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Muchas son las dificultades de
nuestro tiempo, dijo el Papa Francisco en su mensaje navideño, “pero más fuerte
es la esperanza, porque ‘un niño nos ha nacido’”. Mientras ante el riesgo de
“no querer dialogar, o de que la complejidad de la crisis induzca a elegir
atajos, en vez de los caminos más lentos del diálogo”; el Pontífice afirmó que
sólo dialogando se puede llegar “a la solución de los conflictos y a beneficios
compartidos y duraderos”
Puntualmente a mediodía, desde la Logia central de la
Basílica Vaticana el Papa Francisco ofreció su mensaje navideño con su bendición "Urbi et
Orbi", es decir a la ciudad de Roma y al mundo para desear a todos los
queridos hermanos y hermanas: ¡Feliz Navidad!
“Dios
nos mostró el camino del encuentro y del diálogo al venir al mundo en la
Persona del Verbo encarnado. Es más, Él mismo encarnó en sí mismo este camino,
para que nosotros pudiéramos conocerlo y recorrerlo con confianza y esperanza”
El riesgo de no querer dialogar
“Hermanas, hermanos – prosiguió diciendo el Papa – qué
sería el mundo sin ese diálogo paciente de tantas personas generosas que han
mantenido unidas a familias y a comunidades”, tal como él mismo lo ha escrito
en su encíclica Fratelli tutti. Y recordó que “en este tiempo de
pandemia nos damos cuenta de esto todavía más”, puesto que, como dijo
Francisco, “se pone a prueba nuestra capacidad de relaciones sociales, se
refuerza la tendencia a cerrarse, a valerse por uno mismo, a renunciar a salir,
a encontrarse, a colaborar”. De ahí que haya destacado que también en el ámbito
internacional “existe el riesgo de no querer dialogar, el riesgo de que la
complejidad de la crisis induzca a elegir atajos, en vez de los caminos más
lentos del diálogo; pero son estos, en realidad, los únicos que conducen a la
solución de los conflictos y a beneficios compartidos y duraderos”.
Conflictos, crisis y contradicciones
En efecto, mientras el anuncio del nacimiento del
Salvador, fuente de la verdadera paz, resuena a nuestro alrededor y en el mundo
entero, vemos todavía muchos conflictos, crisis y contradicciones. Parece que
no terminan nunca y casi pasan desapercibidos. Nos hemos habituado de tal
manera que inmensas tragedias ya se pasan por alto; corremos el riesgo de no
escuchar los gritos de dolor y desesperación de muchos de nuestros hermanos y
hermanas.
“Pensemos
en el pueblo sirio, que desde hace más de un decenio vive una guerra que ha
provocado muchas víctimas y un número incalculable de refugiados. Miremos a
Iraq, que después de un largo conflicto todavía tiene dificultad para
levantarse. Escuchemos el grito de los niños que se alza desde Yemen, donde una
enorme tragedia, olvidada por todos, se está perpetrando en silencio desde hace
años, provocando muertos cada día”
Francisco invitó a recordar “las continuas tensiones
entre israelíes y palestinos que se prolongan sin solución, con consecuencias
sociales y políticas cada vez mayores”. Pidió asimismo que “no nos olvidemos de
Belén, el lugar en el que Jesús vio la luz, que vive tiempos difíciles, también
a causa de las dificultades económicas provocadas por la pandemia, que impide a
los peregrinos llegar a Tierra Santa, con efectos negativos en la vida de la
población”. “Pensemos en el Líbano – prosiguió – que sufre una crisis sin
precedentes con condiciones económicas y sociales muy preocupantes”.
