Cuarto día: Explicación de las letanías
![]() |
| Aciprensa |
Kyrye eleison
¡Señor ten piedad de
nosotros! La Iglesia, poniendo esas palabras al comienzo de las letanías
quiere hacernos recordar que es necesario, antes de la oración, buscar en el
seno de la misericordia de Dios la gracia y los auxilios que puedan hacerla
agradable y saludable para nosotros. Se dirige en primer lugar a Dios Padre,
que siendo el Padre de las misericordias y el Dios de toda consolación, está
siempre listo a concedernos una renovación de sus grandes misericordias, cuando
se la pedimos con las disposiciones que exige de nosotros.
Christe eleison
¡Cristo, ten misericordia de
nosotros! Para convencernos de la benéfica misericordia de Jesucristo,
abramos el Evangelio que refiere los prodigios de su misericordia y sigamos la
secuencia. Cuántos efectos misericordiosos no han experimentado los hombres en
el tiempo que ha vivido entre ellos, No veremos a nadie que haya implorado
sobre el cuál no se haya detenido. Tendió la mano auxiliadora a todos los
desventurados, devolviendo la vista a los ciegos, el oído a los sordos, la
palabra a los mudos y la vida a los muertos; cuantos se dirigieron a él lo
hicieron exclamando: ¡Jesucristo, ten misericordia de nosotros!
Kyrye eleison
¡Señor ten piedad de
nosotros! Al Espíritu Santo, a ese Dios de amor y de caridad, que gusta
comunicarse con las almas fervientes hay que dirigir, sin cesar, votos
ardientes y sinceros en nuestras necesidades y, sobre todo en el estado de
pecado. Es él quien va delante del pecador por su misericordia. Es Aquél que
habiéndole prevenido, lo llama; que habiéndolo llamado lo justifica y que,
habiéndolo justificado, lo conduce por los senderos de la justicia, y así,
elevado a la perfección por el don de la perseverancia, para darle la corona de
la gloria. Tales son los grados de la gracia del Espíritu Santo para aquellos
que, en la efusión de un corazón destinado a recibir sus divinas influencias,
le piden, por el fervor de sus oraciones, la pureza de sus deseos y la
solicitud de su divino amor
Ejemplo
Santa
Matilde, leyendo un día esas divinas palabras del Salvador mostrando a la
Santísima Virgen: Mujer he ahí a tu Hijo, se sintió inspirada de pedir al Hijo
de Dios que la hiciera partícipe de la gracias concedida a san Juan, para que
esas palabras que fueron pronunciadas en el Calvario, pudieran ser dichas
nuevamente, en su favor, a la Santísima Virgen: Mujer he ahí a tu hijo. No
terminó de decir su oración y ya sentía su efecto; escuchó la adorable voz del
Salvador recomendara especialmente a los cuidados de su Santísima Madre, en
consideración a la Sangre que había derramado por el alma de esta hija, que era
su esposa por los santos compromisos que había asumido con Él. Mechtilde.
Colmada de dicha y de confianza delante de tal recomendación, fue movida a
hacer el mismo pedido a favor de aquellos de aquellos que lo solicitaran: y el
divino Salvador se dignó hacerle entender que no rechazaría nunca a quien se lo
pidiera con fervor. Pidámosle, pues, que quiera entregarnos a María como sus
hijos, eligiéndola nosotros mismos como nuestra Madre.
No olvidemos nunca que la
Santísima Virgen es nuestra mediadora delante de Dios. Recurramos a menudo a su
poderosa intercesión.






