Las milagrosas apariciones a un papá y sus tres hijos en Le Tre Fontane
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| Fczarnowski-CC BY-SA 3.0 |
Le Tre
Fontane (Las Tres Fuentes) en la Via Laurentina de Roma fue siempre un lugar
muy conocido históricamente, allí ocurrió el martirio de san Pablo.
Cuenta la
leyenda que cuando san Pablo, durante las persecuciones de Nerón, fue
decapitado (pena de muerte «digna» reservada para ciudadanos romanos) su cabeza
rebotó tres veces antes de detenerse.
En el suelo
brotaron espontáneamente tres manantiales de agua: el primero de agua caliente,
el segundo de agua tibia y el tercero de agua fría. Por eso la zona es llamada
“Le Tre fontane”
Este lugar bastante alejado del centro romano en el año 1947, se había convertido en tierra de ladrones, prostitutas. Allí incluso muchas veces dejaban abandonados los fetos muertos.
Mientras los niños jugaban, sucedió
Es aquí donde Bruno Cornacchiola, después de perder un tren, llevó
a sus hijos a jugar a los jardines cerca de la basílica, mientras él se
dedicaba a escribir una ponencia para luego exponerla en las plazas romanas.
¿De qué trataba esta ponencia? De demostrar que en toda la Sagrada
Escritura no hay un solo verso que diga que María es Inmaculada, que es siempre
Virgen, que es Madre de Dios y asunta al Cielo.
Bruno, aunque lo habían bautizado como católico apostólico romano,
se convirtió en adventista.
Había madurado una gran aversión a la Iglesia católica y odiaba al
Papa, tanto que deseaba matarlo. En su cuchillo grabó la frase: “Muerte al
Papa”.
Mientras Bruno estaba en este su trabajo en contra de María, sintió de
repente un largo silencio. No se sentían las alegres voces
de su hijos Isola, Carlo y Gianfranco.
Fue a ver lo que sucedía, y los encontró arrodillados dentro de
una gruta, mientras recitaban a coro: “Bella Señora, bella Señora”. Los tocó y
sintió que estaban helados.
Desesperado pidió por primera vez ayuda a Dios, y fue gracias a
ese acto de humildad que María se presentó ante sus ojos como la Virgen de la
Revelación y le confió una verdad de la fe:
“Mi cuerpo no
podía corromperse y no se corrompió”.
La Virgen había revelado a Bruno lo que luego tres años después el 1 de noviembre de 1950, papa Pío XII en la constitución apostólica Munificentissimus Deus define como dogma católico: la Asunción de María en cuerpo y alma al cielo.
Se colocó una estatua de la Virgen
En la gruta se colocó una estatua de la Virgen como la había visto
Bruno:
“Deslumbrante
en su belleza, lucía un vestido largo blanco, sujeto a la cintura por una faja
rosa, y un manto verde que, apoyado sobre su cabello negro, le llegaba hasta
sus pies descalzos. Sostenía una Biblia contra su pecho, que simbólicamente
representa la fuente de la Revelación”
Tras este suceso aquel lugar de pecado y perdición se convirtió en un lugar santo, y una meta donde peregrinos día y noche llegan para ver a la “Bella Señora” y pedirle un favor si es necesario.
Pío XII permitió una capilla
Se sucedieron otras apariciones y aunque no fueron reconocidas
oficialmente tampoco nunca han sido condenadas por la Iglesia católica.
El mismo papa Pío XII permitió la construcción de una capilla para
su culto y confió la custodia a los Franciscanos Conventuales Menores.
En 1997, san Juan Pablo II aprobó el nombre del lugar como “Santa
Maria del Tercer Milenio a las Tres Fuentes».
Fuente: divinarivelazione.org, trefontane.altervista.org






