Un resumen de los momentos más emotivos de la apertura de la Jornada Mundial de las Familias en Roma
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| Antoine Mekary | ALETEIA |
El Festival de las Familias es
«una partitura» en la que se alternan música, experiencias de vida, espacios de
reflexión y oración. Tras los impactantes acontecimientos, primero la pandemia
y ahora la guerra en Europa que se suma a otros conflictos, las palabras del
Papa Francisco pueden acompañar por fin la apertura del X Encuentro Mundial de
las Familias. El Santo Padre agradeció los testimonios de las familias en el
Festival, y les dijo que “han sido “amplificadores”, dando voz a la experiencia
de muchas otras familias en el mundo”, que, como ellas, experimentan “las
mismas alegrías, inquietudes, sufrimientos y esperanzas”.
El Papa exhortó a las familias a
dejarse transformar por el Señor, a «vivir con la mirada puesta en el Cielo»
afrontando los trabajos y las alegrías de la vida «mirando siempre hacia arriba
desde el techo», como decían a sus hijos los beatos María y Luigi Beltrame
Quattrocchi. El Pontífice se dirigió a las familias presentes en el Aula Pablo
VI, entre ellas una de la atormentada Ucrania, y a las dispersas en todas las
regiones del planeta. Roma es la sede principal, pero es el mundo entero el que
está escuchando, compartiendo ansiedades y esperanzas.
Seguidamente,
el Pontífice, mencionó la parábola del buen samaritano, que encuentra a un
hombre herido en la calle, se acerca a él, se hace cargo y le ayuda a seguir su
camino. Y pidió que sea la Iglesia para las familias, como el Buen Samaritano,
que se les acerca, les ayuda a seguir su camino y a dar “un paso más”, aunque
sea pequeño.
El Papa alentó a todas las
familias del mundo, diciéndoles que partan de su situación real, y desde “allí,
caminar juntos, juntos como esposos, juntos en vuestra familia, juntos con las
demás familias, juntos con la Iglesia”. E indicó estos «pasos adicionales» que
deben darse juntos.
«Un paso más» hacia el matrimonio
El amor conyugal no es un camino
que se hace solo, sino junto al Señor. Recordando la experiencia de Luigi y
Serena y su miedo a casarse, el Papa subrayó que «la vida familiar no es una
misión imposible». «Con la gracia del sacramento, Dios hace que sea un viaje
maravilloso que se hace junto a Él, nunca solo».
Podemos decir que cuando un
hombre y una mujer se enamoran, Dios les ofrece un regalo: el matrimonio. Un
don maravilloso, que tiene en sí la fuerza del amor divino: fuerte, duradero,
fiel, capaz de recuperarse después de cada fracaso o fragilidad. El matrimonio
no es una formalidad que hay que cumplir. Uno no se casa para ser católico «con
etiqueta», para obedecer una regla, o porque la Iglesia lo dice; uno se casa
porque quiere basar el matrimonio en el amor de Cristo, que es firme como una
roca. En el matrimonio, Cristo se entrega a ustedes, para que tengan la fuerza
de entregarse el uno al otro.
También afirmó que debemos
convertirnos y caminar como Iglesia, para que nuestras diócesis y parroquias
sean cada vez más “comunidades que sostienen a todos con los brazos abiertos”.
¡Es indispensable! Y ustedes, les dijo, providencialmente, han encontrado apoyo
en otras familias, que son, de hecho, pequeñas iglesias.
“Un paso más” para abrazar la
cruz
Todo el mundo puede recorrer el
camino de la santidad. Al testimonio de los padres de Chiara Corbella, cuyo
testimonio de fe profunda llevó en 2018 a la apertura de la causa de
beatificación, Francisco yuxtapone un camino, el de la cruz, que puede abrir
ventanas a la eternidad.
Nos han hablado de la cruz, que
forma parte de la vida de cada persona y de cada familia. Y han dado testimonio
de que la dura cruz de la enfermedad y la muerte de Clara no destruyó a la
familia y no quitó la serenidad y la paz de sus corazones. Y se en su aspecto,
señaló el Papa, no son personas abatidas, desesperadas y enfadadas con la vida.
Al contrario. Se percibe una gran serenidad y fe. Dijeron: «La serenidad de
Chiara nos ha abierto una ventana a la eternidad. Ver cómo vivió la prueba de
la enfermedad nos ayudó a mirar hacia arriba y a no quedarnos prisioneros del
dolor, sino a abrirnos a algo más grande: los misteriosos designios de Dios, la
eternidad, el Cielo.
