"La Biblia es el único libro sagrado que habla
del comienzo del espacio-tiempo, cuando el universo fue creado, y del universo
en constante expansión"
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El Dr. Hugh Ross es un astrofísico norteamericano que,
después de llegar a Dios por medio de la ciencia, fundó la organización
internacional Reasons to Believe (Razones para Creer), dedicada a
demostrar la compatibilidad entre la razón y la fe y, más específicamente,
entre la ciencia y la Biblia. En palabras del fundador, se trata de un
“ministerio de investigación y apologética de la ciencia y de la fe, que fundé
para demostrar que los descubrimientos científicos confirman la verdad del
cristianismo”, principalmente “a partir de los registros de la naturaleza”.
No es una
organización católica – pero es significativo observar que, aunque se aparta de
la Iglesia católica en lo tocante a la totalidad de la Revelación, la
perspectiva protestante mantiene las constataciones fundamentales del
catolicismo sobre la demostrabilidad científica de la relación entre la
creación y el Creador.
Aquí el
testimonio del Dr. Hugh Ross:
Yo no crecí
en un ambiente cristiano. Nací, crecí y fui educado en Canadá, un país ampliamente
laico. Mis padres apreciaban los valores morales, pero sólo íbamos a la Iglesia
de vez en cuando.
Entré en
contacto con la astronomía a los 7 años, intentando descubrir por qué las
estrellas son calientes. A los 8, ya sabía que la astrofísica sería mi futura
carrera.
Empezaría
entonces a estudiar una disciplina en particular a cada año con alguna
profundidad. A los 16, me dediqué a la cosmología, al surgimiento y a la
estructura del universo, y fue cuando percibí que las evidencias favorecían
fuertemente la cosmología del “Big Bang”, según el cual el universo tiene un
inicio. Por tanto, tiene que haber algún iniciador.
A partir de
los 16 años, entonces, ya no dudaba de la existencia de Dios, pero seguía
escéptico. Si había un Dios que creó este vasto universo, ¿Él se comunicaría
con esos seres de una pequeña partícula que llamamos Planeta Tierra? Fuera como
fuese, por cuestión de honradez intelectual, pasé a estudiar los libros
sagrados de las religiones del mundo.
Llegué a
reconocer que sólo había uno que consistentemente preveía la ciencia y la
historia futura. Y así, a los 19 años, marqué mi nombre en el reverso de una
Biblia de los Gedeones, comprometiendo mi vida con Cristo. Tardé más de ocho
años hasta que volviese a establecer mayor contacto con los cristianos, cuando
llegué al campus de la Universidad Caltech, en Califórnia, donde me impliqué en
investigaciones de astrofísica.
Allí estuve
estudiando en la época en que algunos científicos británicos, como Stephen
Hawking, desarrollaban el primero de los teoremas del espacio-tiempo. Ellos
afirman que el universo entero es rastreable hasta un comienzo real en el
espacio y en el tiempo, con un agente causal que está más allá del espacio y
del tiempo y que trajo este universo a la existencia.
La ciencia y la Biblia
Prosigue Ross:
Cuando estudié las religiones orientales,
vi que hablan del espacio y del tiempo como eternos, no creados. La Biblia es
el único libro sagrado que habla del comienzo del espacio-tiempo real, cuando
el universo fue creado. Es también el único libro sagrado que habla del
universo en constante expansión. Yo sabía lo suficiente sobre la historia de la
astronomía para darme cuenta de que eso no se registró en ningún otro lugar
hasta el siglo XX.
Hay once
pasajes diferentes que hablan sobre Dios “extendiendo los cielos”, en una
variedad de formas verbales hebreas, lo que significa que la Biblia está
hablando literalmente, y no figurativamente, sobre Dios que expande el
universo. El hecho de que la Biblia predijo el corazón de la cosmología del Big
Bang miles de años antes que cualquier astrónomo siquiera hubiese soñado con
ese concepto fue una de las evidencias que me dijeron: “Este libro tiene poder
predictivo”.
Percibí que tenía el mismo poder predictivo
en relación a la historia humana, anticipando eventos históricos futuros. Me di
cuenta de que esto solo era posible si hubiese sido inspirado por quien
realmente creó el universo y conoce el futuro.
Los descubrimientos científicos confirman la verdad del
cristianismo
Lo que realmente me impresionó en la
Biblia, en comparación con los demás libros sagrados, es que es la única que
prevé tests objetivos: “Examinen todo; quédense con lo bueno”, dice Pablo en la
1ª carta a los Tesalonicenses 5,21. Y, de hecho, la Biblia no sólo nos dice que
examinemos, sino que nos muestra cómo hacerlo. Cuando me confronto con los
“Richards Dawkinses” del mundo, digo:
“¿Usted es consciente de que el método
científico viene de las páginas de la Biblia?”.
Ross afirma al respecto:
“No es casual
que la revolución científica haya surgido a partir de la Reforma”. Cabe
puntuar: cronológicamente, es cierto que la revolución científica del siglo XVI
tuvo lugar en la época de la Reforma protestante, pero no es históricamente correcto
afirmar que haya nacido de la Reforma.
Basta recordar las contribuciones a la ciencia hechas por la propia Iglesia y
por renombrados sacerdotes científicos anteriores a esa época y contemporáneos
a ella.
A partir de PremierChristianity
Fuente: Aleteia