22 – Junio. Martes de la XII semana del Tiempo Ordinario
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No deis lo
santo a los perros, ni les echéis vuestras perlas a los cerdos; no sea que las
pisoteen con sus patas y después se revuelvan para destrozaros.
Así, pues,
todo lo que queráis que haga la gente con vosotros, hacedlo vosotros con ella;
pues esta es la Ley y los Profetas.
Entrad por la
puerta estrecha. Porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la
perdición, y muchos entran por ellos. ¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto
el camino que lleva a la vida! Y pocos dan con ellos.
Comentario
Este Evangelio
está dividido en tres frases. Para entender la primera de ellas, hay que
fijarse en lo que la precede inmediatamente. Jesús acaba de decir a los
apóstoles que no deben juzgar a los demás, “porque los juicios con que juzguéis
se os juzgará” (Mt 7,2). Jesús muestra ahora, en una digresión, que hay una
diferencia entre el juicio y el discernimiento.
El discípulo
debe hacer apostolado con todos sin excepción. Pero algunos no sólo no
escuchan, sino que ridiculizan el Evangelio y cometen blasfemias. Si alguien no
tiene otro propósito que burlarse del Evangelio y mofarse de su enseñanza, dice
Jesús, el discípulo puede usar su discernimiento y centrar sus energías con
otros. No hay escasez de personas que necesitan escuchar el Evangelio.
El discernimiento
es, en cierta medida, dado a cada cristiano, y permite al discípulo llegar a
aquellos que serán más receptivos al mensaje de Nuestro Señor.
El Señor vuelve de su digresión, y en su segunda frase se refiere al punto principal de no juzgar a los demás, y muestra cómo encaja en un marco más amplio de ética, “todo lo que queráis que hagan los hombres con vosotros, hacedlo también vosotros con ellos” (Mt 7,12).
La tercera y última frase, “entrad por la puerta angosta” (Mt
7,13) es una advertencia a los indiferentes de que la perdición es una
posibilidad real, y al mismo tiempo es una invitación para sus discípulos. En
palabras del Papa Francisco: “El Señor nos ofrece tantas ocasiones para
salvarnos y entrar a través de la puerta de salvación. (…) Debemos aprovechar las
ocasiones de salvación. Porque llegará el momento en que ‘el dueño de casa se
levantará y cerrará la puerta’ (…). Nuestra vida no es un videojuego o una
telenovela; nuestra vida es seria y el objetivo que hay que alcanzar es
importante: la salvación eterna.” (Papa Francisco, Discurso del Ángelus, 21 de
agosto de 2016).
Andrew Soane
Fuente: Opus
Dei






