5 – Febrero. Sábado. Santa Águeda, virgen y mártir
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Evangelio
según san Marcos 6, 30-34
Los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado.
Él les dijo: «Venid vosotros a solas a un lugar desierto a descansar un poco». Porque eran tantos los que iban y venían, que no encontraban tiempo ni para comer.
Se fueron en barca a solas a un lugar
desierto. Muchos los vieron marcharse y los reconocieron; entonces de
todas las aldeas fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les
adelantaron. Al desembarcar, Jesús vio una multitud y se compadeció de
ella, porque andaban como ovejas que no tienen pastor; y se puso a enseñarles
muchas cosas.
Comentario
Los apóstoles
vuelven de la misión encomendada por el Señor. Después de unas semanas
predicando y curando a los enfermos, podemos imaginar con qué entusiasmo le
contarían al Maestro los frutos abundantes de su trabajo. En otra ocasión, san
Lucas nos dice que los discípulos enviados por Jesús “volvieron llenos de
alegría” (Lc 10,17).
Es una
experiencia en la vida de los cristianos de todos los tiempos: contemplar las
maravillas, a veces escondidas, que Dios cumple a través de esos pobres
instrumentos que somos.
Jesús estaría
contento de escuchar a los apóstoles contar sus aventuras por las ciudades y
los pueblos de Palestina y, al verlos cansados, les propuso ir a descansar un
poco.
Seguramente
este descanso, que no fue el único durante esos años, consistiría en un plan
concreto: un paseo o una comida especial, tal vez con un buen vino. Pero sobre
todo se trataba de estar a solas con el Señor, una tertulia con Él.
Cuenta el
evangelio de Lucas que un día Jesús “estaba haciendo oración a solas, y se encontraban
con él los discípulos” (Lc 9,18). Es una frase curiosa porque nos muestra al
Señor en una soledad compartida. Para los que buscan vivir en la presencia de
Dios no existe la completa soledad, porque siempre estamos con Él. “Venid a mí
todos los fatigados y agobiados, y yo os aliviaré” (Mt 11,28).
Y esto nos
recuerda que el verdadero descanso, necesario y a veces indispensable, no puede
ser egoísta ni solitario, porque siempre es una relación, con Dios y con los
demás.
Llegados al
destino de este momento de descanso con sus apóstoles, Jesús se encuentra otra
vez con la multitud que le seguía constantemente, “se llenó de compasión por
ella” y se puso a enseñarles muchas cosas.
La breve
excursión de los Doce con el Maestro ha sido una verdadera clase sobre el
estilo de vida de un apóstol de Cristo, que según San Josemaría se manifiesta
en tres “síntomas”: “hambre de tratar al Maestro, preocupación constante por
las almas y perseverancia que nada hace desfallecer” (Camino, 934).
Giovanni
Vassallo
Fuente: Opus
Dei





