Homilía ayer en Casa Santa Marta
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Magdalena Paluchowska I Shutterstock |
El camino para encontrar la paz en el
mundo, en nuestras sociedades y también en nuestras familias, pasa por la
humildad, la dulzura y la magnanimidad. Lo dice hoy Papa Francisco en la misa
de hoy en Casa Santa Marta.
Reflexionando
sobre la primera lectura, de san Pablo a los Efesios, Francisco recuerda que
Pablo, desde la soledad de su prisión, dirige a los cristianos un auténtico
“himno a la unidad”, recordándoles la “dignidad de su vocación”.
Es una soledad
que acompañará al apóstol, observa el Papa, hasta la muerte en “Tre Fontane”,
“porque los cristianos – añade – están demasiado ocupados” en sus “luchas
internas”. El mismo Jesús, dice, “antes de morir, en la Última Cena, pidió al
Padre la gracia de la unidad para todos nosotros”.
Y sin
embargo, constata Francisco, estamos ya “acostumbrados a respirar el aire de
los conflictos”: cada día, en la TV y en los periódicos, se habla de los
conflictos, “uno detrás de otro”, de guerras, “sin paz, sin unidad”. Aunque –
dice Francisco – “se hacen pactos” para detener un conflicto, después los
acuerdos no se respetan. Así “la carrera de armamento, la preparación a la
guerra, a la destrucción, sigue”.
También las instituciones mundiales – lo
vemos hoy – creadas con la mejor voluntad de ayudar a la unidad de la
humanidad, la paz, se sienten incapaces de encontrar un acuerdo: hay un veto
aquí, un interés allá… y cuesta encontrar acuerdos de paz. Y mientras tanto los
niños no tienen qué comer, no van a la escuela, no se educan, no hay hospitales
porque la guerra lo destruye todo.
Tenemos una tendencia a la destrucción, a
la guerra, a la desunión. Es la tendencia que siembra en nuestro corazón el
enemigo, el destructor de la humanidad: el diablo. Pablo, en este pasaje, nos
enseña el camino hacia la unidad, que dice: “La unidad se logra, se ‘blinda’ –
por así decirlo – con el vínculo de la paz”. La paz lleva a la unidad.
Por eso,
llama a un comportamiento digno “de la llamada” recibida, “con toda humildad,
dulzura y magnanimidad”.
Para lograr la paz, la unidad entre
nosotros, “humildad, dulzura – nosotros que estamos acostumbrados a
insultarnos, a gritarnos… dulzura – y magnanimidad”. Déjalo estar, pero abre el
corazón. ¿Se puede alcanzar la paz en el mundo con estas tres pequeñas cosas?
Sí, es el camino. ¿Se puede llegar a la unidad? Sí, es el camino: “humildad,
dulzura y magnanimidad”.
Y Pablo es práctico, y sigue con un consejo
muy práctico: “sopórtense mutuamente en el amor”. Soportarnos unos a otros. No
es fácil, siempre sale el juicio la condena, que lleva a la separación, a
la distancia…
Sucede,
observa el Papa, también cuando se crea una distancia entre los miembros de una
misma familia. Y “el diablo es feliz” de esto, es “el inicio de la guerra”. El
consejo es entonces “soportar”, “porque todos nosotros damos motivos de
fastidio, de impaciencia, porque todos somos pecadores, todos tenemos nuestros
defectos”.
San Pablo
recomienda “conservar la unidad del espíritu mediante el vínculo de la paz”,
“seguramente por inspiración de las palabras de Jesús en la Última Cena: ‘Un
solo cuerpo y un solo espíritu’”. Después – añade el Papa – “sigue y nos hace
ver el horizonte de la paz, con Dios; como Jesús mostró el horizonte de la paz
en la oración: ‘Padre, que sean uno, como Tu y yo’. La unidad”.
Francisco
recuerda que Jesús aconseja ponerse de acuerdo con el adversario “durante el
camino”: un “buen consejo”, comenta el Pontífice, porque “no es difícil
encontrar un acuerdo al principio del conflicto”.
El consejo de Jesús: ponte de acuerdo al
principio, haz las paces al principio: esto es humildad, esto es dulzura, esto
es magnanimidad. Se puede construir la paz en el mundo entero con estas
tres pequeñas cosas, porque estas actitudes son las actitudes de Jesús:
humilde, manso, perdona todo.
El mundo hoy necesita paz, nosotros
necesitamos paz, nuestras familias necesitan paz, nuestra sociedad necesita
paz. Empecemos en casa a practicar estas cosas sencillas: magnanimidad,
dulzura, humildad. Sigamos por este camino: siempre buscar la unidad,
consolidar la unidad. Que el Señor nos ayude en este camino.
Vatican
Media
Fuente:
Aleteia