Signo de esperanza en medio de la noche
Sin embargo, el Santo Padre dijo que “en medio de la
noche” está “el signo de esperanza”. Por eso, tras citar el Paraíso
de Dante, Francisco invitó a pedir al Salvador “la fuerza de abrirnos
al diálogo”. “En este día de fiesta – agregó el Papa – le imploramos que
suscite en nuestros corazones anhelos de reconciliación y de fraternidad”,
invitando nuevamente a dirigir a Él “nuestra súplica”:
“Niño
Jesús, concede paz y concordia a Oriente Medio y al mundo entero. Sostén a
todos los que están comprometidos en la asistencia humanitaria a las
poblaciones que se ven forzadas a huir de su patria; consuela al pueblo afgano,
que desde hace más de cuarenta años es duramente probado por conflictos que
obligan a muchos a dejar el país”
Al “Rey de las naciones”, el Papa le pidió que ayude
“a las autoridades políticas a pacificar las sociedades devastadas por
tensiones y conflictos”. De modo concreto le pidió que sostenga “al pueblo de
Myanmar, donde la intolerancia y la violencia también golpean frecuentemente a
la comunidad cristiana y los lugares de culto, y opacan el rostro pacífico de
sus gentes”. Prosiguió pidiendo al Salvador:
“Sé
luz y sostén para quienes creen y trabajan en favor del encuentro y del
diálogo, yendo incluso contra corriente, y no permitas que se propaguen en
Ucrania las metástasis de un conflicto gangrenoso”
De la misma manera invocó al “Príncipe de la Paz”,
para que asista “a Etiopía para que vuelva a encontrar el camino de la
reconciliación y la paz a través de un debate sincero, que ponga las exigencias
de la población en primer lugar”. Que escuche “el grito de los pueblos de la
región del Sahel, que padecen la violencia del terrorismo internacional”; y que
dirija “su mirada a los pueblos de los países del Norte de África que sufren a
causa de las divisiones, el desempleo y la desigualdad económica, y alivia los
sufrimientos de muchos hermanos y hermanas que sufren por los conflictos internos
de Sudán y Sudán del Sur”. El Santo Padre prosiguió en su mensaje de Navidad:
“Haz
que en los corazones de los pueblos del continente americano prevalezcan los
valores de la solidaridad, la reconciliación y la pacífica convivencia, a
través del diálogo, el respeto recíproco y el reconocimiento de los derechos y
los valores culturales de todos los seres humanos”
Al “Hijo de Dios”, el Papa le pidió que conforte “a
las víctimas de la violencia contra las mujeres que se difunde en este tiempo
de pandemia”; que ofrezca “esperanza a los niños y a los adolescentes víctimas
de intimidación y de abusos”; que dé “consuelo y afecto a los ancianos, sobre
todo a los que se encuentran más solos”; y que conceda “serenidad y unidad a
las familias, lugar primordial para la educación y base del tejido social”.
“Dios
con nosotros, concede salud a los enfermos e inspira a todas las personas de
buena voluntad para que encuentren las soluciones más adecuadas que ayuden a
superar la crisis sanitaria y sus consecuencias. Haz que los corazones sean
generosos, para hacer llegar la asistencia necesaria, especialmente las
vacunas, a las poblaciones más pobres. Recompensa a todos los que demuestran
responsabilidad y entrega al hacerse cargo de sus familiares, de los enfermos y
de los más débiles”
Francisco se dirigió al “Niño de Belén”, para pedirle
que permita “que los prisioneros de guerra, civiles y militares, de los
conflictos recientes, y quienes están encarcelados por razones políticas puedan
volver pronto a sus hogares”. “No nos dejes indiferentes ante el drama de los
emigrantes, de los desplazados y de los refugiados, añadió, puesto que “sus
ojos nos piden que no miremos a otra parte, que no reneguemos de la humanidad
que nos une, que hagamos nuestras sus historias y no olvidemos sus dramas”.
Hacia el final de su mensaje, y antes de impartir su
bendición "Urbi et Orbi", dirigiéndose al “Verbo eterno” que se hizo
carne, el Santo Padre le pidió que nos haga “diligentes hacia nuestra casa
común, que también sufre por la negligencia con la que frecuentemente la
tratamos, y motiva a las autoridades políticas a llegar a acuerdos eficaces
para que las próximas generaciones puedan vivir en un ambiente respetuoso para
la vida”. Por último, antes de desear “¡Feliz Navidad a todos!”, dirigiéndose a
los queridos hermanos y hermanas del mundo entero, el Papa dijo:
“Muchas
son las dificultades de nuestro tiempo, pero más fuerte es la esperanza, porque
‘un niño nos ha nacido’. Él es la Palabra de Dios y se ha hecho un infante,
sólo capaz de llorar y necesitado de todo. Ha querido aprender a hablar, como
cada niño, para que aprendiésemos a escuchar a Dios, nuestro Padre, a
escucharnos entre nosotros y a dialogar como hermanos y hermanas. Oh Cristo,
nacido por nosotros, enséñanos a caminar contigo por los senderos de la paz”
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