![]() |
| Sunny studio | Shutterstock |
Cuando el corazón duele o la nostalgia es
demasiado pesada ese «apapacho» interior me llena de alegría. Es tal vez esa caricia
del alma la que necesito en este tiempo de pandemia en el
que me han quitado los encuentros y me han cerrado las calles.
Me han pedido que no vaya a cualquier sitio y no
exprese efusivamente lo que siento con abrazos y caricias. Despedir sin
fundirme en un abrazo y saludar sin cercanía es artificial.
Cariño espiritual
¿Cómo apapachar el alma de los que sufren, de los que están solos, de los enfermos en los hospitales o confinados en sus casas? ¿De qué manera abrazar sin tocar al que llora por dentro? ¿Cómo se acaricia sin caricias y se abraza sin abrazos?
Una forma sutil habrá inventado Dios para
hacerlo. ¿Cómo
me acarician en su vuelo los que ya han partido dejando en su ida una estela de
luz y de vida? Es esa una forma extraña de abrazar que
desconozco…
Pero sé que lo hacen de una forma honda tocando
por dentro mis entrañas cuando parten, porque no se van lejos, se
quedan cerca, a mi lado, caminando en mi vida y empujándome
cuando cuesta subir los caminos. Siguen siendo parte de mi presente y me mandan
saludos que yo siento por dentro.
¿Cómo acaricio yo a los que están lejos o ya se
han ido a ese cielo con el que yo también sueño? Me inventaré una forma nueva. O será la
misma de siempre, la de Jesús al irse y dejarnos tan solos. Con esa presencia
espiritual que muchas veces no siento y no palpo.
Mi alma quiere sentir ese «apapacho» eterno,
del cielo, de Dios dentro, muy dentro.
Me acostumbro entonces a hablar sin palabras,
con silencios profundos,
con caricias hondas; a caminar sin mover los pies, con el andar tranquilo de mi
propia alma. Me acostumbro a abrazar sin alzar los brazos, tendiendo un
silencioso vínculo que une alma con alma.
Jesús
también me ama así
Así es en este tiempo extraño que vivo y me
enseña el valor de las cosas pequeñas, de esas que de verdad importan. Sé que Jesús lo
hace así cada día conmigo. En su presencia constante a mi lado, me habla, me
acaricia, me ama.
¿Acaso no reconozco muchas veces en mis
lágrimas, o en mis risas, o en mis silencios más profundos su presencia llena
de amor? Sí, ahí está conmigo, a mi lado y oigo su voz.
La descubrí un día en medio de mi camino ¿No la
conozco de nuevo cada día yo que la he escuchado más de una vez? Me habla en
susurros y en silencios; en soledades que son sus caricias, tan extrañas a
veces; en vacíos que son sus abrazos, y sostiene así mi pena.
Y yo reconozco su presencia caminando, corriendo
a mi lado, para que nunca me aleje de su lado. Sé que es Él, lo toco sin
tocarlo, lo oigo con el corazón y está muy presente en mi vida.
Un apapacho espiritual
Es un «apapacho» espiritual que yo
necesito. Es como esa nieve blanca que cubre mi alma sin hacer ruido. Y con el
paso de los días, pesa su presencia y noto su canto. Reconozco que me gusta
mucho esa presencia tan silenciosa, tan callada, tan blanca dentro de mi alma.
Quizás me acostumbro así a expresar el
amor de otras maneras, o la cercanía, o mi afecto más hondo.
Soy creativo y descubro nuevas formas porque la inquietud del alma nadie me la
puede quitar, soy un soñador empedernido.
No podré dar esos abrazos o juntarme físicamente
con todos aquellos a los que quiero. Y aun así descubriré nuevas rutas para
cruzar océanos y llegar a otras almas, aunque también como la mía estén
cubiertas de nieve.
Creatividad
Valoraré más que antes las palabras
escritas o las dichas en voz alta y los silencios guardados.
Sentiré que está cerca el que vive más lejos.
Y me entregaré a Dios con mis silencios y
gestos, con mi voz y con todo el amor de mi alma. Lo haré en oración, sin
muchas palabras, sin canto, en la hondura.
Quiero conocer a Dios en todo lo que me pasa.
Saber que es
su abrazo sutil el que me toca por dentro. Comprenderé que
me habla sin palabras, yo lo entiendo. Me ama sin abrazos, yo lo siento. Me
busca sin detenerme, yo noto sus gestos.
Así me he vuelto más de Dios, más niño, para
abrazar la vida, más sensible, más blanco como Dios mismo.
Fuente: Aleteia






