Entrevista exclusiva de Aleteia al periodista alemán que más compartió con Joseph Ratzinger/Benedicto XVI: «Triste sobre todo que haya tenido que sufrir tanto»
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«Todo en Benedicto XVI parecía modesto, sin pretensiones,
accesible. Yo había dejado la Iglesia, pero me impresionó la forma en que
Ratzinger hablaba del amor.» Peter Seewald (1954) llevaba más de un
cuarto de siglo acompañando periodísticamente al cardenal Joseph Ratzinger/
Benedicto XVI, primer Papa emérito en siglos.
En esta entrevista exclusiva para Aleteia, el
periodista alemán destacó la valentía del Papa emérito para defender la
fe, sin importarle la popularidad o los compromisos. Genio amado y odiado.
«Benedicto XVI es un santo. Le echaré muchísimo de menos.». «Su obra
permanecerá». Según el Papa Francisco, el magisterio de Benedicto XVI es
indispensable para el futuro de la Iglesia», afirmó Seewald, autor de Benedicto
XVI. Una vida (Ed. Mensajero, p.1150, 2020).
– ¿Qué sentimientos y reflexiones despiertan en usted
estos últimos días en la vida de Benedicto XVI?
«Por un lado, me entristeció mucho que el Papa emérito
terminara su vida terrenal. Triste sobre todo que haya tenido que sufrir tanto.
Por otra parte, le deseé una buena muerte para su «vuelta a casa» en la
eternidad, que él deseaba desde hacía mucho tiempo.
Por mi mente también pasaron escenas de nuestros numerosos
encuentros. Como antiguo comunista y autor de Spiegel, no me sentía
especialmente cercano a Joseph Ratzinger. Por eso me sorprendió tanto más
conocer en nuestro primer encuentro, en noviembre de 1992, a un hombre que no
tenía nada de príncipe de la Iglesia, y menos aún de «Panzerkardinal».
Todo en él parecía modesto, sin pretensiones, accesible. Yo
había dejado la Iglesia, pero me impresionó la forma en que Ratzinger hablaba
del amor. Cómo demostró que la religión y la ciencia, la fe y la razón no son
opuestas.
Su forma de enseñar me recordaba a la de los maestros
espirituales que no convencen con lecciones vanas, sino con gestos tranquilos,
alusiones veladas y mucho sufrimiento. Sobre todo, a través de su propio
ejemplo, que incluye integridad, fidelidad, valentía y una buena dosis de
voluntad de sufrir.
Me pareció especialmente impresionante su valentía para
defender sus convicciones. Incluso a costa de la popularidad. Y resistir a
todos los intentos de convertir el mensaje de Cristo en una religión acorde con
las necesidades de la «sociedad civil». «La Iglesia tiene su luz de Cristo»,
dijo, «si no capta esa luz y la transmite, no es más que un trozo de tierra sin
brillo».
También me gustó su serenidad, su actitud noble, su humor.
Benedicto XVI es un santo. Le echaré muchísimo de menos.»
– ¿Cómo será recordado Benedicto XVI?
«Eso depende enteramente de nosotros y de la evolución de la
Iglesia. En cualquier caso, Joseph Ratzinger ha dejado una obra en la que
aporta importantes respuestas a los problemas de una sociedad que perdió el
sentido de Dios y de una Iglesia que está perdiendo la fe.
Una cosa es cierta: con Benedicto XVI, el mundo pierde una
personalidad excepcional. No es casualidad que se le considerara uno de los
intelectuales más importantes del siglo y el mayor teólogo que ha ocupado la
silla papal. Muchos le consideran el Doctor de la Iglesia de la era moderna. En
cada uno de sus escritos queda clara su actitud básica: la Iglesia y la fe no
pueden ser hechas por uno para sí mismo.
Me complace unirme a su sucesor en esta valoración. Según el
Papa Francisco, el magisterio de Benedicto XVI es indispensable para el futuro
de la Iglesia. En efecto, «aparecerá cada vez más grande y poderoso de
generación en generación”.»
¿Cuál es su último recuerdo de Benedicto XV?
«Llevaba mucho tiempo postrado en una silla de ruedas. El
espíritu estaba bien despierto, pero últimamente su voz se había vuelto tan
débil que apenas era inteligible. En nuestro último encuentro, el 15 de
octubre, lo que más se palpaba era el sufrimiento que llevaba a cuestas, el
profundo dolor por lo que ocurría en el mundo y la crisis de la Iglesia,
especialmente en su patria.
«¿Por qué no ha encontrado la muerte, Papa Benedetto?», le
había preguntado al Papa emérito. Su respuesta fue que tenía que quedarse. Como
una «señal». Un signo del rumbo que defendía; del mensaje de Jesús, a cuya
transmisión sin adulterar había dedicado toda su vida.
«La próxima vez nos veremos en el cielo», se despidió de mí
con la mano. Sabía exactamente hacia dónde se dirigía el viaje y lo que le
esperaba en su destino. La promesa de vida eterna de Cristo era uno de sus
temas favoritos. «Si pertenecer a la Iglesia tiene algún significado», dijo una
vez, «es que nos da la vida eterna y, por tanto, la vida justa y verdadera.
Todo lo demás es secundario.” »
Ary
Waldir Ramos Díaz
Fuente: Aleteia






