El
sucesor de Pedro ha puntualizado que los seguidores de Jesús se reconocen por
su cercanía a los pobres, a los pequeños, a los enfermos y a los presos, a los
excluidos, a los olvidados, a quien está privado de alimento y ropa
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| Catequesis sobre COVID-19, 19 agosto 2020 (C) Vatican Media |
La
opción preferencial por los pobres “está en el centro del Evangelio” ha
advertido el Papa Francisco en la audiencia general, este miércoles, 19 de
agosto de 2020, durante su tercera catequesis sobre COVID-19.
Es
una “exigencia ético-social” que proviene del amor de Dios, ha matizado, y “nos
da el impulso a pensar y a diseñar una economía donde las personas, y sobre
todo los más pobres, estén en el centro”.
El
Papa argentino ha aclarado que esto “nos anima también a proyectar la cura del
virus privilegiando a aquellos que más lo necesitan” y ha expresado que sería
“triste” si en la vacuna para la COVID-19 “se diera la prioridad a los ricos”,
así como si ésta “se convirtiera en propiedad de esta o aquella nación y no sea
universal y para todos”.
Respuesta doble a la
pandemia
Para
el Pontífice, “la respuesta a la pandemia es doble”: Por un lado, es
“indispensable encontrar la cura” para un virus pequeño “pero terrible, que
pone de rodillas a todo el mundo”, y por el otro, “curar un gran virus, el de
la injusticia social, de la desigualdad de oportunidades, de la marginación y
de la falta de protección de los más débiles”. En esta “doble respuesta de
sanación”, la opción preferencial por los pobres “no puede faltar”, ha
asegurado.
El
sucesor de Pedro ha puntualizado que los seguidores de Jesús se reconocen por
su cercanía a los pobres, a los pequeños, a los enfermos y a los presos, a los
excluidos, a los olvidados, a quien está privado de alimento y ropa. “Este es
un criterio-clave de autenticidad cristiana”, ha remarcado.
En
este contexto, Francisco ha recordado que Cristo mismo, que es Dios, “se ha
despojado a sí mismo, haciéndose igual a los hombres; y no ha elegido una vida
de privilegio, sino que ha elegido la condición de siervo”. Así, ha matizado
que “Él ha corrido el riesgo por estar cerca de los pobres”.
Más allá de la asistencia
humanitaria
Precisamente
coincidiendo con la celebración del Día Mundial de la Asistencia Humanitaria,
el Papa ha insistido en que “la fe, la esperanza y el amor necesariamente nos
empujan hacia esta preferencia por los más necesitados”, que “va más allá de la
pura necesaria asistencia”, ha dicho.
Esto
implica de hecho el “caminar juntos, el dejarse evangelizar por ellos, que
conocen bien al Cristo sufriente, el dejarse ‘contagiar’ por su experiencia de
la salvación, de su sabiduría y de su creatividad”.
Según
el Santo Padre, “hoy tenemos una ocasión para construir algo diferente”. Por
ejemplo, “podemos hacer crecer una economía de desarrollo integral de los
pobres y no de asistencialismo”, ha recalcado, pero sin querer “condenar la
asistencia”, ha aclarado, pues “las obras de asistencia son importantes”.
A
continuación, se ofrece el texto de la traducción no oficial de la catequesis
del Papa, difundido por la Oficina de Prensa de la Santa Sede.
Catequesis del Papa
Francisco
Queridos
hermanos y hermanas, ¡buenos días!
La
pandemia ha dejado al descubierto la difícil situación de los pobres y la gran
desigualdad que reina en el mundo. Y el virus, si bien no hace excepciones
entre las personas, ha encontrado, en su camino devastador, grandes
desigualdades y discriminación. ¡Y las ha incrementado!
Por
tanto, la respuesta a la pandemia es doble. Por un lado, es indispensable
encontrar la cura para un virus pequeño pero terrible, que pone de rodillas a
todo el mundo. Por el otro, tenemos que curar un gran virus, el de la
injusticia social, de la desigualdad de oportunidades, de la marginación y de
la falta de protección de los más débiles. En esta doble respuesta de sanación
hay una elección que, según el Evangelio, no puede faltar: es la opción
preferencial por los pobres (cfr Exhort. ap. Evangelii gaudium [EG],
195). Y esta no es una opción política; ni tampoco una opción ideológica, una
opción de partidos. La opción preferencial por los pobres está en el centro del
Evangelio. Y el primero en hacerlo ha sido Jesús; lo hemos escuchado en el
pasaje de la Carta a los Corintios que se ha leído al inicio. Él, siendo rico,
se ha hecho pobre para enriquecernos a nosotros. Se ha hecho uno de nosotros y
por esto, en el centro del Evangelio, en el centro del anuncio de Jesús está
esta opción.
Cristo
mismo, que es Dios, se ha despojado a sí mismo, haciéndose igual a los hombres;
y no ha elegido una vida de privilegio, sino que ha elegido la condición de
siervo (cfr Fil 2, 6-7). Se aniquiló a sí mismo convirtiéndose en
siervo. Nació en una familia humilde y trabajó como artesano. Al principio de
su predicación, anunció que en el Reino de Dios los pobres son bienaventurados
(cfr Mt 5, 3; Lc 6, 20; EG, 197). Estaba en medio de
los enfermos, los pobres y los excluidos, mostrándoles el amor misericordioso
de Dios (cfr Catecismo de la Iglesia Católica, 2444). Y muchas veces ha
sido juzgado como un hombre impuro porque iba donde los enfermos, los leprosos,
que según la ley de la época eran impuros. Y Él ha corrido el riesgo por estar
cerca de los pobres.
