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| © Marko Vombergar / ALETEIA |
Para estar en un coro no solo es importante cantar
bonito, también es necesaria la formación litúrgica. La Misa tiene
su forma y secuencia y la Iglesia, además de madre, también es sabia maestra
pues tiene casi dos mil años guiándonos hacia el camino correcto para nuestra
santificación.
1. LA MISA LLEVA SU PROPIO TIEMPO, NO EL NUESTRO
La Instrucción
General del Misal Romano nos dice en su número 37 que hay cantos que son en sí
mismos ritos, como por ejemplo el “Gloria”, el salmo responsorial, el
“Aleluya”, el “Santo” y algunos otros.
También este mismo número explica que hay cantos
que acompañan un rito, como lo son el canto de entrada, de la presentación de
las ofrendas y el de comunión. El coro debe respetar estos tiempos y no
extender los cantos más de lo necesario.
El canto de entrada, por ejemplo, tiene la función
de acompañar la procesión de entrada de los
ministros (Cf. IGMR, 47). Entonces pues, debe extenderse lo que dura la
procesión de los ministros y la incensación del altar (cuando la hay). Una vez
terminado este rito, el canto de entrada debe concluir, evitando añadir estrofas
innecesarias.
Otro ejemplo es el canto de comunión:
debe durar lo que dura la distribución de la comunión a los fieles, no debe
prolongarse hasta la purificación de los vasos sagrados.
2. NO TODO CANTO ES LITÚRGICO
Hay
cantos sumamente bonitos y que suenan muy ad
hoc a
la situación o incluso al Evangelio; sin embargo nuestra tarea como coro es la
de investigar si lo que cantamos es apropiado para la liturgia. La Iglesia nos da
una pauta para discernir esto en el documento titulado Musicam Sacram en
el número 4 y dice:
«Se entiende por música sagrada aquella que,
creada para la celebración del culto divino, posee las cualidades de santidad y
de perfección de formas, de aquí podemos inferir que para que un canto sea
apropiado para la liturgia debe haber sido escrito en música y letra para la
celebración» (MS, 4).
Entonces debemos evitar cantos que, aun siendo católicos, no
hayan tenido esta finalidad e intención a la hora de ser creados,
y cantos de otras denominaciones del cristianismo.
No te desanimes, hay infinidad de cantos al
alcance de todos que pueden ir supliendo los no litúrgicos que tienes en tu
repertorio.
3. EL CANTO DEBE SER FIEL AL TEXTO QUE PRESENTA
No porque un
canto diga “Gloria a Dios”, o “Aleluya”, o “Cordero de Dios” significa que se
puede usar en la Santa Misa. El canto debe ser fiel al texto que presenta, por
ejemplo:
«Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a
los hombres que ama el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos,
te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios
Padre todopoderoso Señor, Hijo único, Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios,
Hijo del Padre; tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú
que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a
la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo tú eres Santo, sólo
tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de
Dios Padre, Amén».
Nosotros
no podemos modificar oraciones antiquísimas de la Iglesia para que el canto
suene mejor o más bonito (cfr. Sacrosanctum
Concilium, 121).
Repito:
no te desanimes si algún canto en tu repertorio no es fiel al texto original de
la oración, busca suplirlo con alguno que sí lo sea.
4. NO EXISTE CANTO PARA EL RITO DE LA PAZ
En agosto del
2014 la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos
expidió un documento titulado El Significado Correcto
del Rito de la Paz en donde se pide expresamente en el
sexto punto:
«De todos modos, será necesario que en el
momento de darse la paz se eviten algunos abusos tales como: La introducción de
un “canto para la paz”, inexistente en el Rito romano» porque el rito de la paz debe ser un
momento breve que no distraiga a la asamblea de quien es importante y en ese
momento se encuentra en el altar.
5. EL CORDERO DE DIOS COMIENZA CUANDO EL SACERDOTE FRACCIONA EL
PAN
Este
canto no acompaña la paz, este canto acompaña la fracción del pan. La IGMR nos dice en
el número 83:
«La invocación acompaña la fracción del pan, por
lo que puede repetirse cuantas veces sea necesario hasta cuando haya terminado
el rito. La última vez se concluye con las palabras danos la paz».
6. NO BASTA SOLO CON QUE NUESTRO CUERPO ESTÉ PRESENTE
A veces a quienes
pertenecemos a un ministerio de música o coro parroquial se nos olvida
que también participamos en la Eucaristía.
No
por estar atrás del templo o al lado nos podemos distraer o hacer otras cosas,
pues el milagro de amor más grande ocurre frente a nosotros.
Además,
si es domingo el precepto es «oír Misa entera todos los domingos», no solamente
estar presente. Participa no solo cantando sino también
oyendo a Dios en el Evangelio y la homilía. Si ya lo has hecho ayuda a otros a
que también lo hagan.
7. SOMOS
SERVIDORES DE LA IGLESIA, NO ESTRELLAS
De seguro esto ya
lo sabes, pero creo necesario y prudente mencionarlo. El servicio que presta el
coro debe llevarse a cabo con humildad, pues no estamos
ahí porque somos los mejores ni porque deseamos sobresalir.
Recuerda, el centro en
la Misa es Cristo, no nuestra voz.
Debemos
buscar servir, no sobresalir ni ser aplaudidos (mucho menos dentro de la Misa)
pues los dones que tenemos son dados gratuitamente por Dios y debemos ponerlos
al servicio del otro para gloria de Dios.
Con
estos consejos no pretendo imponerte mi idea sino mostrarte qué es lo que
enseña la Iglesia, quien es increíblemente sabia… ¡muchísimo más que nosotros!
Tampoco
pretendo motivar tu deserción del coro sino todo lo contrario: motivarte a
crecer y brindar un mejor servicio. Te invito a leer los documentos aquí
citados y a compartirlos con otros.
No
olvides que «en
el trato que le demos a la liturgia se decide el destino de la fe y de la
Iglesia» (J. Ratzinger).
Te
mando un abrazo y mis oraciones. Por favor, no te olvides de rezar por mí.






