Ha hecho un nuevo «llamamiento urgente» a las autoridades civiles y militares para que encuentren «soluciones que respeten la dignidad de estas personas»
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El Papa Francisco ha denunciado tras el rezo del Ángelus de este domingo 28 de noviembre los «peligros gravísimos» que afrontan los migrantes que tratan de llegar a Europa. Unos perecen ahogados en el Mediterráneo, otros en el Canal de la Mancha —27 de ellos esta misma semana—, otros sufren en la frontera de Polonia y Bielorrusia… Y algunos que son repatriados al norte de África —ha lamentado— caen en manos de los traficantes, que «venden a las mujeres, torturan a los hombres y los hacen esclavos».
El
Pontífice, que ayer se reunió con miembros de asociaciones y grupos que
trabajan con ellos, les ha mostrado su «dolor» por la situación en que se
encuentran, así como su «oración» y «cercanía».
¿Estoy atento a las cargas de mis
hermanos o soy indiferente a ellas?
Previamente, el Papa ha comentado
el Evangelio correspondiente a este domingo, primero de Adviento, que habla de
la venida del Señor al final de los tiempos, y ha instado a los fieles a estar
vigilantes y a vivir un cristianismo comprometido y vivo, que no sea «de sofá».
El Señor nos pide que estemos vigilantes y ello conlleva no permitir «que tu
corazón se vuelva perezoso y que tu vida espiritual se ablande en la
mediocridad».
«Ten cuidado —advierte el Papa—
porque se puede ser “cristiano adormecido”, anestesiado, sin ímpetu
espiritual, sin ardor en la oración, sin entusiasmo por la misión, sin pasión
por el Evangelio. Y esto nos lleva a “dormitar”: a seguir con las cosas
por inercia, a caer en la apatía, indiferentes a todo menos a lo que nos
resulta cómodo. Esto es una vida triste». El secreto para permanecer
vigilantes —ha añadido— es la oración.
El Pontífice ha pedido que no
permitamos que nuestros días estén lastrados por la costumbre y las cargas de
la vida. Ha advertido sobre la acedia, esa «pereza que nos sume en la tristeza,
que nos quita la alegría de vivir y las ganas de hacer», a la que ha
calificado de «espíritu maligno». Y ha pedido, por último, que nos preguntemos
si estamos atentos a «las cargas que pesan sobre los hombros de los
hermanos». ¿Estoy atento o soy indiferente a ellas?
Fuente: Revista Ecclesia





