Hay mil posibilidades de convertir nuestra vivienda en un lugar confortable, y no solo por lo material. Transforma tu casa en hogar
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| Shutterstock | Alena Ozerova |
Esto ha supuesto volver a poner los ojos en
posibles arreglos que habíamos ido demorando: una mano de pintura, ese cambio
del sofá que ya pedía a gritos la jubilación… Hay quien ha vuelto a abrir la caja de
herramientas para liquidar asuntos pendientes y
hay quien ha recordado que no se le daba mal el bricolaje y ahí se ha
enfrascado en montar un armario nuevo.
Más allá
de lo material
El caso es que la pandemia nos ha
orientado la mirada hacia algo más profundo: la familia a la
que tal vez le dedicábamos poco tiempo antes, sin querer, pero porque las
prisas y una urgencia casi constante nos «expulsaba» a vivir fuera lo más
posible.
La
oportunidad de mejorar
Con la covid-19 han llegado muchos problemas pero
también grandes
oportunidades, y una de ellas es cuidar el hogar y la familia.
No estamos hablando solo de renovar las sábanas sino de poner cariño en lo más
importante: los nuestros.
Decía santa Teresa de Calcuta,
la querida Madre Teresa: «Si no se vive para los demás, la vida
carece de sentido».
Las cosas
pequeñas
¿Cómo puedo cuidar a los de mi casa a partir de
ahora? Comencemos
por algo muy sencillo y que está al alcance de la mano: las cosas
pequeñas.
No hace
falta dinero
No estamos hablando de algo que cueste dinero:
cuidar las cosas pequeñas es gratis y puede lograr
cambios maravillosos en nuestro entorno doméstico.
DA LOS BUENOS
DÍAS.
Ten este detalle cada mañana al levantarte, puede
cambiar la perspectiva.
PIENSA ANTES DE
HABLAR.
Evitarás los prontos y las malas contestaciones.
QUE NUNCA LES FALTE TU SONRISA.
Aunque no tengas ganas, es un gran sacrificio que
hace la vida muy agradable a los de alrededor. Con este gesto de empatía,
animarás al resto a luchar (aun en tiempos de incertidumbre como los que
estamos viviendo) y se sentirán queridos (que es el mayor motor para que todo
funcione en una familia).
Recuerda la frase de san Josemaría: «Un pequeño
acto, hecho por Amor, ¡cuánto vale!» (Camino, n. 814).
DA GRACIAS.
No cedas al acostumbramiento de creer que «no hace
falta porque hay confianza». A todos nos gusta y nos ayuda un gesto de
agradecimiento. El mismo papa Francisco anima a
que los matrimonios vivan estas tres palabras: «permiso, perdón y gracias».
DETALLES QUE
HACEN AMABLE LA VIDA ORDINARIA.
Deja preparado algo que necesite la otra persona: su café, su desayuno, las pastillas y un vaso de agua…
HAZ PEQUEÑOS ÓRDENES.
Recoge lo que otros han desordenado sin quejarte y
sin pedir aplausos. La chaqueta tirada, el cuarto de baño, los vasos usados y
sin lavar en la cocina, los zapatos o zapatillas, pon la ropa sucia en el cubo…
No se trata de hacer una maratón del orden al estilo Marie Kondo, sino
sencillamente contribuir a mantener la casa de forma que esté confortable para
todos.
PON UNA IMAGEN DE
LA VIRGEN.
Tenerla cerca nos ayudará a vivir una vida más
espiritual en medio de las ocupaciones diarias. Nos recuerda que Dios nos
acompaña siempre y nos ama. Y nos ayudará a mejorar el carácter, a pedir
perdón, a saber hacer de nuestro día un ofrecimiento al Señor.
Muchos de esos detalles no los ve nadie y es
posible que ni los aprecien (aparentemente), pero:
1.Los ve Dios. A fin de cuentas es
por quien hacemos las cosas y Él sí valora nuestro esfuerzo de amor.
2. Nos hace crecer en
fortaleza y en espíritu de sacrificio, así que estamos mejor preparados para
sacrificios mayores que tal vez nos tocará hacer.
3. Haces más agradable la
vida de tu familia. No importa si tenéis un apartamento de alquiler, un
adosado o un castillo: lo que sí estarás construyendo es un hogar.
«Está bien, servidor bueno
y fiel, le dijo su señor, ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré
de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor» (Mt 25, 21)
Dolors Massot
Fuente: Aleteia






