madre precozmente, vivió la
tragedia de la muerte de su querido hermano y luego de su padre”, recuerda papa
Bergoglio. Sin embargo, ha expresando su esperanza de que los jóvenes,
especialmente, los que no vivieron su pontificado, recuerden “su fe y dejemos
que su figura sea un ejemplo para que vivamos hoy nuestro testimonio.
Escuchamos su llamada para abrir las puertas de par en par a Cristo, para no
tener miedo”.
El Papa que oraba
“San Juan Pablo II fue un gran testigo de
la fe, un gran hombre de oración que vivió completamente inmerso en su temor y
en constante contacto con Dios, una guía segura para la Iglesia en tiempos de
grandes cambios. Muchas veces en mi vida como sacerdote y obispo lo he mirado
en mis oraciones pidiendo el don de ser fiel al Evangelio como nos lo ha
testimoniado”.
Permanece como un legado vivo para la
Iglesia su Magisterio, sus encíclicas sobre Jesús Redentor del hombre, sobre
Dios rico en misericordia, sobre el Espíritu Santo, la encíclica Redemptoris
Mater sobre María en la vida de la Iglesia; sus encíclicas sociales,
sus signos cotidianos, el precioso don del Catecismo de la Iglesia Católica”.
Entre sus exhortaciones y cartas apostólicas
destacan Catechesi tradendae (Sobre la catequesis, hoy,
1979), Familiaris consortio (La familia, 1981), Salvifici
doloris(El dolor salvífico, 1984), Reconciliato et paenitentia (Reconciliación
y penitencia, 1984), Mulieris dignitatem (La dignidad de la mujer,
1988), Christifidelis laici (Los fieles cristianos, 1988)
y Redemptoris custos (El custodio del Redentor, 1989).
En Evangelium vitae (1995)
trató las cuestiones del aborto, las técnicas de reproducción asistida y la
eutanasia. Ut unum sint (Que todos sean uno, 1995) fue la
primera encíclica de la historia dedicada al ecumenismo. En 1994 publicó el
libro Cruzando el umbral de la esperanza.
El Papa del diálogo
Francisco escribe que “quedan grabadas en
la memoria de quienes hemos vivido los años de su largo y fecundo pontificado,
su gran pasión por el ser humano, su apertura, su búsqueda del diálogo con
todos, su determinación de poner todo su empeño en detener las guerras, su
propensión a salir al encuentro a quien fuera y abrazar a los que sufren”.
Papa de la Iglesia católica (1978-2005),
elegido para el solio de Pedro en octubre de 1978, cuando ocupaba el puesto de
cardenal-arzobispo de Cracovia, el prelado polaco Karol Wojtyla fue el primer
pontífice no italiano en más de cuatro siglos. “Con él, el primer obispo de
Roma de Europa del Este, la “Iglesia del silencio”, la Iglesia de los mártires
de más allá de la Cortina, encontró una voz”, escribió Bergoglio.
El Papa del sufrimiento
Wojtyla, hijo de un empleado polaco y de
una maestra de escuela, de joven practicó el atletismo, el fútbol y la
natación; fue también un alumno excelente y presidió diversos grupos
estudiantiles. Desarrolló además una gran pasión por el teatro, y durante algún
tiempo aspiró a estudiar literatura y convertirse en actor profesional.
“Pero
no es de este San Juan Pablo II de quien quiero hablarles, introduciendo esta
bella iniciativa de la Editorial Vaticana. Lo que a veces corremos el riesgo de
olvidar, y que me gustaría llamar la atención de los lectores, es lo que este
Papa sufrió en su vida. Sus sufrimientos personales han sido vinculados a los
de su pueblo y a los de su Polonia natal”.
Francisco rememora la valentía del joven
Karol: “Huérfano de madre precozmente, vivió la tragedia de la muerte de su
querido hermano y luego de su padre. Cuando entró en el Seminario clandestino
de Cracovia, perdió a todos sus familiares más cercanos.
Vivió su donación total a Dios y a su
Iglesia en una época en la que muchos de sus amigos perdieron la vida durante
la guerra. En uno de sus libros biográficos, ya Papa, reveló que cada día se
preguntaba por qué el Señor lo había dejado vivo, mientras tanta gente moría a
su alrededor. El sufrimiento que experimentó, confiándose totalmente al Señor,
lo forjó y él fortaleció aún más la fe cristiana a la que se educó en familia”.
El Papa que evangelizó con el testimonio
“Fue un extraordinario educador de muchos
jóvenes, cuando era un joven sacerdote, atraídos al camino de una fe concreta,
testimoniada, vivida en cada momento de la vida. San Juan Pablo sufrió como Papa,
sufrió el terrible atentado de 1981, ofreció su vida, derramó su sangre por la
Iglesia y nos dio testimonio de que incluso en la difícil prueba de la
enfermedad, podemos ser felices, podemos ser nosotros mismos. Uno puede
regocijarse en la certeza del encuentro con Jesús resucitado.
O bien quince años nos separan de su
muerte. Tres décadas pueden ser pocas, pero son muchas para los jóvenes que no
lo han conocido o que sólo tienen unos pocos recuerdos vagos de Él desde la
infancia”.
Tras el Jubileo de 1983-1984, el Año
Santo de la Redención, el Papa Juan Pablo II instituyó oficialmente la
Jornada Mundial de la Juventud. Domingo de Ramos de 1986 tuvo lugar en
Roma la primera Jornada Mundial de la Juventud, la primera de una serie que
contribuyó a atribuir a Karol Wojtyła el apodo de “el Papa de los jóvenes”.
El Papa de la misericordia
Francisco escribe: “Por eso, en el centenario
de su nacimiento, fue correcto recordar a este gran santo, el estímulo de la fe
que Dios ha dado a su Iglesia y a la humanidad. Fue un gran testigo de
misericordia y durante todo su pontificado nos recordó esta característica de
Dios.
Es agradable recordarlo de una manera
simple: con imágenes, tan expresivas y capaces de transmitirnos lo que fue Juan
Pablo II. Y con textos cortos y oraciones tomadas de sus homilías, sus
documentos y su magisterio. Espero que este texto pueda llegar a las manos de muchos
y sobre todo de los jóvenes: recordemos su fe, y que su figura sea un ejemplo
para nosotros para vivir nuestro testimonio hoy.
Escuchemos su llamada para abrir de par
en par las puertas a Cristo, para no tener miedo. Caminemos alegremente, a
pesar de las dificultades, por los caminos del mundo, siguiendo las huellas de
los gigantes que nos han precedido en la certeza de que no estamos ni estaremos
nunca solos. Esto es lo que nos enseñó San Juan Pablo II a lo largo de su vida,
cultivando siempre un vínculo especial con nuestra Madre del Cielo, María,
Madre de la ternura y la misericordia”.
Tras un proceso de intenso deterioro físico, Juan Pablo II falleció el 2 de
abril de 2005.
Ary Waldir Ramos Díaz
Fuente: Aleteia






