Ayer
1 de julio se conmemoró la fiesta de un misionero que no impuso, sino que
propuso el cristianismo a los indígenas. Ayudó a fundar la nación que es hoy
Estados Unidos
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| AFP PHOTO / FREDERIC J. BROWN |
En
una carta dirigida a los fieles católicos de California (y de Estados Unidos),
el arzobispo de Los Ángeles y presidente de la Conferencia de Obispos Católicos
de Estados Unidos, José H. Gómez, para la fiesta de San Junípero Serra, se
refirió a las recientes controversias en torno a los monumentos públicos del
santo español y a la verdad histórica de su figura.
Las
estatuas de San Junípero Serra, el Apóstol de California, que se encontraban en
la ciudad de San Francisco y en la plaza que está frente a la primera iglesia
que se construyó en Los Ángeles, Nuestra Señora Reina de los Ángeles, en el
centro histórico de la ciudad, fueron derribadas recientemente. En California,
hay un creciente debate relativo a la eliminación de los monumentos de Serra en
terrenos públicos.
De
hecho, las autoridades de la ciudad de Ventura –donde hace una semana un grupo
de fieles católicos defendió la estatua de San Junípero de los manifestantes
que “acusan” al fraile franciscano de genocidio contra los pueblos originarios
de California y de imponerles con violencia el Evangelio– sostendrán una
audiencia pública el próximo el 7 de julio. La asamblea será para discutir si
retiran o no la estatua de bronce de San Junípero que se encuentra frente al
Ayuntamiento.
Ante
la posibilidad de más acciones vandálicas, las autoridades eclesiales, en
conjunto con las autoridades civiles, están tomando crecientes medidas de
seguridad en las misiones históricas ubicadas en la enorme arquidiócesis de Los
Ángeles. “Desafortunadamente –dice el arzobispo Gómez en su carta– es posible
que tengamos que reubicar algunas de las estatuas de nuestro amado santo, o
arriesgarnos a que sean profanadas”.
El dolor frente a la
verdad histórica
En
su carta, Gómez dice que entiende “el profundo dolor que manifiestan algunos
pueblos nativos de California”. Sin embargo, no se debe perder de vista que el
misionero español “es un santo para nuestros tiempos, el fundador espiritual de
Los Ángeles, un defensor de los derechos humanos y el primer santo hispano de
este país”.
Si
bien en Estados Unidos la forma como se explotó y se destruyó a las antiguas civilizaciones
no se ha corregido, por lo menos, dice el arzobispo Gómez, en la arquidiócesis
de Los Ángeles se ha trabajado muy duro para reparar los errores y fallas del
pasado y para encontrar el camino a seguir. “Honramos las contribuciones que
los pueblos nativos hicieron para construir la Iglesia del sur de California y
tenemos en gran estima los dones que ellos aportan para la misión de la Iglesia
de hoy”.
El
arzobispo Gómez afirma que, con el paso de los años, he llegado a comprender el
motivo por el que la imagen del Padre Serra y de las misiones, sea algo que
evoca “recuerdos dolorosos para algunas personas”. Por ese motivo, no se debe
restar importancia a las protestas en California y en Estados Unidos
relacionadas con figuras históricas y los monumentos que las representan. Si
bien es cierto que “la memoria histórica es el alma de cada nación”, también lo
es que la historia es complicada.
“Los
hechos son importantes, pero hay que hacer distinciones y la verdad es también
importante. No podemos aprender las lecciones de la historia o sanar antiguas
heridas a menos que comprendamos lo que realmente sucedió, cómo sucedió y por
qué sucedió”, escribe el arzobispo de Los Ángeles.
“Nuestra
sociedad puede llegar al consenso de no honrar a Serra o a otras figuras de
nuestro pasado. Pero los funcionarios electos no pueden renunciar a sus
responsabilidades, dejando estas decisiones en manos de pequeños grupos de
manifestantes y permitiéndoles practicar actos vandálicos hacia monumentos
públicos. No es ése el modo en que debería de funcionar una gran democracia”,
escribe con autoridad el prelado estadounidense en su carta.
Honrar o no honrar a San
Junípero
El
arzobispo Gómez, quien ha estudiado y ha escrito mucho sobre la figura de San
Junípero, argumenta sobre la importancia de mantener vivo el derecho a la
libertad de expresión. Sin embargo, dice, también es fundamental mantener el
Estado de derecho y garantizar que las decisiones sobre honrar o no honrar
figuras históricas, están basadas en un diálogo genuino y en la búsqueda de la
verdad y del bien común.
