¿Qué significa el silencio en la liturgia?
Silencios en la misa y cuál es su significado
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Antes del “Yo confieso”: es un
silencio para ponernos en la presencia del tres veces santo, reconocer nuestra
condición de pecadores y pedirle perdón, y de esta manera poder entrar dignos a
celebrar y vivir los misterios de pasión, muerte y resurrección de Cristo.
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Antes de la oración colecta: el
sacerdote dice: “Oremos”. Es aquí donde el sacerdote, en nombre de Cristo,
recoge todas nuestras peticiones y súplicas, traídas a la santa Misa.
Antiguamente se usaban también otras fórmulas, dichas por el diácono, para
llamar la atención de la asamblea antes de esta oración:
· “Guardad silencio”.
· ”Prestad oídos al Señor”.
En este silencio cada uno concreta sus propias intenciones. Por eso se llama
oración colecta, porque colecciona y recoge los votos, intenciones y peticiones
de toda la Iglesia orante.
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Después de la lectura del Evangelio, si
no hay homilía; si hay homilía, después de la misma. ¿Qué significado
tiene ese breve silencio? Dejar que la Palabra de Dios, leída y explicada por
el ministro de la Iglesia, vaya penetrando y germinando en nuestra alma. ¡Ojalá
se encuentre siempre el alma abierta! ¡Qué pena sería que ese silencio fuera un
torbellino de distracciones! Sería dejar meter los pajarracos que nos comerán
esa semilla apenas sembrada en las lecturas y en el Evangelio.
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Momento de la elevación de la Hostia
consagrada y del Cáliz con la sangre de Cristo en la consagración. Es
un silencio de adoración, de gratitud, de admiración ante ese milagro
eucarístico. Es un silencio donde nos unimos a ese Cristo que se entrega por
nosotros.
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Después de la comunión, viene el
gran silencio. Silencio para escuchar a ese Dios que vino a nuestra alma,
en forma de pan, silencio para compartir nuestra intimidad con Él. Silencio para
ponernos en sus manos. Silencio para unirnos a todos los que han comulgado y
encomendar a quienes no han podido comulgar. ¡Aquí está la fuerza de la
comunión!
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También se recomienda un brevísimo
silencio después de cada petición en la oración de los fieles. Aquí es
un silencio impetratorio, donde pedimos por todas las necesidades de la
Iglesia, del mundo y de los hombres.
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Es muy aconsejable, después de la misa
quedarse unos minutos más en silencio, para poder agradecer a Dios
este augusto y admirable sacramento, al que nos ha permitido participar en la
santa misa.
En los demás sacramentos también hay momentos de silencio fecundo:
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En las ordenaciones sacerdotales: cuando
el obispo impone las manos sobre la cabeza de ese diácono que en breve será consagrado
sacerdote... Es un silencio sobrecogedor. ¡En ese momento viene el Espíritu
Santo y a ese hombre le concede Dios la gracia de ser sacerdote, ministro de
Dios, que “obra en nombre de Cristo, Maestro, Pastor y Pontífice, y actúa en su
persona” , otorgándole el poder de consagrar el pan y el vino en el Cuerpo y la
Sangre de Cristo, y el poder de confesar los pecados, en nombre de Cristo! Lo
convierte Dios de simple hombre a ministro de su gracia para la salvación del
mundo.
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En la unción de los enfermos: es
un silencio para pedir a Dios la gracia de la curación espiritual, sin duda, y
la corporal, si es la voluntad de Dios.
- En un momento antes de la bendición de los novios: silencio para pedir a Dios la gracia de la fidelidad de los nuevos esposos.
Por: P Antonio Rivero
Fuente:
Catholic.net






