“La vocación de la Iglesia es evangelizar, la alegría de la Iglesia es evangelizar”
![]() |
| Foto referencial del Papa Francisco. Crédito: Daniel Ibáñez/ACI Prensa |
En la mañana de este jueves 14 de julio, el Papa Francisco exigió
“tolerancia cero en el abuso de niños o personas incapacitadas" y aseguró
que estos casos "no se resuelven con una transferencia" del abusador
a otro lugar.
Estas fueron las rotundas palabras que el Santo Padre dirigió a
los participantes de los Capítulos Generales de la Orden de la Madre de Dios, de
la Orden Basiliana de San Josafat y de la Congregación de la Misión,
reunidos este jueves en el Vaticano.
En su discurso, el Papa Francisco explicó que el Capítulo General
“es el momento del
discernimiento comunitario: con la ayuda del Espíritu Santo
tratamos de ver si hemos sido fieles al carisma y en qué medida, en lo que el
Espíritu nos impulsa a seguir adelante y en lo que, en cambio, nos pide que
cambiemos”.
“Esta es una de las experiencias más bellas y más fuertemente
‘eclesiales’ que se nos da: escuchar juntos al Espíritu, presentándole
situaciones concretas, cuestiones, problemas…”, aseguró a continuación el Santo
Padre.
A continuación, destacó el carisma evangelizador y la importancia
de que cada Orden oriente su actividad según el testimonio y anuncio del
Evangelio: “La
vocación de la Iglesia es evangelizar, la alegría de la Iglesia es evangelizar”,
expresó.
“Pero una cosa es cierta: los carismas, como enseña San Pablo, son todos para
la edificación de la Iglesia, y como la Iglesia no es un fin en sí misma, sino
que su finalidad es evangelizar, se deduce que todo carisma, sin excepción,
puede y debe cooperar en la evangelización. Y esto hay que tenerlo bien
presente a la hora de discernir”, aseguró.
Además, explicó a los presentes que “como religiosos, estáis
llamados a evangelizar no sólo a nivel personal, como todo bautizado, sino también en forma comunitaria,
con vida fraterna”.
Para el Papa Francisco, esto “requiere una actitud diaria de conversión, requiere
voluntad de cuestionarse, vigilancia sobre la rigidez, así como de una
tolerancia excesiva y ‘cómoda’. Sobre todo, requiere humildad y
sencillez de corazón, que nunca debemos dejar de pedir a Dios, porque vienen de
Él”.
Asimismo, subrayó que es en las relaciones “donde se tamizan
nuestros corazones y donde, con el compromiso de cada uno, puede tomar forma un
hermoso testimonio de hermanos”.
“No una cursilería, no una concordia de fachada, no una
homogeneidad aplanada por la personalidad del superior o de algún líder. No.
Una fraternidad libre, con gusto por la diversidad y en busca de una armonía
cada vez más evangélica”.
Más tarde, el Pontífice ejemplificó esta idea y aseguró que es
“como en una orquesta con muchos instrumentos, donde lo esencial no es la
habilidad de los solistas, sino la capacidad de cada uno de ellos de escuchar a
todos los demás para crear la mejor armonía posible”.
También invitó a los presentes a preguntarse si son alegres en su vocación, “una alegría real, no formal, no esa
alegría con la sonrisa que no dice nada, la sonrisa artificial,
‘hermano, hermano’ y luego el puñal por detrás. Sucede, sucede, lo sabemos”,
lamentó.
“La alegría no formal, no la sonrisa artificial. La alegría de ser
de Cristo y estar juntos, con nuestras limitaciones y nuestros pecados. La alegría de ser perdonados por
Dios y de compartir este perdón con nuestros hermanos y hermanas. Esta alegría
no se puede ocultar, ¡brilla! Y es contagiosa”, defendió a
continuación.
Además, el Papa Francisco pidió “tolerancia cero” frente a los abusos:
“Somos religiosos, somos sacerdotes para llevar a la gente a Jesús, no para
‘comer’ a la gente con nuestra concupiscencia”.
“Y el maltratador destruye, 'se come' al maltratado con su
concupiscencia. Tolerancia cero. No te avergüences de denunciar (...). Por
favor te pido esto, tolerancia cero. Esto
no se resuelve con una transferencia”, aseguró.
Por último, destacó
la importancia de “la humildad y sencillez de corazón y alegría.
Este es el camino de una fraternidad evangelizadora. Imposible para los
hombres, pero no para Dios”.
Por Almudena Martínez-Bordiú
Fuente: ACI Prensa






