1 – Agosto. Lunes. San Alfonso María de Ligorio, obispo y doctor de la Iglesia
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Evangelio según san Mateo 14,
13-21
Al enterarse Jesús se marchó de allí en barca, a solas, a un lugar desierto. Cuando la gente lo supo, lo siguió por tierra desde los poblados.
Al desembarcar vio Jesús una multitud, se compadeció de ella y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: «Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren comida».
Jesús les replicó: «No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer».
Ellos le replicaron: «Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces».
Les dijo: «Traédmelos».
Mandó a la gente que se recostara en la hierba y
tomando los cinco panes y los dos peces, alzando la mirada al cielo, pronunció
la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se
los dieron a la gente. Comieron todos y se saciaron y recogieron doce
cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar
mujeres y niños.
Comentario
No tenemos más que cinco panes y
dos peces
El capítulo 14 del evangelio de
Mateo, nos relata como Jesús, al enterarse de que Juan el Bautista había sido
asesinado en la cárcel, decide apartarse junto a sus discípulos a un lugar
retirado y tranquilo, pero la gente le sigue por tierra y, al desembarcar, se
encuentra rodeado de un enorme gentío y comenzó a predicarles.
Al hacerse tarde los apóstoles le
incitan a que despida a la gente para que busquen algo con qué alimentarse en
las aldeas cercanas, ya que estaban en descampado, pero Él les dice, no hace
falta “dadles vosotros de comer”, ¡pero cómo! Las reservas eran cinco panes y
dos peces.
Pero el Maestro alzó la mirada al
cielo, pronunció la bendición y, milagrosamente, el escaso alimento con que
contaban se multiplicó, comieron todos, que eran una multitud, y aun recogieron
doce cestos con los restos sobrantes.
Jesús nos invita a que seamos
nosotros, sus seguidores, quienes alimentemos a nuestros semejantes, con la
Palabra que procede de Dios, no solo que cubramos las necesidades de los más
vulnerables, sino que, también, seamos portadores de la alegría del evangelio.
No admite la postura cómoda de
invitar a la gente a que busque su propio alimento, no, quiere que nosotros
facilitemos poder vivir aquello por lo que hemos sido llamados a seguirle, y
seamos capaces de transmitirlo a los demás. Nos dice: “lo que habéis recibido
gratis, dadlo gratis”, es decir, que seamos anunciadores de la Buena Noticia de
Jesús y podamos contagiar a los otros la gracia que nos infunde considerarnos
“sus” amigos.
¿Nos convertimos en falsos
profetas, con tal de conseguir ser honrados por los demás?
¿Estamos convencidos que Jesús
nos invita a alimentar a la gente con su Palabra, y dispuestos a hacerlo?
¿Nos consideramos correa de
transmisión de la alegría del evangelio?
Fuente: Dominicos






