10 – Mayo. Lunes. San Juan de Ávila, presbítero y doctor de la Iglesia
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En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Cuando venga el Consolador, que yo les enviaré a ustedes de parte del Padre, el Espíritu de la verdad que procede del Padre, él dará testimonio de mí y ustedes también darán testimonio, pues desde el principio han estado conmigo.
Les he hablado de estas cosas para que su
fe no tropiece. Los expulsarán de las sinagogas y hasta llegará un tiempo,
cuando el que les dé muerte creerá dar culto a Dios. Esto lo harán, porque no
nos han conocido ni al Padre ni a mí. Les he hablado de estas cosas para que,
cuando llegue la hora de su cumplimiento, recuerden que ya se lo había predicho
yo’’.
Meditando estas palabras de Jesús, nosotros hoy percibimos
ser el Pueblo de Dios en comunión con el Padre y con Jesús mediante el Espíritu
Santo. En este misterio de comunión, la Iglesia encuentra la fuente inagotable
de la propia misión, que se realiza mediante el amor. [...] Es el amor
que nos introduce en el conocimiento de Jesús, gracias a la acción de este
“Abogado” que Jesús nos ha enviado, es decir el Espíritu Santo. El amor a Dios
y al prójimo es el mandamiento más grande del Evangelio. El Señor hoy nos llama
a corresponder generosamente a la llamada evangélica, al amor, poniendo a Dios
en el centro de nuestra vida y dedicándonos al servicio de los hermanos,
especialmente a los más necesitados de apoyo y consuelo. (Regina coeli, 21 de
mayo de 2017)
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