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| Mosaico de MarkoRupnik SJ |
“La resurrección de Jesucristo es el acontecimiento central de toda la historia de la salvación de Dios con la humanidad; El anuncio de la muerte y resurrección de Jesucristo constituye el núcleo de la fe cristiana; La fe en la resurrección de Jesucristo es inseparable de la fe en la resurrección de los muertos; La fe en la resurrección de Cristo, constituye el fundamento de nuestra esperanza”.
El documento aprobado en la Asamblea Plenaria de la
CEE de noviembre, fue presentado por los presidentes de las dos Comisiones
Episcopales que han redactado de manera conjunta el
documento: Mons. Enrique Benavent, de Doctrina de la
Fe, y Mons. José Leonardo Lemos, de Liturgia; además del secretario
general de la CEE, Mons. Luis Argüello.
Una nota de la Oficina de comunicaciones de la CEE explica
que en esta Instrucción pastoral los obispos españoles recuerdan las
verdades fundamentales del mensaje cristiano sobre la resurrección y la vida
eterna, así como sugerencias para el acompañamiento de las personas que sufren
por la muerte de un ser querido. “La atención y cercanía en los momentos
difíciles del duelo -afirman- es una acción pastoral de la Iglesia que requiere
una preparación, una formación y una espiritualidad adecuada”. Por ello, se
exige que las celebraciones exequiales sean “signo de la auténtica esperanza
cristiana” y ayuden a los fieles a crecer en ella.
El documento se divide en cuatro partes y un apéndice. La
primera parte analiza “La situación actual y retos pastorales”; la segunda
explica “La fe de la Iglesia; la tercera cómo “Acompañar en el momento de la
muerte”, la cuarta la importancia de “Celebrar las exequias cristianas” y el
apéndice ofrece “Orientaciones sobre los columbarios”.
En el primer apartado, los obispos afirman que en las
últimas décadas se ha vivido en nuestra sociedad una profunda transformación en
la vivencia de la muerte y en la forma de afrontarla. Subrayan que, ante
circunstancias dramáticas como la que estamos viviendo actualmente a causa del
COVID-19, “vemos actitudes de generosidad, servicio y solidaridad que muestran
lo mejor que hay en el corazón del ser humano, que dignifican a las personas y
a la sociedad y que fortalecen la fraternidad. En estos casos, se ofrece ayuda psicológica
a las personas para que gestionen sus emociones, pero social y culturalmente se
evita la cuestión de Dios·. Sin embargo, reiteran que aun cuando muchos ponen
la fe entre paréntesis, en esos momentos dolorosos “solicitan la presencia de
la Iglesia y su acompañamiento”.
En una segunda parte, explican que la fe en la
resurrección de Cristo, “constituye el fundamento de nuestra
esperanza”. Esta fe se expresa en el Credo con dos afirmaciones
inseparables, que no se pueden entender la una sin la otra: “Creemos en la
resurrección de la carne y en la vida eterna”. Además, añaden que “al
confesar nuestra fe en la resurrección de la carne afirmamos que la salvación
afecta al ser humano en su totalidad, a “todo el hombre”.
En este sentido, frente al drama de la muerte, “la presencia
y la cercanía de la Iglesia junto a las personas que sufren la muerte de un ser
querido es un testimonio elocuente de misericordia y de esperanza”. Y
precisamente la misericordia lleva a estar cerca de los que sufren, a compartir
su dolor y a no banalizar el acontecimiento de la muerte y el sufrimiento que
conlleva: “La fe cristiana consuela y acompaña la pérdida de los seres queridos
desde la esperanza que viene del Resucitado”.
La instrucción pastoral indica que “la celebración de las
exequias y la oración por los difuntos han de manifestar con claridad la fe en
la resurrección y la esperanza cristiana en la vida eterna”. En este sentido,
los obispos subrayan que los signos y la celebración de las exequias deben
manifestar el respeto y la veneración debidos al cuerpo del difunto. Además
aclara que no hay razones doctrinales para prohibir la cremación y
ofrece orientaciones para la cremación de los cuerpos cristianos que
han fallecido.
En particular los obispos advierten que centro de las
exequias cristianas es “Cristo Resucitado y no la persona del difunto”. “Los
pastores –añaden- han de procurar con delicadeza que la celebración no se
convierta en un homenaje al difunto, pues eso corresponde a otros ámbitos
ajenos a la liturgia”. También recuerdan que las exequias son incompletas sin
la celebración de la Eucaristía.
Vatican News






