Homilía ayer en Casa Santa Marta
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Photo by Tessa Rampersad on Unsplash |
La mujer
embarazada que espera gozosa el encuentro con el hijo que va a nacer y todos
los días se toca la barriga para acariciarlo. Es la imagen que el Papa
Francisco usa hoy en su homilía, para explicar lo que es la esperanza: vivir
pensando en el encuentro concreto con Jesús, que no es algo abstracto. Y la
sabiduría es saber disfrutar de los “pequeños encuentros de la vida con Jesús”.
El Papa empieza su homilía
reflexionando sobre dos palabras del mensaje litúrgico de hoy: “ciudadanía” y
“herencia”. Sobre la ciudadanía, dice: “Es un regalo que Dios nos ha hecho”,
habernos hecho “ciudadanos”, y consiste en habernos dado una identidad, “un
carnet de identidad”.
Dios en Jesús “abolió la
Ley” para reconciliarnos, eliminando la enemistad, para que podamos
“presentarnos, unos a otros, al Padre en un solo Espíritu”, o sea, “nos ha
hecho ‘uno’”, subraya el Papa Francisco. Así “somos conciudadanos de los
santos” en Jesús.
Y “nuestra identidad es justo
esto, ser curados por el Señor, ser construidos en comunidad y tener el
Espíritu Santo dentro”, prosigue el Papa. Dios, por tanto, “nos hace
caminar” hacia la herencia, con esta seguridad, la de ser “conciudadanos” y que
“Dios está con nosotros”.
Y la herencia – explica
Francisco – “es lo que nosotros buscamos en nuestro camino, lo que recibiremos
al final”. Pero hay que buscarlo cada día, y lo que hace que sigamos en el
camino de nuestra identidad hacia la herencia es justamente la esperanza, “la
virtud quizás más pequeña, quizás más difícil de entender”.
La fe, la esperanza y la
caridad son un don. La fe y la caridad son fáciles de comprender. “Pero la
esperanza, ¿qué es?”, pregunta Francisco, subrayando que, sí, es esperar el
Cielo, “encontrar a los santos”, “una felicidad eterna”. “¿Pero qué es el
Cielo, para ti?”, pregunta el Papa.
Vivir
en esperanza es caminar, sí, hacia un premio, hacia la felicidad que no no
tenemos aquí pero que tendremos allí … es una virtud difícil de comprender. Es
una virtud humilde, muy humilde. Es una virtud que no defrauda nunca: si
esperas, nunca serás defraudado. Nunca, nunca. Es también una virtud concreta.
“¿Pero cómo puede ser concreta, si no conozco el Cielo o lo que me espera?”. La
esperanza, nuestra herencia que es la esperanza hacia algo, no es una idea, no
es estar en un sitio hermoso … no. Es un encuentro. Jesús siempre subraya esta
parte de la esperanza, este estar a la espera, encontrar.
En el evangelio del día (Lc
12,35-38) consiste en el encuentro del amo cuando vuelve de las bodas. Así que
siempre hay un encuentro con el Señor, algo concreto.
Me
viene a la mente, cuando pienso en la esperanza, una imagen: la mujer
embarazada, la mujer que espera un niño. Va al médico, le enseña la ecografía –
“ah, sí, el niño … vale” … ¡No! ¡Está contenta! Y todos los días se toca la
tripa para acariciar a ese niño, está esperando al niño, vive esperando a ese
hijo. Esta imagen nos puede hacer entender lo que es la esperanza: vivir para
ese encuentro. Esa mujer imagina cómo serán los ojos del niño, cómo será
su sonrisa, cómo será, rubio o moreno… imagina el encuentro con el hijo.
Para el Papa, esta imagen de
la mujer embarazada puede ayudarnos a comprender qué es la esperanza y a
hacerse algunas preguntas: “¿Lo espero así, concretamente, o espero un poco
difuso, un poco gnósticamente?”. La esperanza es concreta, es de todos los
días, porque es un encuentro. Y cada vez que encontramos a Jesús en la Eucaristía,
en la oración, en el Evangelio, en los pobres, en la vida comunitaria, cada vez
damos un paso más hacia ese encuentro definitivo. La sabiduría de saber gozar
de los pequeños encuentros de la vida con Jesús, preparando ese encuentro
definitivo.
En conclusión, Francisco
subraya de nuevo que la palabra “identidad” se refiere a habernos hecho una
comunidad, y la herencia es la fuerza con la que el Espíritu Santo “nos lleva
adelante con la esperanza”, y nos exhorta a preguntarnos cómo somos cristianos,
y si esperamos en herencia un cielo en un sentido abstracto o un encuentro.
Vatican Media
Fuente:
Aleteia