El exceso de
dedicación que regalan los abuelos, es una tarea que en ocasiones puede alterar
su gastado organismo por la responsabilidad a que son sometidos
Siempre
que publico algún artículo de los que escribo, suelo recibir mensajes de amigos
de diferentes países, comentándome su visión sobre los temas que trato, que por
supuesto, me producen una gran satisfacción. Así las cosas, quiero citar con
verdadera alegría, el mensaje recibido hoy que me parece un pequeño tesoro.
Es el caso de Daniel y Esperanza. Dos psicólogos argentinos especializados en psicología infantil y gerontología, que llevan varios años jubilados y que me envían un mensaje con el que desean compartir la felicidad que han experimentado recientemente por la llegada de su primer nieto. Para ellos, a pesar de su avanzada edad, su nieto Aitor es un importante punto de apoyo para su vida. Es iniciar de nuevo su capacidad de amar, que Dios les regala, para depositarla en sus descendientes además de rejuvenecerles sus cansados espíritus y llenarlos de nuevo de sueños y de ilusiones.
Como
profesionales, Daniel y Esperanza, son conscientes de la gran ventaja que para
los niños supone la figura de los abuelos. Sin embargo están convencidos y
entienden, que nunca los abuelos deben desarrollar el papel encomendado a los
padres, para de este modo evitar los pequeños conflictos familiares que
pudieran surgir sobre la educación de los niños.
Por
otra parte, también son conscientes de que a veces el exceso de dedicación que
regalan los abuelos, es una tarea que en ocasiones puede alterar su gastado
organismo por la responsabilidad a que son sometidos. Y de este modo derivar a
situaciones de estrés y de ansiedad con empeoramiento de su salud física y
mental. En cualquier caso, Daniel y Esperanza están convencidos de que es
fundamental que los abuelos deben continuar su vida sin abandonar aquellas
tareas iniciadas al principio de su jubilación, así como disponer de ese tiempo
libre que dedican a sus pequeños ratos de ocio que para ellos son esenciales.
Todo
ello, naturalmente, sin restar nada al cariño devocional que dedican a sus
hijos, a su nieto y por supuesto a ese Dios que les ha bendecido enviándoles el
nieto. Por todo ello, he de confesar que he sentido una alegría inmensa al
compartir con Daniel y Esperanza, abuelos primerizos, su mensaje de felicidad
por la llegada de Aitor. A fin de cuentas, la realidad es que Dios siempre nos
envía Vida y en el caso de mis amigos, envuelta en la ternura de un niño.
José
Guillermo García Olivas
Madrid,
España






