El Papa Francisco aseguró este viernes que “la regla fundamental de la vida religiosa es el seguimiento de Cristo propuesto por el Evangelio” y la búsqueda constante y diaria del Señor
![]() |
| Dos consagradas durante una audiencia con el Papa Francisco. Crédito: Daniel Ibáñez / ACI Prensa |
En la mañana de este viernes 13 de enero, el Papa Francisco
recibió en audiencia a los Canónigos Regulares de San Agustín, a quienes habló
acerca de lo indispensable para la vida consagrada.
Al comienzo de su discurso, el Santo Padre dijo que “aunque cada
Congregación goza de autonomía propia, ello no impide que los Estatutos
Confederales prevean competencias que favorezcan un equilibrio entre dicha
autonomía”.
Explicó, además, que este equilibrio permite también “una
adecuada coordinación que evite la independencia y el aislamiento”.
En este sentido, advirtió que “el aislamiento es peligroso”
y defendió que “hay que tener mucho cuidado para protegerse de la enfermedad de
la autorreferencialidad y preservar la comunión entre las diferentes
Congregaciones como un verdadero tesoro”.
Para el Pontífice, “la vida consagrada es como el agua, si no
fluye se pudre, pierde sentido, es como la sal que pierde sabor, se vuelve
inútil”.
A continuación, aconsejó a los presentes no contentarse “con una
memoria arqueológica, porque ésta nos convierte en piezas de museo, tal vez
dignas de admiración pero no de imitación”.
“En cambio -explicó el Santo Padre-, la memoria deuteronómica
nos ayuda a vivir el presente plenamente y sin miedo para abrirnos al futuro
con renovada esperanza”.
Más tarde, el Papa Francisco aseguró que “la regla
fundamental de la vida religiosa es el seguimiento de Cristo propuesto
por el Evangelio”.
A partir de esta idea, pidió a los presentes que el Evangelio
sea su “vademécum” para alejarse de “la tentación de reducirlo a ideología”.
“El Evangelio nos recuerda constantemente que debemos situar a
Cristo en el centro de nuestra vida y de nuestra misión. Esto nos devuelve al
‘primer amor’”, señaló el Santo Padre.
Además, explicó que “amar a Cristo significa amar a la Iglesia,
su cuerpo. La vida consagrada nace en la Iglesia, crece con la Iglesia y
fructifica como Iglesia”.
“Es en la Iglesia, como nos enseña San Agustín, donde
descubrimos al Cristo total”, añadió.
Como Canónigos Regulares, el Papa dijo que su principal
ocupación “es la búsqueda constante y diaria del Señor”.
También les invitó a “buscar al Señor en la lectura asidua de la
Sagrada Escritura, en cuyas páginas resuenan Cristo y la
Iglesia”.
“Buscar al Señor en la liturgia, especialmente en la Eucaristía,
cumbre de la vida cristiana, que significa y realiza la unidad de la Iglesia en
la armonía de la caridad”, aconsejó.
Asimismo, les animó a buscar al Señor “en el estudio y en el
trabajo pastoral ordinario”, como también “en las realidades de nuestro tiempo,
sabiendo que nada humano puede sernos ajeno y que, libres de toda mundanidad,
podemos animar el mundo con la levadura del Reino de Dios”.
“Son los distintos caminos de una única
búsqueda, que supone el camino de la interioridad, del conocimiento y del amor
al Señor, en la escuela de San Agustín”, aseguró el Santo Padre.
“De este modo, la luz del Maestro
interior nos ilumina las realidades temporales”, concluyó.
Por Almudena Martínez-Bordiú
Fuente: ACI Prensa






