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| Basílica de San Pedro en el Vaticano. Foto: Daniel Ibáñez / ACI Prensa |
El 6 de octubre, el Observador Permanente de la Santa Sede ante
las Naciones Unidas, Mons. Gabriele Caccia, indicó en un comunicado que la reinterpretación
de los derechos humanos beneficia a los poderosos a expensas de los débiles.
Durante la 75° sesión de la Asamblea General de las Naciones
Unidas en Nueva York, Mons. Caccia indicó que el Vaticano está profundamente
preocupado por “la creciente presión para reinterpretar los fundamentos mismos
de los derechos humanos y comprometer su unidad interior para alejarse de la
protección de la dignidad humana y satisfacer intereses políticos y
económicos”.
El Prelado criticó específicamente la promoción del aborto y la
eutanasia como supuestos “derechos”.
“Esta falta de comprensión de la naturaleza y la realidad de los
derechos humanos conduce a graves desigualdades e injusticias, como ignorar a
los niños en el útero y tratar la vida de los ancianos y las personas con
discapacidad como una carga insoportable para la sociedad”, agregó.
Mons. Caccia citó el Samaritanus bonus, una carta publicada
el mes pasado por la Congregación para la Doctrina de la Fe, e indicó que “así
como no existe el derecho al aborto, tampoco existe el derecho a la eutanasia”.
“Las leyes existen, no para causar la muerte, sino para proteger
la vida y facilitar la convivencia entre los seres humanos”, añadió.
Además, señaló que el carácter sagrado de la vida humana impulsó
al Vaticano a oponerse a la pena de muerte.
Los comentarios de Mons. Caccia son parte de una serie de
intervenciones del Vaticano ante la ONU como una forma de promover la
cooperación internacional.
A fines del mes pasado, el Papa Francisco lamentó la promoción del
aborto por “algunos países e instituciones internacionales” en un mensaje a la
Asamblea General de la ONU y pidió la reforma del organismo intergubernamental
en su nueva encíclica, “Fratelli tutti”, que fue publicada
el 4 de octubre.
El secretario de Estado del Vaticano, Cardenal Pietro Parolin, ofreció una
evaluación crítica sobre los 75 años de historia de la ONU en su discurso ante
la Asamblea General.
“Las Naciones Unidas no son perfectas y no siempre han estado a la
altura de su nombre e ideales, y se han perjudicado a sí mismas cuando los
intereses particulares han triunfado sobre el bien común”, resaltó.
Durante su declaración, Mons. Caccia abordó también las
desigualdades acrecentadas por la pandemia del coronavirus, la violencia contra
las mujeres, los derechos de los niños, el bienestar de los pueblos indígenas,
el racismo y la justicia penal.
El Prelado señaló que el virus, que ha matado a más de un millón
de personas en todo el mundo, ha “impactado dramáticamente” a los ancianos y
discapacitados, y resaltó que las “oleadas de desempleo y subempleo”
resultantes han creado temor en los jóvenes por el futuro.
Asimismo, pidió mayores esfuerzos para combatir la violencia contra las mujeres
y las niñas y lamentó que estos ataques han aumentado con el brote de COVID-19.
Mons. Caccia añadió que la crisis tiene “efectos devastadores” en
los niños, millones de los cuales no pueden regresar a la escuela y están en
riesgo de explotación, y dijo que la pandemia ha empeorado las condiciones de
los pueblos indígenas, que luchan por obtener medicinas, alimentos y agua en
medio de restricciones a nivel nacional.
El Prelado lamentó el “preocupante resurgimiento del nacionalismo
agresivo, la violencia étnica y el fenómeno generalizado de la discriminación
racial” e indicó que la pandemia presenta nuevos desafíos para combatir la
trata de personas, el narcotráfico y la corrupción.
Finalmente, Mons. Caccia señaló que “los derechos humanos nunca
serán plena y universalmente reconocidos a menos que todos los estados,
especialmente aquellos en conflicto, se comprometan de buena fe con esta
organización internacional y trabajen juntos para alcanzar este objetivo”.
“El consenso internacional requiere dejar de lado los conflictos
ideológicos y también las concepciones de la persona humana en las que no se
respetan la dignidad, los derechos y las libertades del otro”, concluyó.
Traducido y adaptado por Harumi Suzuki. Publicado originalmente en CNA.
Fuente: ACI Prensa






