Quiero compartir algunas máximas al momento de enfrentar el estudio serio, la oración sincera y la meditación de la vida frente a la Biblia
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| Crédito: Pixabay |
Estamos comenzando el mes de la
Biblia y por todas partes se publican artículos y videos fomentando su lectura
y uso en la vida espiritual e incluso en aspectos de la vida que parecen no tan
espirituales y más bien domésticos. Como sea, estamos todos de acuerdo
que la Palabra de Dios es un recurso fundamental, quizá el más importante,
al momento de enfrentar la vida como “Dios manda”.
Pero esto puede conllevar algunos
vicios y errores, pues es de acuerdo universal que este no siempre es un texto
de fácil comprensión e interpretación y su uso, muchas veces fuera de contexto,
puede significar menudos errores tanto teológicos como en la vida práctica.
No se trata de ponernos a
escribir un libro sobre un libro (aunque los hay y muchos), sino que dar algunas
ideas para que la lectura, estudio y meditación de la Palabra de Dios, sea
provechosa para todos y que al mismo tiempo, sean las Sagradas Escrituras
nuestro mejor recurso a la hora de hacer apostolado. Por eso quiero compartir
algunas máximas al momento de enfrentar el estudio serio, la oración sincera y
la meditación de la vida frente a la Biblia.
1. El error de comenzar por el principio
Parece obvio pero no lo es. Si
uno desea disponerse al estudio serio de la Palabra de Dios y su lectura con un
corazón orante, no siempre es buena idea comenzar por el libro del “Génesis”. De
hecho, muchas veces regalamos Biblias a nuestros amigos que comienzan su camino
en la fe e ingenuamente nuestra indicación es llevarlos a las primeras páginas.
Primero, el Génesis no fue de los
primeros libros en escribirse, solo está ahí por una cosa pedagógica. Al mismo
tiempo el libro del Génesis está lleno de lenguaje simbólico, que incluso
muchas veces se contradice. Siendo así, la mayoría de los
especialistas recomiendan acercarse a la Biblia desde los Evangelios, las
cartas de los apóstoles y lo último que sean los libros del Antiguo Testamento.
Nuestros amigos de Aleteia nos ofrecen una propuesta similar para no
equivocarnos y saber en qué
orden leer la Biblia.
2. Quiero un texto para mi vida
hoy… tomaré uno al azar
Sin duda una práctica muy
frecuente dentro de los grupos más “carismáticos” (que de hecho es mi familia
espiritual) y sobre todo aquellos más acercados a la teología y espiritualidad
“evangélica”. No digo que esté mal, pero si es un poco irresponsable tomar
la Biblia, mirar al cielo, abrirla azarosamente, poner un dedo donde caiga y
luego leer lo que sea que salga ahí y esperar que eso sea un mensaje de Dios
para mi vida. El cantante católico Martín Valverde tiene un chiste al respecto:
«nada más imagina que abras en Mateo 27,5, las palabras de Dios para ti
sería: “(…) y Judas se ahorcó”. No creo que Dios vaya a querer algo
así para ti.
Te comentaba que esta práctica es
frecuente en aquellos más cercanos a la espiritualidad “cristiano-evangélica”,
pues ellos no tienen un punto de referencia al momento de acercarse a Biblia,
nosotros si, le llamamos “liturgia”. Nada más revisa el sitio del Evangelio del Día y podrás revisar
las lecturas que corresponden a hoy y que se leen y rezan en todo el mundo, en
todas las Eucaristías.
Dios nos habla a través de la
Iglesia, su palabra es fresca y nueva cada día y no es necesario usarla como si
se tratara cartas de Tarot o dados, que dependiendo del azar dicen una
cosa u otra. Dios tiene un mensaje para ti hoy, que la Iglesia ha discernido
desde hace siglos y que sin duda hasta nuestros tiempos tiene sentido en
nuestras vidas.
3. El contexto es fundamental
para comprender el texto
Tanto para comprender conceptos
como para interpretar los textos es fundamental comprender el contexto
histórico, social, cultural e incluso económico en que cada uno de los Libros
Sagrados fue escrito. Por ejemplo, las unidades de medida son un misterio
si no te adentras en lo que ellas significan. Denarios, codos, lanzadas de
piedra, estadios; todas ellas unidades que se usaban en los tiempos de Jesús.
