24 Jueves de la IV semana del Tiempo
Ordinario
Evangelio según Lucas 1, 67-79
En aquel tiempo, Zacarías, padre de Juan,
se llenó de Espíritu Santo y profetizó diciendo:
«“Bendito sea el Señor, Dios de Israel”,
porque ha visitado y “redimido a su
pueblo”,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la “misericordia que tuvo con
nuestros padres,
recordando su santa alianza”
y “el juramento que juró a nuestro padre
Abrahán” para concedernos
que, libres de temor, arrancados de la
mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia, en
su presencia, todos nuestros días.
Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante “del Señor a preparar
sus caminos”,
anunciando a su pueblo la salvación
por el perdón de sus pecados.
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en
tinieblas y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos por el camino
de la paz».
COMENTARIO
Hoy, el Evangelio recoge el canto de
alabanza de Zacarías después del nacimiento de su hijo. En su primera parte, el
padre de Juan da gracias a Dios, y en la segunda sus ojos miran hacia el
futuro. Todo él rezuma alegría y esperanza al reconocer la acción salvadora de
Dios con Israel, que culmina en la venida del mismo Dios encarnado, preparada
por el hijo de Zacarías.
Ya sabemos que Zacarías había sido castigado por Dios a causa de su
incredulidad. Pero ahora, cuando la acción divina es del todo manifiesta en su
propia carne —pues recupera el habla— exclama aquello que hasta entonces no
podía decir si no era con el corazón; y bien cierto que lo decía: «Bendito el
Señor Dios de Israel...» (Lc 1,68). ¡Cuántas veces vemos oscuras las cosas,
negativas, de manera pesimista! Si tuviésemos la visión sobrenatural de los
hechos que muestra Zacarías en el Canto del Benedictus, viviríamos con alegría
y esperanza de una manera estable.
«El Señor ya está cerca; el Señor ya está aquí». El padre del precursor es
consciente de que la venida del Mesías es, sobre todo, luz. Una luz que ilumina
a los que viven en la oscuridad, bajo las sombras de la muerte, es decir, ¡a
nosotros! ¡Ojalá que nos demos cuenta con plena conciencia de que el Niño Jesús
viene a iluminar nuestras vidas, viene a guiarnos, a señalarnos por dónde hemos
de andar...! ¡Ojalá que nos dejáramos guiar por sus ilusiones, por aquellas
esperanzas que pone en nosotros!
Jesús es el “Señor” (cf. Lc 1,68.76), pero también es el “Salvador” (cf. Lc
1,69). Estas dos confesiones (atribuciones) que Zacarías hace a Dios, tan
cercanas a la noche de la Navidad, siempre me han sorprendido, porque son
precisamente las mismas que el Ángel del Señor asignará a Jesús en su anuncio a
los pastores y que podremos escuchar con emoción esta misma noche en la Misa de
Nochebuena. ¡Y es que quien nace es Dios!
Rev. D. Ignasi FABREGAT i Torrents
Fuente: http://evangeli.net ›