“En
este sentido, la manera en la que la ciudad de Ventura está manejando el debate
sobre su monumento a Serra puede ser el modelo de un diálogo público, reflexivo
y respetuoso, que incluya a las autoridades civiles, a los líderes indígenas y
a los representantes de la Iglesia y de la comunidad en general”, señala el
purpurado, nacionalizado estadounidense pero nacido en México. Insiste en que
no se debe ocultar que muchos de quienes están apoyando derribar las estatuas
de San Junípero, ni conocen su carácter ni conocen su historia.
“La
triste realidad es que ya desde hace varias décadas, los activistas empezaron a
*revisar* la historia para hacer de Junípero Serra el centro de atención de
todos los abusos cometidos contra los pueblos indígenas de California”, explica
el arzobispo Gómez. Y añade: “Pero los crímenes y abusos de los que se culpa a
nuestro santo, las calumnias que hoy se difunden ampliamente en internet y que
algunas veces son apoyadas por figuras públicas, realmente ocurrieron mucho
después de su muerte”.
De
hecho fue el primer gobernador de California, Peter Burnett, quien hizo un
llamado a “una guerra de exterminio” contra los indígenas, una política que
continuó con las administraciones gubernamentales sucesivas durante varias
décadas, donde el Estado ofrecía recompensas de 25 a 50 dólares por cada nativo
muerto… Eso fue en 1851. Junípero Serra murió en 1784.
Quién fue el verdadero San
Junípero
El
verdadero San Junípero, expresa el arzobispo de Los Ángeles, luchó contra un
sistema colonial en el que los nativos eran mirados como “bárbaros” y
“salvajes” y cuyo único valor era estar al servicio de los apetitos del hombre
blanco. Para San Junípero, esta ideología colonial era una blasfemia contra el
Dios que “creó (a todos los hombres y las mujeres) y que los redimió con la
preciosísima sangre de su Hijo”.
“Él
vivió y trabajó junto con los pueblos nativos y pasó toda su carrera
defendiendo la humanidad de ellos y protestando por los crímenes e indignidades
cometidos en su contra. Entre las injusticias a las que se enfrentó en su
lucha, encontramos en sus cartas, pasajes desgarradores, en los que denuncia el
diario abuso sexual de las mujeres indígenas por parte de los soldados
coloniales”, explica el prelado estadounidense.
Más
adelante, enumera las virtudes del misionero mallorquín: reconocía en los
indígenas su “amabilidad y disposición pacífica”; celebraba su creatividad y
conocimiento; sus actos de amabilidad y generosidad e incluso el dulce sonido
de sus voces al cantar. Además –como hizo en la Sierra Gorda de Querétaro
(México) donde vivió por nueve años entre los indígenas pames y jonaces– aprendió
sus lenguas y sus costumbres y culturas antiguas.
En
realidad, escribe Gómez, San Junípero no vino a conquistar; él llegó más bien
para ser un hermano de los pueblos originarios del sur de California. “Todos
hemos venido aquí y hemos permanecido en este lugar con el único propósito de
su bienestar y salvación”, escribió en una ocasión. “Y creo que todos se dan
cuenta de que los amamos”.
Finalmente,
explica el arzobispo Gómez, “Serra se convirtió en uno de los primeros
ambientalistas de Estados Unidos, al documentar los diversos hábitats de
California en los escritos de su diario y en cartas en las que describió las
montañas y llanuras, el sol abrasador y los efectos de la sequía, el
desbordamiento de arroyos y ríos, los álamos y sauces, las rosas en flor o el
rugido de un león que mantuvo a los misioneros despiertos por la noche”.
El
misionero que había llegado a la Nueva España, “entendió que el alma de los
indígenas estadounidenses había sido oscurecida por la amargura y la rabia
causadas por maltrato histórico que sufrieron y por las atrocidades cometidas
contra ellos”.
Un juicio sereno
En
su carta, después de desmenuzar una serie de hechos históricos relevantes que
muestran la inclinación de Serra por proteger a los naturales, el arzobispo
Gómez afirma, categóricamente, que San Junípero no impuso el cristianismo a los
indígenas, sino que lo propuso”. Para él, el mayor don que podía ofrecer era el
llevar a las personas al encuentro con Jesucristo. Vivir en las misiones
siempre fue algo voluntario y al final sólo entre el diez y el veinte por
ciento de la población nativa de California llegó a unirse a él.
“En
esta hora de juicio por la que pasa nuestra nación, en un momento en el que nos
estamos enfrentando una vez más con el vergonzoso legado del racismo en Estados
Unidos, los invito a que se unan a mí para que el 1 de julio conmemoremos la
fiesta de San Junípero, viviéndolo como un día de oración, de ayuno y de
caridad”, termina diciendo el arzobispo de Los Ángeles.
Jaime
Septién
Fuente:
Aleteia






