Homilía hoy en Casa Santa
Marta
La
ternura de Dios, como rasgo que lo define, es el tema de la homilía del Papa
hoy en Casa Santa Marta. Así lo decía el salmo: “… es cariñoso con todas sus
criaturas”. La imagen presentada por Isaías es la de un Dios que nos habla como
un papá con su hijo, empequeñeciendo su voz para hacerla lo más semejante a la
suya. Y ante todo lo tranquiliza acariciándolo: ”No temas, yo vengo en tu
ayuda”.
Parece
que nuestro Dios quiera cantarnos una nana. Nuestro Dios es capaz de esto.
Su ternura es así: es padre y madre. Muchas veces ha dicho: “Aunque una madre
se olvide de su hijo, yo jamás te olvidaré. Nos lleva en sus entrañas. Es el
Dios que con este diálogo se hace pequeño para hacer que confiemos en Él y
podamos decirle con el valor de Pablo que cambia la palabra y dice: “Papá,
Abbá”. Papá … Es la ternura de Dios.
El grande que se hace
pequeño y el pequeño que es grande
Es
verdad, dice Francisco, a veces Dios nos da palos, Él es el grande, pero con su
ternura se acerca a nosotros y nos salva. Y esto es un misterio y una de las
cosas más bellas.
Es
el Dios grande que se hace pequeño, y en su pequeñez no deja de ser
grande. Y en esta dialéctica lo grande es pequeño: es la ternura de Dios. El
grande que se hace pequeño y el pequeño que es grande. La Navidad nos ayuda a
comprender esto: en ese pesebre … el Dios pequeño. Me viene a la mente una
frase de Santo Tomás, en la primera parte de la
Summa. Queriendo explicar esto: “¿Qué es lo divino? ¿Qué es lo más
divino?”, dice: “Non coerceri a maximo contineri tamen a minimo divinum
est”, es decir, no asustarse de las cosas grandes, pero tener en cuenta las
cosas pequeñas. Esto es divino, las dos cosas juntas.
¿Pero dónde en particular
se muestra la ternura de Dios?
Dios
no solo nos ayuda, sino que nos hace también promesas de alegría, de una
cosecha grande, para ayudarnos a seguir adelante. Dios que, repite Francisco,
no solo es padre sino también papá:
¿Yo
soy capaz de hablar con el Señor así, o tengo miedo? Que cada uno responda.
Pero alguien puede decir: “¿Cuál es el lugar teológico de la ternura de
Dios? ¿Dónde se puede encontrar realmente la ternura de Dios? ¿Cuál es
el lugar donde se manifiesta mejor la ternura de Dios?”-“La herida”. Mis
heridas, tus heridas, cuando se encuentra mi herida con la suya. En sus heridas
hemos sido curados.
El
Papa recuerda la parábola del Buen Samaritano: allí alguien se inclinó hacia el
hombre herido por los bandidos y lo socorrió curando sus heridas y pagando por
su curación. Ése es “el lugar teológico de la ternura de Dios: nuestras
heridas”. Y el Papa concluye exhortando a pensar durante la jornada en la
invitación del Señor: “Déjame ver tus heridas. Yo quiero curarlas”.