Por
esto, los seguidores de Jesús se reconocen por su cercanía a los pobres, a los
pequeños, a los enfermos y a los presos, a los excluidos, a los olvidados, a
quien está privado de alimento y ropa (cfr Mt 25, 31-36; CCC,
2443) . Podemos leer ese famoso parámetro sobre el cual seremos juzgados todos,
seremos juzgados todos. Es Mateo, capítulo 25. Este es un criterio-clave de
autenticidad cristiana (cfr Gal 2,10; EG, 195). Algunos piensan,
erróneamente, que este amor preferencial por los pobres sea una tarea para
pocos, pero en realidad es la misión de toda la Iglesia, decía San Juan Pablo
II (cfr S. JUAN PABLO II, Enc. Sollicitudo rei socialis, 42). “Cada
cristiano y cada comunidad están llamados a ser instrumentos de Dios para la
liberación y promoción de los pobres” (EG, 187).
La
fe, la esperanza y el amor necesariamente nos empujan hacia esta preferencia
por los más necesitados,1que va más allá de la pura necesaria asistencia
(cfr EG, 198). Implica de hecho el caminar juntos, el dejarse evangelizar
por ellos, que conocen bien al Cristo sufriente, el dejarse “contagiar” por su
experiencia de la salvación, de su sabiduría y de su creatividad (cfr ibid.).
Compartir con los pobres significa enriquecerse mutuamente. Y, si hay
estructuras sociales enfermas que les impiden soñar por el futuro, tenemos que
trabajar juntos para sanarlas, para cambiarlas (cfr ibid., 195). Y a esto
conduce el amor de Cristo, que nos ha amado hasta el extremo (cfr Jn 13,
1) y llega hasta los confines, a los márgenes, a las fronteras existenciales.
Llevar las periferias al centro significa centrar nuestra vida en Cristo, que
“se ha hecho pobre” por nosotros, para enriquecernos “por medio de su pobreza”
(2 Cor 8, 9).2
Todos
estamos preocupados por las consecuencias sociales de la pandemia. Todos.
Muchos quieren volver a la normalidad y retomar las actividades económicas.
Cierto, pero esta “normalidad” no debería comprender las injusticias sociales y
la degradación del ambiente. La pandemia es una crisis y de una crisis no se
sale iguales: o salimos mejores o salimos peores. Nosotros debemos salir
mejores, para mejorar las injusticias sociales y la degradación ambiental. Hoy
tenemos una ocasión para construir algo diferente. Por ejemplo, podemos hacer
crecer una economía de desarrollo integral de los pobres y no de
asistencialismo. Con esto no quiero condenar la asistencia, las obras de
asistencia son importantes.
Pensemos
en el voluntariado, que es una de las estructuras más bellas que tiene la
Iglesia italiana. Pero tenemos que ir más allá y resolver los problemas que nos
impulsan a hacer asistencia. Una economía que no recurra a remedios que en
realidad envenenan la sociedad, como los rendimientos disociados de la creación
de puestos de trabajo dignos (cfr EG, 204). Este tipo de beneficios está
disociado por la economía real, la que debería dar beneficio a la gente común
(cfr Enc. Laudato si’ [LS], 109), y además resulta a veces indiferente a
los daños infligidos a la casa común.
La
opción preferencial por los pobres, esta exigencia ético-social que proviene
del amor de Dios (cfr LS, 158), nos da el impulso a pensar y a diseñar una
economía donde las personas, y sobre todo los más pobres, estén en el centro. Y
nos anima también a proyectar la cura del virus privilegiando a aquellos que
más lo necesitan. ¡Sería triste si en la vacuna para la COVID-19 se diera la
prioridad a los ricos! Sería triste si esta vacuna se convirtiera en propiedad
de esta o aquella nación y no sea universal y para todos. Y qué escándalo sería
si toda la asistencia económica que estamos viendo – la mayor parte con dinero
público – se concentrase en rescatar industrias que no contribuyen a la
inclusión de los excluidos, a la promoción de los últimos, al bien común o al
cuidado de la creación (ibid.). Hay criterios para elegir cuáles serán las
industrias para ayudar: las que contribuyen a la inclusión de los excluidos, a
la promoción de los últimos, al bien común y al cuidado de la creación. Cuatro
criterios.
Si
el virus tuviera nuevamente que intensificarse en un mundo injusto para los
pobres y los más vulnerables, tenemos que cambiar este mundo. Con el ejemplo de
Jesús, el médico del amor divino integral, es decir de la sanación física,
social y espiritual (cfr Jn 5, 6-9), – como era la sanación que hacía
Jesús -, tenemos que actuar ahora, para sanar las epidemias provocadas por
pequeños virus invisibles, y para sanar esas provocadas por las grandes y
visibles injusticias sociales. Propongo que esto se haga a partir del amor de
Dios, poniendo las periferias en el centro y a los últimos en primer lugar. No
olvidar ese parámetro sobre el cual seremos juzgados, Mateo, capítulo 25.
Pongámoslo en práctica en este repunte de la epidemia. Y a partir de este amor
concreto, anclado en la esperanza y fundado en la fe, un mundo más sano será
posible. De lo contrario, saldremos peor de esta crisis. Que el Señor nos
ayude, nos dé la fuerza para salir mejores, respondiendo a la necesidad del
mundo de hoy.
Rosa
Die Alcolea
©
Librería Editorial Vaticano
Fuente:
Zenit






