«Los antiguos cimientos de la
Iglesia son profundos y sólidos», sostiene Barbara Heil
| Barbara Heil fue pastora protestante antes de dar el salto definitivo a la Iglesia. Foto: captura EWTN. |
Sin embargo, no siempre ha sido así, como cuenta
a Il Timone.
-Barbara, empecemos con tu aproximación a la fe. Tu
primera conversión fue al protestantismo. ¿Qué te atrajo?
-Al no crecer en una familia cristiana, empecé a creer
en Jesucristo a través del testimonio de algunos amigos
conversos: sus vidas habían sido sanadas y cambiadas de manera radical. Me
presentaron a Jesús no solo como una figura religiosa, sino como el
Dios vivo y resucitado que dio mi vida por mí y que desea que todos le
conozcan. Descubrí que Dios no estaba enfadado conmigo, sino que me amaba y que
quería bendecir mi vida con la alegría, la paz y libre de las acciones y los
sentimientos destructivos.
»Recé con mis amigos y mi vida se transformó cuando
empecé a descubrir a Jesús y Su amor por mí. Empecé a ir a la iglesia y a
participar en momentos de estudio de la Biblia y encuentros de oración,
mientras crecía en mí la fe en Dios. Aprendí que Dios era real y que
tenía un plan para mi vida. Al principio no sabía qué era ser
"protestante" o "católico"; solo quería amar y servir a
Dios, y alabar a Aquel que me amaba y había entregado su vida por mí.
-¿Cómo surgió la que más tarde se convirtió en una
misión?
-Amaba tanto a Dios que quería servirlo. Esto me llevó
a participar en una escuela bíblica, donde aprendí a ser misionera evangélica.
Formaba parte de un equipo misionero y viajábamos y compartíamos la Buena Nueva
allí donde íbamos. A lo largo de los años, con mi difunto marido fuimos
pastores de distintas iglesias. Amaba a Dios y estaba feliz de servirle;
sin embargo, en mi corazón sentía una sed aún mayor.
-De esta inquietud surgió la decisión de cambiar otra
vez de camino. Esta vez la dirección era la Iglesia católica.
-Un día, un amigo mío me dio un libro con algunos
escritos de una tal Santa Teresa de Ávila. ¡Nunca había oído hablar
de ella! Pero lo que leí llegó a lo más hondo de mi corazón. Empecé a leer
libros de autores que posteriormente descubrí que eran Doctores de la
Iglesia católica. Después de pasar muchos años leyendo a los Padres
de la Iglesia católica, la historia de la Iglesia y
explorando lo que la Iglesia católica creía realmente, y no solo lo que alguien
me había dicho que creía, fui durante dos años a un instituto catequético y
empecé a estudiar el Catecismo. ¡Pero que quede claro, en esa época aún era
pastora!
»Sin embargo, cuando acabé el instituto catequético
exploré las enseñanzas de la Iglesia y descubrí su belleza y su base en
las Escrituras: supe que quería formar parte de ella.
-Concretamente, respecto a tu día a día, ¿cuál es el
principal beneficio que has obtenido al haber abrazado la fe católica?
-Desde que llegué a la Iglesia católica en abril de
2013 formo parte de esta hermosa y gran familia, que incluye también a los
santos.
»Los antiguos cimientos de la Iglesia son
profundos y sólidos y, como católica, también yo soy parte de su historia.
Ahora mis raíces van hasta los inicios de la Iglesia. Pero el beneficio
principal ha sido la profundidad y la misión de la Iglesia, que es revelar
a Jesús Salvador al mundo a través de nuestras vidas. Esto sucede a través
de la conversión continua, los sacramentos de la Iglesia y sus
enseñanzas.
»¡Los sacramentos de la Iglesia tienen tanta riqueza!
La Presencia Real, el formar parte del Cuerpo y la Sangre de Cristo
en la Eucaristía, la extraordinaria fuerza de la Reconciliación,
el sentido sacramental del matrimonio. Efectivamente, no veía la
hora de poder participar y formar parte de todo ello.
-En septiembre de 2021 compartiste tu testimonio en el
Congreso Eucarístico Internacional de Budapest. ¿Qué papel ha tenido la
adoración eucarística en tu camino de fe?
»Alguien empezó a cantar y yo, con los ojos cerrados,
me puse a rezar y a adorar a Jesús. De repente, sentí que Jesús estaba
de pie, ¡frente a mí! Su presencia era muy poderosa. No conseguía
dejar de inclinarme. ¡Jesús estaba allí! El amor empezó a fluir sobre mí como
oleadas. Cuando abrí los ojos, un sacerdote estaba de pie ante mí y en la mano
llevaba lo que después descubrí que era un ostensorio con, dentro, el Santísimo
Sacramento. Aún no sabía lo que era. Todo lo que sabía era que Jesucristo
mismo estaba ante mí.
-¿Fue el hecho fundamental para dar "el
salto" al catolicismo?
-Ese episodio me llevó a hacerme muchas preguntas y
empecé a recoger toda la información que podía sobre la
Iglesia. Era una madre ocupada, una esposa y pastor asistente con un ministerio
de palabra itinerante, y amaba y servía a Cristo con toda mi vida, pero había
encontrado a Jesús en esa iglesia católica de Filadelfia.
-Ahora que eres católica, ¿cómo vives la Adoración
Eucarística?
-Ahora paso mucho tiempo con Jesús en la Adoración
eucarística. Él está conmigo y en mí, y Jesús promete que nunca abandonará
a quienes creen en Él. Pero durante la Adoración Él está conmigo también físicamente.
Su presencia me llena y refuerza mi fe, siento la plenitud de Su amor por mí.
Yo derramo sobre Él mi amor, mi adoración y mi devoción, y Él derrama sobre mí
Su gracia, Su presencia y Su amor.
-Actualmente anuncias de manera incansable el
Evangelio. ¿Cuál es tu deseo más grande?
-Mi deseo más grande es que los demás puedan conocer y
amar a Jesús, que puedan conocer Su amor liberador y experimentar Su profunda
misericordia. No basta solo con saber cosas sobre Él. ¡También el diablo sabe
cosas sobre Él! No basta con hacer las cosas con el corazón alejado de Dios.
Jesús vino para que pudiéramos conocerlo y tener una relación con él y la
Trinidad. Dios nos llama a caminar con Él, como sus amigos. Él es
la respuesta a todos los problemas, la paz que todo corazón anhela. Comparto la
Buena Nueva del Evangelio de manera que los demás se despierten a la realidad
del amor de Dios por ellos y al bien que Dios desea para sus vidas.
-¿Qué es, en tu opinión, lo que más les falta a los
católicos de hoy en día?
-Diría que un catolicismo auténtico. Por desgracia,
hay demasiadas personas que abandonan la Iglesia (y el cristianismo) porque
cuando formaban parte de una institución de fe en la que memorizaban
mandamientos y oraciones tal vez nunca comprendieron plenamente lo que la
Iglesia de verdad enseña, y la profunda invitación a experimentar una
vida vivida en Dios, que está activamente presente en quienes depositan su
confianza en Él. Muchos son católicos solo de nombre. Dios quiere despertarnos
a Su amor, conocernos, sanarnos y satisfacer nuestras necesidades más
profundas. Entonces se enciende un fuego en nuestro corazón, con la misma llama
que arde en el de Dios, y empezamos a vivir.
Traducido por Elena Faccia Serrano.
Fuente: ReL





