Serie
de Netflix
Hoy,
en “Teología para Millennials”, el sacerdote
mexicano Mario Arroyo Martínez analiza DARK,
una de las series del momento, que Netflix ofrece a miles de usuarios
en todo el mundo.
Una
de las series más vistas durante este verano ha sido DARK,
la primera de producción alemana ofrecida por Netflix. A nadie nos pasa
desapercibida la gran importancia que tienen actualmente las series, pues no
solo se trata de una industria lúdica, lo que ya es bastante: ¿a qué dedicamos
nuestros momentos de ocio? Constituyen, además, un importante vector de ideas,
espejo de la sociedad y educador cultural. Para bien o para mal, mientras
descansamos, nos van transmitiendo una visión de la vida, la cual muchas veces
imitamos de forma más o menos consciente. No se trata de nada nuevo: lo que antes
hacían los literatos, ahora lo hacen los guionistas; finalmente el descanso y
el esparcimiento ayudan a configurar nuestra visión de la vida.
Desde
siempre ha sido así, es lugar común, por ejemplo, considerar a Homero como el
educador de Grecia, gracias a la Iliada y la Odisea; o a
Virgilio de Roma, con la Eneida. A lo largo de la historia, la literatura
y el arte nos han ofrecido no solo una fecunda forma de descanso, sino también
una profundización en el misterio de la vida, del mundo y del corazón humano.
En épocas recientes la estafeta la han recogido las producciones
cinematográficas y, últimamente, las series. La trascendencia de la industria
lúdica resulta evidente, pues configura en gran medida nuestra forma de
entendernos a nosotros mismos, a la vida y al mundo.
Por
eso, frente a la tentación de producir “diversión-basura”, en la que uno
descansa por tener auténticamente un “encefalograma plano” (es decir, no tener
que pensar absolutamente nada), frente a la tentación de recurrir a los lugares
comunes de violencia y sexo exacerbados, da gusto descubrir series de calidad,
que nos hagan pensar y replantearnos nuestra relación con nosotros mismos, la
vida y el mundo. DARK es una de ellas; en cualquier caso, si algo
consigue, es hacerte pensar, casi pareciera que busca hacer estallar la cabeza
de los espectadores.
Las
series son un vector privilegiado de la cultura popular. Hay que agradecerle
a DARK su labor divulgativa sobre algunos de los temas académicos más
complejos, tanto de la física como de la filosofía. Cumple así, sobradamente,
un valioso papel educativo, no exento de las inevitables inexactitudes, pero
que despierta el interés y pone en la mesa, profundas cuestiones científicas y
existenciales, haciéndolo, además, de forma entretenida e incluso trepidante.
La vertiginosa trama se aboca de lleno al misterio del tiempo, eterno
quebradero de cabeza humano, tanto en su perspectiva física como filosófica. Y,
al tema del tiempo, añade profundas reflexiones sobre el destino y la libertad
humanas. ¿Somos realmente libres? ¿Nuestra vida está de antemano determinada
por el destino? ¿Podemos enfrentarnos a nuestro destino y cambiarlo?
DARK conscientemente
retoma, como en la antigua tragedia griega de Sófocles o Esquilo, el drama del
hombre que intenta enfrentarse a su destino y, al hacerlo, simplemente le da
cumplimiento. De hecho, la serie incluye, en evidente paralelismo, una
representación teatral del Hilo de Ariadna, de forma que el conocido mito
griego cobraría actualidad en nuestras pantallas. La producción tiene, en gran
medida, la personalidad de una tragedia griega, aunque con un guiño a la
esperanza, pues finalmente es el amor de una madre por su hija quien consigue
romper el bucle temporal; la libertad triunfa así sobre el destino. El amor, sea
de una madre a su hija, de un padre a su hijo o de dos jóvenes entre sí, es el
gran protagonista de esta historia, lo que le otorga la carta de ciudadanía
proporcionada por la calidez humana.
El
amor en la serie no es el barato, puramente sentimental o simplemente erótico;
por el contrario, en todos los personajes principales supone sacrificio,
renuncia, entrega. En este sentido, sin decirlo, hace una referencia, quizá
inconsciente, a la perspectiva cristiana de la vida: la necesidad del
sacrificio personal para alcanzar la redención, la necesidad de ser salvados de
nosotros mismos, y la intuición de que ello es posible solo por el amor
entendido como donación y sacrificio. Lo maravilloso es que DARK, mientras
nos entretiene, nos descubre el amor a través de las paradojas de la mecánica
cuántica y las aporías filosóficas sobre el tiempo, el espacio y la libertad.
Mario
Arroyo Martínez
Fuente:
Zenit






