13 – Junio. Lunes. San Antonio de Padua, presbítero y doctor de la Iglesia
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Evangelio según san Mateo 5,
38-42
Habéis oído que se dijo: “Ojo por ojo, diente por diente”. Pero yo os digo: no hagáis frente al que os agravia.
Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la
otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también
el manto; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale
dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehúyas.
Comentario
Al que te pide dale, al que te
pide prestado no le rehúyas
La ley de
Moisés amparaba el hecho de exigir reparación por el agravio sufrido, y además,
de la misma intensidad que el agravio que se había infringido. ¡Ojo por ojo,
diente por diente! Pero como nos refiere Mateo en este fragmento, Jesús se
inclina por todo lo contrario. Parece que pretende nadar contra corriente,
haciendo lo contrario de lo que, humanamente, parece lógico.
Es decir: “al que te agravie, no
le hagas frente” y, por si fuera poco, pretende que “ofrezcamos la otra
mejilla, cuando nos abofetean en una de ellas”; al que pretenda “apropiarse de
tu túnica, que le des también la capa”; al que “te pide, que le des”, y al que
“te pide prestado, que no te inventes excusas”, parece un “mundo al revés”,
pero lo que en realidad pretende, no es que nos hagamos pasar por tontos, al
contrario, que nuestra actitud esté siempre marcada por la amabilidad y la
comprensión hacia los demás, con esto se consigue que, si las intenciones del
otro no son honradas, con nuestra actitud hacerlo reflexionar y que aprecie que
no actúa adecuadamente.
Por el contrario, si nuestra
respuesta es airada o violenta, lo único que generaremos será más violencia, y
el posible problema se enquistará y agrandará.
Jesús nos pide que seamos
sencillos y que nos opongamos, por todos los medios, a la violencia. No hay más
que ver las noticias o leer la prensa para darnos cuenta de la cantidad de
injusticias y violencias que dominan el mundo, y así la convivencia pacífica
resultará imposible, y solo se conseguirá que el egoísmo, la incomprensión y,
por tanto, la maldad sean los que gestionen nuestras vidas.
¿Intentamos valorar si nuestros
métodos son a costa del abuso hacia los demás?
¿El fin justifica los medios?
¿Seguimos la recomendación de
Jesús de ser Mansos y Humildes como Él?
Fuente: Dominicos