“Un paso más” hacia la acogida
Al momento de mencionar el
testimonio de Iryna y Sofía, el Pontífice recordó que ellas dieron voz a tantas
personas cuyas vidas se han visto afectadas por la guerra en Ucrania. Vemos en
ustedes, les dijo, los rostros y las historias de tantos hombres y mujeres que
tuvieron que huir de su tierra. Les agradeció, porque ellas no perdieron la
confianza en la Providencia, y vieron, señaló el Papa, cómo Dios obra en
su favor también por medio de personas concretas que les ha hecho encontrar:
familias acogedoras, médicos que les ayudaron y tantos otros hombres de buen
corazón:
«La guerra las puso frente al
cinismo y a la brutalidad humana, pero también han encontrado personas de gran
humanidad. ¡Lo peor y lo mejor del hombre! Es importante para todos no quedarse
fijados en lo peor, sino valorar lo mejor, el mucho bien que es capaz de hacer
todo ser humano, y volver a partir de allí».
Palabras de agradecimiento
también a Pietro y Erika, por haber contado su historia y por la
generosidad con la que acogieron a Iryna y Sofía en su ya tan numerosa familia.
Ellos afirmaron que han acogido a esta familia ucraniana por gratitud a
Dios y con un espíritu de fe, como una llamada del Señor. Para Erika, esta
acogida ha sido una “bendición del cielo”. En efecto, dijo el Papa, la acogida
es precisamente un “carisma” de las familias, ¡y sobre todo de las numerosas!:
«Se piensa que en una casa donde
ya son muchos sea más difícil acoger a otros; en cambio, en la realidad no es
así, porque las familias con muchos hijos están entrenadas para hacer espacio a
los demás».
Esta es la dinámica de la
familia, recordó Francisco, «una sociedad», «se volvería fría e invivible
sin familias acogedoras». En la familia se vive una dinámica de acogida, porque
sobre todo los esposos se han acogido el uno al otro, como se lo dijeron
mutuamente el día del matrimonio: “Yo te recibo a ti”. Y después, añadió el
Papa, trayendo hijos al mundo, han acogido la vida de nuevas criaturas. En
cambio, Francisco afirmó que en contextos anónimos, se rechaza al
más débil, en las familias, en cambio, es natural acogerlo:
«un hijo con discapacidad, una
persona anciana que necesita cuidados, un pariente en dificultad que no tiene a
nadie. Esto da esperanza. Las familias son lugares de acogida y qué problema
sería si faltaran. Una sociedad sin familias acogedoras se volvería fría e
invivible.
Festival de las familias.
Testimonios de parejas ofrecidos al Papa
“Un paso más” hacia la
fraternidad
En la familia aprendemos a ser
hermanos. El testimonio de Zakia Seddiki, viuda del embajador Luca Attanasio,
asesinado en 2021 en el Congo, se refleja en un amor auténtico que permanece
siempre vivo. «En Zakia y Luca -dice el Papa- encontramos la belleza del amor
humano, la pasión por la vida, el altruismo y también la fidelidad al propio
credo y a la tradición religiosa, fuente de inspiración y de fuerza interior.
El ideal de la fraternidad se
expresa en su familia. Además de ser esposos, han vivido como hermanos en
humanidad, como hermanos en experiencias religiosas diferentes, como hermanos
en el compromiso social. Esta también es una escuela que se aprende en la
familia. Conviviendo con los que son diferentes a mí, en la familia se aprende
a ser hermanos. Se aprende a superar las divisiones, los prejuicios, las
cerrazones y a construir juntos algo grande y hermoso, partiendo de lo que
tenemos en común. Los ejemplos vividos de fraternidad, como el de Lucas y
Zakia, nos dan esperanza y nos hacen mirar con más confianza nuestro mundo
desgarrado por las divisiones y las enemistades. ¡Gracias por este ejemplo de
fraternidad!
Las palabras del Papa Francisco
fueron precedidas por un discurso de saludo del cardenal Kevin Farrell,
prefecto del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida. La familia, dijo
el cardenal, es «la confluencia de retos y problemas que en la vida cotidiana
de los novios, los cónyuges y los hijos parecen a veces insuperables». Es
precisamente esta realidad «la que la Iglesia quiere cuidar, con valentía,
misericordia y preocupación maternal».
Vatican News
Fuente: Aleteia