Por otra parte, la interpretación
de los textos cambia radicalmente cuando se sabe a quién iban dirigidos y por
qué habían sido escritos. Un ejemplo común se da cuando se habla del tema de
los tatuajes.
Mi asunto no es decir si están o no permitidos, pero si mirar el texto más
utilizado para argumentar que no son permitidos por Dios: Levítico 19, 28, que
dice: «No te harás tatuajes». Más explícito imposible ¿no? No
obstante un versículo atrás dice que los varones no tenemos que cortarnos los
bordes de la barba ni redondearnos los cabellos, que en nuestros campos no
podemos sembrar dos tipos de semillas, que si nos compramos un campo tenemos
que esperar tres años antes de comer sus frutos y no puedes usar ropa que esté
hecha con dos tipos de tela diferente. Es decir, los tatuados, los afeitados
y los que usan una chaqueta impermeable por fuera y con forro térmico por
dentro, son todos pecadores y arderán en el infierno, ¿Así? Pues ¡claro que
no!, por eso es importante conocer el contexto social y político en que fue
escrito el libro del Levítico para interpretarlo bien y no cometer torpezas y
terminar juzgando a los demás en nombre de Dios.
4. La Palabra de Dios como un
manantial fresco para nuestra oración
Seguro que el santo de tu
devoción o el fundador de tu espiritualidad escribió lindas e inspiradas
oraciones y meditaciones que acompañan tu vida espiritual, pero nada se
comparará con las palabras del mismo Creador de la vida, de tu Padre
Celestial. Por eso, hacer oración con la Biblia, es una de las
cosas más provechosas en el camino espiritual de los cristianos y para esto, el
método por excelencia es la Lectio Divina, una forma de oración que, si
bien podría parecer un poco “racional”, nos ayuda a abrir el entendimiento y el
corazón para descubrir la voz de Dios a través de su palabra.
Hace un tiempo, el Papa Francisco nos
ayudó con su mismo ejemplo al momento de hacer oración con la Palabra de Dios.
También puedes profundizar más en este método con la ayuda del proyecto “Lecionautas”, una iniciativa de
la Conferencia Episcopal Latinoamericana para incentivar el uso de la Biblia en
la oración.
5. No te quedes con la primera
Biblia que encuentres
La Biblia fue escrita
originalmente en Hebreo, Arameo y Griego. Obviamente es poco probable que
alguno de nosotros conozca esos idiomas. Es por eso que la Iglesia,
históricamente ha propuesto diferentes traducciones. No me atrevería a decir
que hay traducciones malas, pero si hay algunas más precisas que otras y al
mismo tiempo algunas más difíciles de leer que otras. Generalmente es
proporcional la fidelidad a los textos originales con la complejidad que
presentan.
6. Usa las notas a pie de página
Los Biblistas
llaman exégesis al ejercicio que se realiza cuando se cruzan los
textos y se encuentra coincidencias entre ellos. Cosa muy común en los
Evangelios, en donde incluso de forma explícita los autores sagrados hacen
referencia a diferentes profecías que hablaban de Jesús y que se iban
cumpliendo en Él.
Esto no queda reservado solo para
grandes estudiosos de la Biblia. De hecho todas las Biblias traen referencias a
otros textos, generalmente al comienzo de cada relato o párrafo o bien al pie
de la página. Es importante esto, pues un mismo relato, puede contener detalles
diferentes en los distintos Evangelios o bien se puede complementar con algo de
las cartas de los apóstoles o algún libro del Antiguo Testamento. Muchas veces
navegar entre esas citas bíblicas es un ejercicio de horas, una verdadera
aventura que termina siendo un estudio bíblico. También nos ayuda a comprender
aquello a lo que nos referíamos antes, del contexto, de los porqué, de las
formas y costumbres de la época o bien nos ofrece una interpretación de parte
de la Iglesia a algún texto confuso y de difícil comprensión. Nunca
abandones un pasaje de la Biblia sin antes revisar si tiene referencias a otros
textos o si hay algo sobre él en el pie de página.
Sebastián Campos
Fuente: Catholic Link






