7 – Junio. Lunes de la X semana del Tiempo Ordinario
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Al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se
acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo: «Bienaventurados
los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados
los mansos, porque ellos heredarán la tierra. Bienaventurados los que lloran,
porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de
la justicia, porque ellos quedarán saciados. Bienaventurados los
misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los
limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan
por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los
perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los
cielos. Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os
calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra
recompensa será grande en el cielo, que de la misma manera persiguieron a los
profetas anteriores a vosotros.
Comentario
Bienaventurados los pobres de
espíritu
No hay que citar a un profundo
pensador, a un gran filósofo para afirmar que el deseo más fuerte de la persona
humana es el deseo de felicidad. Así lo experimentamos todos. Jesús, que nos
conocía y nos conoce bien, también nos habló de este nuestro anhelo más
profundo, en sus bienaventuranzas, el camino con ocho vías para alcanzar la
felicidad. Las bienaventuranzas no son un código moral de leyes desvinculadas
de la persona de Jesús. Las bienaventuranzas se mueven en otro plano. En el
plano del “seguidor de Jesús”. Se trata, en primer lugar, de seguir a una
persona que te ha seducido, encandilado… Y desde ahí, las bienaventuranzas nos
dicen cuál es el estilo de vida, cuál es el espíritu que ha de animar a este
seguidor. Y prometen lo que más anhela nuestro corazón: felicidad.
Bien poco se parecen las
bienaventuranzas de Jesús a las bienaventuranzas de nuestra sociedad. Nuestra
sociedad proclama felices a los que tienen mucho dinero, a los que ocupan los
primeros puestos, a los triunfadores, a los guapos, a los que disfrutan de la
vida sin escrúpulos… ¿Quién acierta? Cristiano es el que experimenta en su vida
que Jesús tiene razón y da en el clavo siempre. Se adentra por el camino que
Jesús vivió y predicó y experimenta, por sí mismo, la verdad de la vida y de las
palabras de Jesús… también de sus bienaventuranzas.
Fray Manuel Santos Sánchez O.P.
Convento de Santo Domingo (Oviedo)
Fuente: Dominicos de España






