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| Mons. Barrio junto a la Puerta Santa. Foto: Captura de Youtube |
“Abridme las puertas de la
salvación. / Y entraré para dar gracias al Señor. / Entraré en tu casa, Señor.
/ Me postraré ante tu templo santo. / Abrid las puertas, que nuestro Dios está
con nosotros. / Y dio muestras de su poder a Israel”.
En su saludo inicial, Mons.
Barrio pidió que “el Año Jubilar sea un año de gracias para que todos los que
en cuerpo y en espíritu visiten en este año santo la basílica compostelana”.
El Año Santo Compostelano se
celebra cada vez que el 25 de julio, conmemoración del martirio de Santiago,
cuya tumba se custodia en esta Catedral, coincide en domingo, algo que se
produce periódicamente cada 11, 6, 5 y 6 años.
La celebración del Año Santo
Compostelano se concedió en el año 1122 durante el pontificado de Calixto II, y
fue confirmado a perpetuidad en 1179 por medio de la Bula Regis aeterni del
Papa Alejandro III.
Desde entonces, la ruta de
peregrinación a la tumba de Santiago Apóstol en Compostela experimentó un gran
auge con la afluencia de peregrinos procedentes de toda Europa. De esa manera,
Santiago de Compostela se convirtió en la tercera meta de peregrinación más
importante de la cristiandad tras Jerusalén y Roma.
Durante el Año Santo Compostelano,
los peregrinos que acudan a Santiago podrán ganar el Jubileo con indulgencia
plenaria.
Para ello deberán cumplir estas
tres condiciones: visitar la tumba del Apóstol en la Catedral y recitar el
Padre Nuestro y el Credo; recibir el sacramento de la confesión; y comulgar.
El mismo arzobispo Mons. Barrio
subrayó durante el mensaje con motivo de la inauguración del Año Santo que “el
Jubileo que comenzamos nos ofrece una gran oportunidad de gracia y conversión”.
Sin embargo, para ganar el
Jubileo, no es necesario realizar el Camino de Santiago, que a lo largo de
varias etapas recorre el continente europeo y la península ibérica hasta
Galicia, aunque la Iglesia lo promueve como itinerario espiritual de
conversión.
La apertura de la Puerta Santa es
el segundo evento celebrado tras la restauración de la Catedral, que volvió a
abrir sus puertas el miércoles 30 de diciembre en la Misa con motivo de la
Fiesta de la Traslación, que recuerda el traslado de los restos del Apóstol
desde Palestina hasta Compostela por vía marítima.
La tumba de Santiago el Mayor
Según la tradición compostelana,
tras ser martirizado por Herodes Agripa en Jerusalén, el cuerpo de Santiago el
Mayor, hijo de Zebedeo y hermano de San Juan, fue trasladado por sus discípulos
hasta Galicia, donde habría estado evangelizando años atrás. El cuerpo del
Apóstol fue enterrado en un cementerio romano donde en la actualidad se alza la
Catedral.
Aunque esta tradición no tiene
base bíblica, las tradiciones relacionadas con Santiago están muy extendidas
por toda España. Prueba de ello es la advocación de la Virgen del Pilar en
Zaragoza, donde la Virgen se habría aparecido al Apóstol durante su
evangelización de España.
Las reliquias de Santiago se
custodian en una urna de plata en el interior de una cripta bajo la Catedral.
Sus restos permanecieron ocultos hasta el siglo IX, cuando el Obispo de Iria
Flavia (sede episcopal trasladada posteriormente a Santiago), Teodomiro,
descubrió el sepulcro tras un milagro.
Alertado por un eremita conocido
como Pelayo, Teodomiro acudió a un bosque que había crecido encima de la
antigua necrópolis romana abandonada. Allí, el Obispo Teodomiro tuvo una visión
que le llevó a localizar la tumba de Santiago Apóstol.
Esta tradición fue considerada
durante mucho tiempo como una simple leyenda medieval sin base histórica. Sin
embargo, en unas excavaciones arqueológicas realizadas en 1955 se localizó la
necrópolis romana en el subsuelo de la Catedral y la lápida sepulcral de
Teodomiro, personaje considerado mítico por los historiadores.
Estos hallazgos, que confirmaban
la historicidad de una parte de la leyenda, se completó con otros hallazgos
bibliográficos que demostraron la existencia de un vínculo jacobeo con Galicia
ya en el siglo VI.
Incluso cabe la posibilidad de
que existiera una pequeña comunidad eremita, de la que Pelayo formaría parte,
encargada de custodiar la tumba del apóstol antes del descubrimiento por parte
de Teodomiro, aunque se trata de una teoría no confirmada.
En cualquier caso, el Obispo
Teodomiro habría dado noticia del descubrimiento al rey Alfonso II de Asturias,
reino medieval al que pertenecían las tierras gallegas, quien mandó construir
una primera basílica.
Esa basílica primitiva fue
destruida durante una incursión islámica encabezada por Almanzor, procedente
del Califato de Córdoba. En el año 1075 se inició la construcción de la actual
Catedral románica, consagrada en el año 1211 y reformada en los siglos
posteriores, sobre todo en el XVII, cuando se construyó la actual fachada del
Obradoiro y el baldaquino barroco.
Los restos del Apóstol se
escondieron en el siglo XVI ante la amenaza de saqueos de los corsarios
ingleses que atacaban las costas de Galicia en el contexto de las guerras entre
España e Inglaterra.
Hubo que esperar hasta el siglo
XIX cuando, durante unas obras en la girola de la Catedral, se localizaron las
reliquias y se trasladaron hacia su emplazamiento original en la cripta bajo el
altar mayor.
Por Miguel Pérez Pichel
Fuente: ACI Prensa






