Enseñad a vuestros hijos
a mirar el crucifijo y la gloria de Cristo
A
partir de la Primera Lectura (Nm 21, 4-9) de este martes 20 de marzo, en
la que se narran las penurias del pueblo de Israel tras la huida de Egipto, el
Papa Francisco explicó en la Misa celebrada en Casa Santa Marta cómo mirar a
Cristo ensangrentado en la cruz puede ayudar a superar los momentos de
desilusión en el camino de conversión que, incluso, pueden incitar en el alma
sentimientos de rechazo a Dios.
El
pueblo de Israel, a pesar de todo lo que había recibido de Dios, el maná cuando
les faltaba de comer, el agua cuando les faltaba de beber, mostró su rechazo a
Moisés y a Dios cuando llegaron a la frontera con la tierra de Caná y
comprobaron que estaba habitada por un pueblo poderoso fuertemente armado.
El
Santo Padre explicó que “el pueblo no soportó el viaje”, del mismo modo que las
personas comienzan “una vida para seguir al Señor, para estar cercano al Señor,
pero llegan a un punto en que las pruebas parecen superarlos”.
Se
llega entonces a un momento en que la persona dice “¡basta! ¡Yo aquí me paro y
me doy la vuelta!”. Se piensa, pues, en el pasado con nostalgia: “cuanta comida
maravillosa comíamos allí”, en referencia a la nostalgia que, en un momento
concreto, sintieron algunos israelitas de la esclavitud en Egipto.
“Estas
son las ilusiones que nos mete el diablo: te hace ver lo bello de una cosa que
has dejado, de las cuales te has convencido en el momento de la desolación del
camino, cuando todavía no has alcanzado la promesa que te hizo el Señor”.
El
Obispo de Roma comparó esta situación con el camino de la Cuaresma. Puede
ocurrir que “en Cuaresma podamos pensar de este modo. O concebir la vida como
una Cuaresma: siempre hay pruebas y las consolaciones del Señor como el maná,
el agua… Y a pesar de todo, el pueblo de Israel no podía olvidar lo que comían
en la mesa de la esclavitud”.
Esa
tentación que experimentaron los israelitas en el desierto es la misma que
afecta a cualquier persona cuando se quiere seguir al Señor pero se atasca. El
error, cuando eso sucede, es “hablar a espaldas de Dios e intoxicarse el alma”
debido a que se piensa que Dios no lo quiere ayudar.
El
Papa siguió explicando el significado de la Primera Lectura, y en concreto la
escena en que Dios envía unas serpientes que empiezan a morder a los israelitas
que habían murmurado contra Dios. Entonces Moisés intercede por ellos ante
Dios, y el Señor le ordena que haga una serpiente de bronce y que la eleve
sobre un asta. Todo aquel que hubiera sufrido la mordedura y mirara la
serpiente de bronce, quedaría curado.
Lejos
de ser un elemento idolátrico, el Santo Padre señaló que la serpiente de bronce
sobre el asta es un elemento profético: “es la figura de Cristo sobre la cruz”.
“Ahí
está la llave de nuestra salvación, la llave de nuestra paciencia en el camino
de la vida, la llave para superar nuestros desiertos: mirar al crucifijo. Mirar
a Cristo crucificado”.
Por
ello, el Pontífice invitó a que, en los momentos de dificultad en el camino,
“mirar al crucifijo”, a “Cristo cubierto de llagas”. En concreto, invitó a
mirar a los crucifijos “feos”, pero “reales”. “Porque los artistas han hecho
crucifijos bellos, artísticos”, lo cual “no siempre es mundanidad”, porque el
artista pretende así mostrar “la gloria de la cruz, la gloria de la
resurrección”.
Pero
para los momentos en que se siente desfallecer en el camino, el Papa recomendó
mirar a aquellos crucifijos en los que se muestra a Cristo cubierto de sangre,
antes que aquellos en los que se muestra la gloria. Y ya después contemplar la
gloria de la resurrección.
El
Obispo de Roma finalizó la homilía haciendo una recomendación: “Enseñad a
vuestros hijos a mirar el crucifijo y la gloria de Cristo. Pero nosotros, en
los momentos malos, en los momentos difíciles, intoxicados un poco por haber
dicho en nuestros corazones cualquier cosa contra Dios, miremos las llagas de
Cristo”.






