18 – Abril. III Domingo de Pascua
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| La luz de María |
Ellos, por su parte, contaron lo
que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.
Todavía estaban hablando de esto, cuando Jesús se apareció en medio de ellos y
les dijo: «La paz esté con ustedes». Atónitos y llenos de temor, creían ver un
espíritu, pero Jesús les preguntó: «¿Por qué están turbados y se les
presentan esas dudas? Miren mis manos y mis pies, soy yo mismo. Tóquenme y
vean. Un espíritu no tiene carne ni huesos, como ven que yo tengo». Y diciendo
esto, les mostró sus manos y sus pies. Era tal la alegría y la admiración de
los discípulos, que se resistían a creer. Pero Jesús les preguntó: «¿Tienen
aquí algo para comer?». Ellos le presentaron un trozo de pescado asado; él lo
tomó y lo comió delante de todos. Después les dijo: «Cuando todavía estaba con
ustedes, yo les decía: Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito de
mí en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos». Entonces les abrió la
inteligencia para que pudieran comprender las Escrituras, y añadió: «Así esta
escrito: el Mesías debía sufrir y resucitar de entre los muertos al tercer día,
y comenzando por Jerusalén, en su Nombre debía predicarse a todas las naciones
la conversión para el perdón de los pecados. Ustedes son testigos de todo esto.
COMENTARIO
En el Evangelio de este Domingo
leemos el texto que sigue al relato de los discípulos de Emaús, y nos presenta
el momento en el cual los discípulos regresan a Jerusalén para contarle a los
demás que el Señor se les había presentado en el camino y que lo reconocieron
al partir el pan.
Dice el Evangelio que el Señor se
apareció en medio de ellos y los saludó deseándoles la paz. Recordemos que en
la antigüedad, los lugareños le preguntaban a los pueblos que les visitaban
si venían en paz o con intenciones de guerra. Los soldados romanos decían
si vis pacem para bellum, si quieres la paz prepárate para la guerra. Este tipo
de paz, fruto de la violencia y de la muerte, no es aquella que predica el
Resucitado.
La Paz que ofrece nuestro Señor,
no necesita de violencia o de mentiras. La Paz que nos ofrece nuestro Salvador
es fruto del perdón y de la reconciliación. Es más. Nuestro Señor no le pide a
sus discípulos que salgan de la habitación a buscar a sus verdugos y traidores,
todo lo contrario, le pide a sus discípulos, y por medio de ellos a nosotros,
ir a predicar la conversión para el perdón de los pecados.
Deseo que la Paz del Resucitado, esté con todos ustedes.
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